74. Hacia Belén

 

Noche fría de Diciembre.

Junto a un árbol y a su abrigo,

calentándose a la lumbre,

unos pastores sencillos,

se disponen a cenar

estando casi dormidos,

porque fue dura la jornada

y ya ha anochecido.

El único que está durmiendo,

un pequeño zagalillo,

en un humilde colchón

tiene un tierno corderito.

Desde que nació lo cuida,

los dos son buenos amigos,

el día lo pasan jugando,

de noche se dan calorcito.

Han dejado las ovejas

guardadas en el aprisco

y ya se van a dormir,

porque todo está tranquilo,

mas, algo oyen a lo lejos

que les deja sorprendidos.

Son canciones que en el Cielo

están sonando como himnos

y que los Ángeles cantan,

sumamente enternecidos:

“Gloria a Dios en el Cielo.

Gloria a Dios hecho Niño

y Paz al hombre en la Tierra

que ame al recién nacido”.

Un resplandor los envuelve

y a un Ángel ven subido,

en el árbol que les cobija,

con túnica blanca vestido,

que les habla suavemente

y les cuenta lo sucedido:

“Allá, en Belén de Judá,

un Niño rubio ha nacido.

Él es el Rey de los Cielos

que a este mundo ha venido

para acercarse a los hombres

y así poder redimirlos.

Deprisa. Id a adorarle

que es nuestro Dios hecho Niño.

Lo encontraréis entre pajas

en un pequeño cobertizo,

porque nadie esta noche

les ha dado un cobijo.

Esa estrella que en el Cielo

tiene un especial brillo,

os guiará HACIA BELÉN,

que ése es vuestro destino”.

La música celestial

despertó al zagalillo

y así pudo escuchar

cuanto el Ángel había dicho.

Poniéndose pronto de pie

para ir a adorar al Niño,

dijo a todos los pastores:

“Yo voy con mi corderito.

Le despertaré con cuidado

y en mis hombros subido

le llevaré con nosotros

durante todo el camino”.

Acercándose a él,

despacio, sin hacer ruido,

le tocó repetidas veces

y le susurró al oído:

“Levántate muy deprisa,

mi querido amiguito,

tenemos que calentar

a un Niño que pasa frío”.

La estrella que dijo el Ángel,

cumpliendo su cometido,

les guía HACIA BELÉN,

también, van cantando el himno:

“Gloria a Dios en el Cielo.

Gloria a Dios hecho Niño

y Paz al hombre en la Tierra

que ame al recién nacido”.

Cuando quieren darse cuenta

están ante el cobertizo.

De emoción llora alguno

al ver al Divino Niño

y unos bailan de alegría

y otros cantan villancicos, …

Nuestro pequeño pastor,

que mucho pensó en el camino,

se acercó ensimismado

y le dijo con cariño,

mientras que en su corazón

más fuertes eran los latidos:

“Oh, Niño, eres precioso,

pero estás pasando frío,

porque fría es la noche

y apenas estás vestido.

No quiero que pases más,

te entrego mi corderito.

Es un regalo para ti,

él te dará calorcito

con la lana de su cuerpo

y será, también, tu amigo,

tan sólo hay que alimentarle,

para que crezca contigo,

pero eso no es problema.

Como eres Dios hecho Niño

y eres el Rey de los Cielos,

según el Ángel ha dicho,

tú vas a poder hacerlo,

aunque seas pequeñito.

Así, tú tendrás calor

y yo me iré más tranquilo”.

El Niño Jesús sonríe,

le mira muy complacido

y le dice con ternura

acercándose a su oído:

“Te agradezco tu regalo

y más el que hayas venido.

Palabras llenas de amor,

mi querido pastorcillo,

son las que necesitaba,

con ellas ya estoy vestido.

El amor todo lo puede.

Con tu amor no siento frío,

por eso puedes llevarte

a tu amigo corderito.

Tú le seguirás cuidando

y él seguirá jugando contigo”.

Emprendiendo su regreso,

después de adorar al Niño,

muy contentos van cantando

el que ya es, también, su himno:

“Gloria a Dios en el Cielo.

Gloria a Dios hecho Niño

y Paz al hombre en la Tierra

que ame al recién nacido”.

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Lucía López Sánchez

Navidad 2.011

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