86. Hablando con Nessie

 

Visitando el LAGO NESS

¿Con quién diréis he hablado?

Con el monstruo que allí vive,

el monstruo de cuello largo.

Algo noté en sus ojos

cuando le estaba mirando,

sobre las aguas tranquilas

en las que estaba sentado.

Me parecía que hablaban,

con fuerza estaban brillando,

me sentí arrebatada

y creí estar soñando.

Móntate sobre mis lomos,

te llevaré muy despacio,

me dijo tan suavemente

que los míos se entornaron.

Te mostraré donde vivo,

verás el fondo del Lago,

recorreremos sus aguas,

te enseñaré mi Palacio, …

Me inspiró tal confianza,

que, dispuesta ya a su lado,

desplegó dos grandes alas

que parecían caballos.

Emprendimos nuestro viaje,

las aguas fuimos surcando

y entre luces de colores,

destellos de rayos claros,

un mar lleno de burbujas,

música de arpa tocando

y rocas de oro macizo,

al fondo fuimos llegando.

Me llaman NESSIE, me dijo,

pero mi nombre es Orlando.

Ante los hombres soy monstruo

desde que quedé embrujado.

Por un amor imposible

dejé familia y Palacio:

Príncipe de noble estirpe,

de una dama enamorado.

Cuando creí era mía

y huiríamos galopando,

escuché un fuerte grito:

“Te irás al fondo del Lago.

Volverás cuando esta tierra

muchos la hayan visitado.

Por tu dama nada temas.

Ella te estará esperando”.

¿Comprendes por qué mis ojos

insistentes te miraron?

Es que ayuda necesito.

¡Sigo tan enamorado! …

Yo le conté nuestro viaje,

que nos estaba gustando,

de Madrid, nuestra salida,

pasando por el Pueblo Vasco,

por Bretaña y Normandía

antes de tomar el barco

y  que ya en esta Isla, …

¡Oh, tal vez, sea muy largo!

  “No te preocupes por ello.

Me encanta escucharte tanto”.

Casas de madera, Flores,

Abadías y Palacios,

grandes Espacios muy verdes,

Murallas Pueblos rodeando,

Catedrales y Relojes

y Jardines muy cuidados,

aunque el recuerdo más bello

seas tú, Rey de los Lagos.

Estimando que el mensaje

bien se me había grabado,

emprendimos el regreso

viendo que cisnes muy blancos

me despedían alegres

al compás de un vals bailando.

Finalmente, en nuestro ascenso,

las promesas recordamos:

Yo os traería su mensaje,

él seguiría sentado,

pero viajaría a España

con su dama de la mano,

al terminar el hechizo

dentro de muy pocos años.

No en vano le conté,

con talante ensimismado,

que España era más bonita

y debía comprobarlo

y que sería un placer

uno a uno presentaros,

porque lo mejor del viaje

fue este grupo que formamos

y Antonio y Andrés, dos Reyes,

a quienes las gracias damos.

Su gran generosidad

a todos ha cautivado.

Del volante, Antonio es uno,

pericia y sumo agrado.

Andrés, también, del micrófono,

ciencia y arte dominando.

Y vosotros, mis amigos,

permitidme este halago,

porque en estos quince días

la amistad nos ha sellado.

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Lucía López Sánchez

Julio 1.994

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