81. La flor |
LA FLOR
Lo que vemos de las cosas son las cosas
“ALBERTO CAEIRO”
En el paseo
que esta tarde he emprendido
veo una flor
y me conmueve,
La flor está quieta,
a mi derecha.
Emerge
desde el calor de la tierra
y penetra en mí:
la capturo en mi mente.
Mi mente está llena de sorpresas.
Atardece,
las nubes hacia el ocaso...
Mientras,
el sol va perdiendo su color.
La flor sigue intacta,
a veces movida por la brisa,
una brisa vespertina
que no sé de dónde viene.
Pero
no sé si la flor está en mi mente o fuera.
¿Qué es la flor sin mi mente?
¿Es un objeto virtual?
Me tranquiliza
que la flor pueda vivir sin mí,
pero vuelvo a mirarla
y no es la misma flor ¿o sí?
La brisa del atardecer
balancea sus pétalos.
Pienso que es feliz
o que no le importa la felicidad.
(A mí me preocupa el sufrimiento.)
¿La flor puede sufrir si la arranco?
¿Lo sabe alguien?
¿Importa?
¿Y observar cómo el silbo de la brisa alimenta su savia?
Pero
¿por qué me refiero a la flor?
La flor ya no es la misma flor.
Sus pétalos buscan la luz
y cambia su forma.
Pero
no sé si cambia su forma o su esencia.
Empiezo a filosofar innecesariamente.
Las cosas son como son.
Y punto.
¿Qué más da si la margarita se mueve,
nace,
crece,
es pisoteada o muere?
Se para un niño ante mí.
Me observa y pisa la flor.
El sol languidece
y se esconde tras una nube rojiza.
Otras margaritas cambian de color…
La Naturaleza las esparce
como mantos,
pintando las praderas.
El niño, aniquilada la flor,
desaparece corriendo.
Ha desaparecido porque ya no está,
como tampoco está la flor
sin mi mente,
aunque tenga el nexo
de su imagen,
de las imágenes
de todas las margaritas.
¿Y cuál es más hermosa:
la rosa,
el alhelí,
la magnolia,
el geranio...?
Quizás un niño las pise todas.
¿Qué más da la clase de flor?
Que la rosa sea más bella que otra flor
depende de mí, no de la rosa.
Soy yo quien clasifica,
ordena,
describe...
La rosa es en sí,
pasa de mí.
Su belleza, efímera, le es propia.
¿Por qué discutir sobre la belleza de una flor?
Por la chimenea de mi vecino
sale una estela gris de humo.
La contemplo desde el bosque.
Del sol sólo quedan sus últimos suspiros,
mientras una luna en ciernesempieza a perfilarse.
Y todo esto
no pasa porque yo lo diga,
pero yo siento el olor del bosque y del humo.
Las cosas son como son
y de nada me sirve si no lo entiendo.
No entenderlo así
me produce un sentimiento de infelicidad, a veces.
Pero la felicidad tampoco depende de mí.
Es como es y está donde está: no es mía.
Y nadie puede decirme cómo son las cosas.
He de verlo yo.
Primero con la vista,
pero también con el pensamiento,
y con el corazón.
Y he de verlo claro y para siempre.
Aunque no sea del mismo modo,
esta flor también será mañana la misma flor.
Pero no será flor del mismo modo.
Exactamente no será igual:
será la misma flor con más sol,más viento y más sombras.
Está recorriendo un camino
como el agua hacia el océano.
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Vicente Barberá Albalat
De amor y sombras. Páginacero Editorial.