69. Te estoy mirando

 

Te estoy mirando, mi Niño

y de mirar no me canso.

¿Qué tienes en tu mirada

que la mía has cautivado?

¿Y en tu sonrisa, qué tienes

que paz me estás regalando?

Con el brillo de tus ojos

una luz está alumbrando,

los caminos y veredas

de los riscos y los campos

y con tus labios, mensajes

de amor sé que estás pregonando.

Con éstos, mis pensamientos,

oigo acercarse unos pasos

y una zambomba que suena

y panderetas tocando.

Quienes cantan son pastores

que dejaron sus rebaños,

para acercarse a Belén

y adorar al Niño Santo.

Un pastorcillo pequeño,

corriendo hacia su lado,

le dice muy despacito

y sin dejar de mirarlo:

“Gracias, por venir a verte.

Gracias, por querernos tanto.

Un Ángel, antes, nos dijo

que Tú has venido a salvarnos

y que eres Rey de los Cielos,

aunque estés en este establo.

Yo no entiendo nada de esto,

pero le hemos hecho caso.

Los Reyes llevan corona

y sobre su traje un manto

y tu cuerpo está desnudo,

con sólo un pañal tapado.

Vente conmigo a mi casa,

porque frío estás pasando,

la lumbre está encendida,

mi madre te dará un caldo

y te hará una toquilla,

para que estés abrigado”.

El Niño Jesús sonríe

y le dice emocionado:

“Mi querido pastorcillo,

acepto con sumo agrado

todo cuanto tú me ofreces,

porque del Cielo he bajado

para estar cerca de ti

y de todos los humanos

y, aunque he nacido entre pajas,

como ves, en este establo,

nacer quiero en los hogares

que ya me están esperando

y en el corazón de todos

para poder abrazaros.

Mi corona es el amor

y la paz es mi manto.

Con el amor y la paz,

gozoso, quiero enseñaros,

el camino de regreso

al lugar privilegiado,

donde tan sólo se ama

y para el que fuisteis creados”.

La música celestial

que les fue acompañando,

suena más bella, si cabe,

de nuevo, le ofrecen cantos

y alrededor de las pajas

bailan con gran entusiasmo.

Ya de vuelta a su casa

y con el pecho temblando,

nuestro pequeño pastor

se queda muy asombrado.

Ve metido en su cama,

con la toquilla tapado,

al Niño que le sonríe

por tan hermoso regalo.

“Entrarás así en calor,

porque vienes tiritando.

Mi pequeño pastorcillo

duerme, duerme en mi regazo”.

Te estoy mirando, mi Niño

y de mirar no me canso.

¿Qué tienes en tu mirada

que la mía has cautivado?

¿Y en tu sonrisa, que tienes

que paz me estás regalando?

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Lucía López Sánchez

Navidad 2.006

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