71. La rambla |
LA RAMBLA
Blanca tu faz de la rambla ardiente
de ondulante belleza de verano
que no me dices nada ni me miras,
olvidando los tiempos que, tranquilos,
en tus brazos abiertos, laxamente,
pasábamos los ratos y cantábamos
aquellas melodías gratas de amor y gloria
en aquel hondo pozo con sus aguas.
Tal vez por eso mismo y otras cosas,
que ya nadie recuerda,
estás en mi camino, presente en mis recuerdos
de cántaros, bullicios y juegos prohibidos
en las cuevas oscuras
que albergaban historias inauditas
como huellas recónditas de guerra.
Eran juegos de jóvenes,
cuyos secretos tú guardas con recelo
de aquellos dulces días de cigarras
y viento perfumado entre las rocas.
Nuestras madres y abuelas vigilantes.
Y tú, con rostro hostil, nada contenta,
feliz por tantas risas,
claveles y romero, rosas rojas,
tomillo y manzanilla les mandabas.
¡Gracias rambla!,
de nuestras añoranzas juveniles.
Al verte nuevamente,
descubrí con sorpresa que seguías
con lunares de aliagas en tus carnes,
seca, sola y ardiente, con el sol en tu frente,
sin pies y allí fijada,
esperando de nuevo mis caricias.
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Vicente Barberá Albalat
De amor y sombras. Páginacero Editorial.