68. La Estrella

 

¡Gloria a Dios en las alturas

y Paz al hombre en la Tierra!

Acompañadas de música,

estas palabras resuenan,

en los confines del mundo

y de alegría lo llenan.

Son los Ángeles del Cielo,

que cada vez más se acercan,

para anunciar a los hombres

que aquella ardiente promesa,

realidad es esta noche.

Será la noche más bella,

porque un Niño ha nacido

y es Niño de gran realeza.

Unos pastores sencillos,

que, junto al fuego se encuentran,

ven que uno de los Ángeles,

con resplandor que les ciega,

se dirige hacia ellos,

les cuenta la Buena Nueva

y sin dilación, les dice,

porque un Niño espera,

caminen hacia Belén

con la luz de una estrella.

Un pastorcito menudo

que dormido está y sueña:

“Que dejarán el ganado

y seguirán una senda, …”

se levanta muy deprisa,

porque, aún soñando, despierta,

sin saber adónde irán,

sin saber si a él le llevan.

Yo deseo ir también,

porque un Niño me espera

y, aunque es oscura la noche,

yo soñé con una senda.

Al salir de la cabaña,

ve en el Cielo una estrella.

Va recordando su sueño.

¡Ésta es! Sí. Sí, es ésta.

Es la que dijo el Ángel.

Sí, nos iremos con ella.

Ha comenzado a nevar,

con el frío casi tiemblan,

pero emprenden el camino

con alegría serena.

Cantando van con los Ángeles.

Todo parece una fiesta.

¡Gloria a Dios en las alturas

y Paz al hombre en la Tierra!

La estrella les va guiando.

Su luz en Belén se queda

alumbrando el pesebre,

en el que el Niño se encuentra,

junto a José y María

y que a los dos embelesa.

Se arrodillan ante Él

y tocan las panderetas

y le cantan villancicos

y el pastorcillo le besa

y, suavemente, al oído,

le dice con gran terneza:

“Niño, precioso, querido.

¿Cómo has nacido en pobreza

si eres Dios y Rey del Cielo

y ni siquiera una tela

tienes cubriendo tu cuerpo,

para que frío no tengas?

Déjame que con mi aliento

mi calor a Ti te ofrezca”.

El Niño Dios conmovido

ante aquella ocurrencia,

se acerca para decirle:

“Pídeme lo que tú quieras”.

“Para mí no quiero nada.

Para el mundo, mucha fuerza

para luchar por la Paz

y que el Amor prevalezca

en el corazón del hombre

y que Bendito Tú seas.

No haya en el mundo dolor

ni torturas ni más guerras,

que no trabajen los niños

que deben ir a la Escuela,

que se acabe el terrorismo

y suavices la tristeza,

de quienes en esta noche

sin seres queridos cenan”.

“Mi querido zagalillo,

cuanto pides fué la estrella,

que, alumbrando el camino,

con su luz hizo quisieras,

pedir para los demás

en esta noche tan bella.

Ella seguirá guiando

los pasos de quien desea

vida de Paz y de Amor.

El Cielo estará en su senda”.

¡Gloria a Dios en las alturas

y Paz al hombre en la Tierra!

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Lucía López Sánchez

Navidad 2.004

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