66. La sonrisa del Niño Dios |
Las hojas que el viento mecía
ensayaban con primor,
cómo poder recibir
esa noche al Niño Dios.
Yo me vestiré de blanco,
la nieve así me cubrió,
para ensalzar la pureza
del seno en el que vivió,
desde que a María el Ángel
en su casa visitó.
Yo lo haré de azul celeste,
otra hoja profirió,
porque el Cielo, que es cobijo
y manto de protección,
al nacer esta mañana,
un mensaje me envió.
Una hoja pequeñita
danzaba con ilusión.
Antes, había ensayado.
Su traje ya eligió
y contenta se encontraba,
porque el color descubrió.
Es el amor de este Niño
el que, en sueños, mi alma vió
y por eso será rojo,
a las dos les confió.
Cuando vestidas estaban,
el viento a las tres movió
y las llevó hasta Belén,
donde el Niño Dios nació.
Un pastorcillo pequeño,
que para verle corrió,
porque antes de dormir
un Ángel se lo anunció,
se prendó de las tres hojas,
en un ramo las unió
y con candor y ternura
al Niño se lo ofreció.
A los cuatro esa noche
el Niño les sonrió.
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Lucía López Sánchez
Navidad 2.015
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