96. Por Tierras Peruanas

 

En mi mano, el pasaporte,

noté que estaba temblando.

¿Qué te pasa amigo mío

que siento te estás quejando?

“Yo estaba muy tranquilo

disfrutando de un descanso

y ahora, ya puedes ver,

que, desde que hemos llegado,

nadie me deja en paz

y voy de mano en mano,

bien para mirar la foto,

bien para querer copiarlo

y encima tener que cuidar

ese papelito blanco,

que dieron en el avión

y que hemos de custodiarlo, …

En fín, qué más quieres  que te diga,

que estoy muy muy mareado.”

No te quejes, pequeño libro,

lo tienen así ordenado

y en Hoteles del País

deben, siempre, respetarlo.

No te preocupes por ello,

que seguirás bien guardado

y ya, dentro de mi bolso,

nadie te hará ningún daño

y olvidarás el mareo

en cuanto a la calle salgamos.

Después, tú me dirás,

qué es lo que más te ha gustado,

de este viaje a PERÚ

y de las visitas que realizamos.

De LIMA, la Capital,

con el gran Océano,

el OCÉANO PACÍFICO,

que su costa está bañando,

grandiosa Plaza Mayor

con una fuente refrescando,

los bellísimos edificios,

sus fachadas y Palacios

y cómo no a la Catedral

con sus torres en los lados

y la Capilla del Sepulcro

del español Francisco Pizarro.

La Iglesia de San Francisco

con azulejos sevillanos,

las Catacumbas, enormes

y el importante Museo Larco,

envuelto en flores y en árboles,

que con mimo están arropando,

cuanto de distintas culturas

en él se está conservando.

El COMPLEJO ARQUEOLÓGICO,

a PACHACAMAZ recordando,

que, como Creador del mundo,

el Templo le fue dedicado

y el que después, Templo del Sol,

los Incas edificaron.

Mi sufrido pasaporte

permanecía callado

y por eso yo pensé

que esto le estaba gustando.

Seguimos así la ruta,

según el programa acordado

y desde el AEROPUERTO de PISCO,

en avioneta volando

sobre las LÍNEAS de NAZCA,

gran sorpresa nos llevamos.

Red de más de diez mil líneas

con un singular trazado

y setenta figuras gigantescas

que sus pobladores grabaron,

en plena Pampa desértica,

asombrados nos dejaron,

mas, mi asombro fue mayor,

cuando el Piloto, anunciando,

que, en la vertical del ala,

veríamos un mono, manos,

un colibrí o un astronauta,

un cóndor y otros tantos, …

con todas aquellas piruetas,

lo que yo veía era otro algo,

con una pequeña propina,

la de aquel perrito flaco.

Entonces sí que el pasaporte,

bastante menos alterado,

me dijo que él les vió a todos

y no se había mareado,

mientras que de los doce viajeros,

muy pocos se habían salvado.

Además, mucho se rió

cuando a tierra ya saltamos

y en la salita de espera,

al hablarnos de un Certificado,

alguien con muy buen humor

y tono desenfadado,

solicitó el del mareo

y no el de haber volado.

En la BAHÍA DE PARACAS,

en el PUERTO de EL CHACO,

embarcamos hacia las Islas

con la mayor riqueza de guano.

ISLAS BALLESTAS llamadas,

teñidas de color blanco,

por tantas aves marinas,

que, desde muchísimos años,

conviven con otros seres,

como si fuesen hermanos:

Con los pingüinos de Humboldt,

leones de mar, albatros, …

Tanto unos como otros,

viviendo sus arrumacos,

ofrecían tiernas estampas

acompañadas de cantos.

Queremos recordar, también,

que, en la roca grabado,

allí muy cerca de ellos,

vimos un candelabro.

Se me antoja que por la noche

sus sueños estará velando.

Con esta nueva experiencia

y ya mucho más calmado,

el pasaporte sonreía

y me miraba halagado,

aunque , aún, él sabía

que le tocarían más manos,

porque el viaje emprendido

era bastante más largo.

Proseguíamos contentos

y hacia AREQUIPA volamos,

para iniciar la andadura,

que prometía su encanto,

por la zona de la Sierra

y de los lugares altos.

La visita a la Ciudad

nos dejó muy relajados,

como lo hizo el entorno

del Hotel, a orillas de un Lago,

porque todo era belleza

por donde íbamos pasando:

El Barrio de Yanahuara,

que es un elegante Barrio,

asomándose a un Mirador

con un horizonte amplio

y desde el que el volcán Misti

nos estaba saludando.

Iglesia de estilo barroco,

barroco mestizo llamado

y Plazuelas y Jardines,

todos ellos muy cuidados.

Otro bello Mirador

nos estaba esperando,

con otros dos más volcanes,

los tres muy alineados

y terrazas escalonadas.

Era el Mirador Carmen Alto.

Si lo que ofrecía era bonito

y no te cansaba el mirarlo,

aún te emocionaba más,

con el murmullo lejano

del Río que discurría,

el Río Chili, a su paso.

La hermosa Plaza de Armas,

con fuente y bellos arcos,

que al rodearla realzaban,

en uno de sus cuatro lados,

la esbelta Catedral

con sus torres al Cielo mirando.

Iglesia de la Compañía

con fachada fascinando,

porque eran encaje en la piedra

sus preciosos decorados,

como, también, las columnas

de su espacioso Claustro,

hoy un Centro Comercial,

con sus vistosos labrados.

Convento de Santa Catalina,

de unos veinte mil metros cuadrados,

verdadera Ciudadela

y Conjunto extraordinario,

con Plazas, Pasajes, Calles,

Claustro de los Naranjos,

cerca de un centenar de Celdas,

zona de Confesionarios, …

Celdas como Apartamentos

en las que estaba muy claro,

lo que gustaba a cada una

y el nivel acomodado,

de las monjas españolas

que entonces las habitaron,

con personal de servicio

y esclavas, según su rango.

El nombre de algunas Calles

consiguió emocionarnos:

Sevilla, Toledo, Córdoba,

Granada. Feliz hallazgo,

porque con tiestos y faroles

salpicados entre arcos,

amén del color rojizo

de paredes y solados,

a los patios andaluces

nos hacían evocarlos.

También en este Convento

con gusto fuimos visitando,

la importante Pinacoteca

que en una Sala se ha instalado,

mas, el broche de oro a la visita

fué la vida que nos contaron,

de una de las Religiosas

y que por el Papa Juan Pablo,

ha sido beatificada

hace veintinueve años:

Se trata de la Hermana Ana

en cuyo cuadro la admiramos.

Un recuerdo muy especial

y, si cabe, emocionado,

antes de continuar el viaje,

nuestro viaje programado,

es para la “Momia Juanita”,

la adolescente de catorce años,

que a esa temprana edad

su cuerpo fue inmolado.

Con la nieve de los Andes

su cuerpo se ha conservado.

Atento el pasaporte

por donde íbamos pasando

y todas las explicaciones

con interés escuchando,

tenía gana de hablar

y, también, emocionado,

estas palabras me dijo:

“No estoy nada mareado.

Tenías razón, mi dueña

y así lo he comprobado.

Al decir adiós a AREQUIPA

mucha pena me está dando.

Esta Ciudad, “Ciudad Blanca”

por los sillares utilizados,

me ha robado el corazón

y me ha gustado tanto,

que al llegar al nuevo Hotel

te entonaré este canto:

No me volveré a quejar,

aunque me toquen más manos.

Lo importante es disfrutar.

Seré el primero en entregarlo”.

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Lucía López Sánchez

30 de Octubre de 2.014

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