75. Amor y siempre Amor

 

Ha oscurecido muy pronto.

Es Diciembre y ha nevado.

Calentándose  a la lumbre

y con mantas muy tapados,

se encuentran unos pastores

cuidando de sus rebaños.

El único que ya duerme,

sobre un colchón acostado,

es un pequeño pastor,

porque estaba muy cansado,

pero pronto se despierta,

porque oye voces cantando,

que cada vez más se acercan.

El Cielo se está iluminando.

Muy sorprendido se queda

y se pregunta extrañado:

¿Qué sucede esta noche?

¿Qué es lo que está pasando?

Un Coro de bellos Ángeles

es el que está entonando,

la canción que toda la noche

la seguirán escuchando:

“Gloria a Dios en el Cielo

y Paz a los seres humanos,

que tienen, siempre, presente

el amar a sus hermanos”.

Si muy grande fue su asombro,

por momentos, fue aumentando,

al ver a un Ángel subido,

en un árbol muy cercano,

que se dirigía a ellos

y les contaba este relato:

“Allá, en Belén de Judá,

en un pequeño establo,

un Niño rubio ha nacido.

Deprisa. Id a adorarlo.

Él es Rey de los Cielos

que hasta la Tierra ha bajado,

por amor a todos los hombres

que viven de Él alejados.

Lo encontraréis entre pajas

y con un pañal tapado,

porque nadie esta noche

un cobijo les ha dado,

aunque en la Posada y en casas,

mucho estuvieron llamando.

La estrella que brilla más

os irá acompañando,

porque todas las veredas

con la nieve se han borrado”.

Nuestro pequeño zagal,

un tanto impresionado,

pensó en una bufanda

que su madre le hizo de cuadros

y que, para no mancharla,

aún, no la había estrenado,

porque quería ir con ellos,

para darle un abrazo.

Con ella le taparé,

porque frío estará pasando,

al tener sólo un pañal

y estar en aquel establo,

se decía con tristeza

y, en verdad, muy apenado.

Todos se ponen en marcha.

Con los Ángeles van cantando:

“Gloria a Dios en el Cielo

y Paz a los seres humanos,

que tienen, siempre, presente

el amar a sus hermanos”.

Belén se ve a lo lejos.

La estrella sigue brillando.

El pastorcillo pequeño,

aunque se encuentra cansado,

con la emoción de ver al Niño

prefiere seguir andando

y se niega a que le lleven

a hombros o de su mano,

porque al caminar él solo

mejor va a ir pensando,

sobre lo que le preocupa,

ya que él no tiene hermanos.

¿Y cómo podré amarles,

es lo que vamos cantando,

si yo soy hijo único,

aunque yo sí soy amado,

porque me quieren mis padres

y las ovejas de mi rebaño

y muchos otros pastores,

que, también, las están cuidando?

¿Y nada menos que siempre?

¿Y sólo el que tenga hermanos

tendrá la Paz en su vida?

No lo entiendo. Estoy preocupado.

Están llegando a Belén.

La estrella ya se ha parado

y muy pronto ven al Niño,

de sus padres acompañado

y a una mula y a un buey,

allí mismo en el establo.

Se arrodillan ante Él.

Alguno ya está llorando.

¿Cómo es que el Rey de los Cielos

tanto frío esté pasando?

Nuestro pequeño pastor,

totalmente, ensimismado,

contesta a esa pregunta:

“Es porque vino a salvarnos,

pero le pondré mi bufanda,

le taparé con cuidado

y como es larga y ancha

le cubrirá piernas y brazos,

para que no tenga frío,

porque ya está tiritando”.

El Niño Dios le sonríe

y a su oído, susurrando,

le dice tan tiernas palabras

que le deja embelesado:

“Mi querido pastorcillo,

no quiero que estés preocupado,

lo que tu has hecho conmigo,

eso es amar al hermano.

Hermanos sois todos los hombres

y todos debéis ayudaros.

El triste con tu sonrisa

se sentirá aliviado

y a ti te sonreirá

aquel que hayas perdonado,

porque el perdón, siempre, ayuda

a sentirse liberado.

Sonreir y perdonar,

también, es amar al hermano.

Con una palabra amable

o diálogo continuado

o un rato de compañía, …

tu puedes sentirte amado

y si eres tu quien lo haces,

eso es amar al hermano. … …

Vete tranquilo, pequeño,

la Paz, conmigo, has ganado

y sigue, siempre, haciendo el bien.

Los demás son tus hermanos.

Amor y amor que les dés

es amor que me estás regalando”.

Henchido su corazón

de la Paz que le había dado,

le besa en la mejilla

y le mira extasiado,

mientras se despide del Niño

que tanto le está amando.

Regresan todos contentos

y el pastorcillo, sigue cantando:

“Gloria a Dios en el Cielo

y Paz a los seres humanos,

que tienen, siempre, presente

el amar a sus hermanos”.

---

Lucía López Sánchez

Navidad 2.012

Aplicaciones didácticasPoemas y letrillas  |   Poesías para mayoresPoesías para pequeños | Lecturas |





®Arturo Ramo García.-Registro de Propiedad Intelectual de Teruel nº 141, de 29-IX-1999 Plaza Playa de Aro, 3, 1º DO 44002-TERUEL