95. Brasas de Amor

 

El Sol se había ocultado

y muy pronto anochecía.

A la lumbre, unos pastores

se calentaban deprisa,

porque estaban muy cansados

y dormir es lo que querían.

Sorprendidos se quedaron.

Una luz les envolvía

y en un árbol, junto a ellos,

un Ángel aparecía,

para contarles, con gozo,

la mejor de las noticias:

“Un Niño rubio ha nacido.

Sus padres, con amor, le miran,

para darle el calor

que su cuerpo necesita.

Cubierto con un pañal,

recostado en pajas finas,

se encuentra en un pesebre

siendo una noche tan fría.

Él es el Rey de los Cielos,

el prometido Mesías,

que viene a salvar al hombre

y a darle ejemplo de vida.

Marchad todos a Belén

y adoradle con alegría”.

Un zagalillo menudo,

con cara muy expresiva,

se acercó hasta la lumbre,

puso brasas encendidas

en un pequeño brasero

y dijo a su familia:

“No quiero que pase frío.

Calentarán sus piernecitas”.

Al acercarse al Niño

y ofrecerle sus caricias,

ni cansado ni quemado estaba.

El Niño Dios le sonreía:

“Mis Ángeles, pastorcillo,

en sus alas te traían”.

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 Lucía López Sánchez

 Navidad 2.017

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