63. Desvelo (II) |
DESVELO
Cuántas piedras cogí con mis manos.
Abracé muchas noches mis sueños
y tú estabas rozando en mis carnes
como un ángel torcaz en su vuelo.
Tus caricias fundían mis venas
y en el seno del agua disueltos,
como néctar de fuentes azules,
los pecados ocultos de un beso.
Nada había tan frágil y hermoso:
el tomillo embriagaba los vientos
y la rambla en su cauce ocultaba
el recelo de nuestros desvelos.
Se agrietaron más tarde las piedras
que los cantos del río cubrieron
y lo nuestro quedó en el olvido
cuando el tiempo borró tantos besos.---
Vicente Barberá Albalat
De amor y sombras. Páginacero Editorial.