60. Él vendrá si tú le esperas

 

Veinticuatro de Diciembre.

Noche fría, aunque bella,

porque Dios se ha hecho Niño

y ha nacido en esta fecha.

Un Ángel a los pastores

les anuncia esta nueva,

entre notas musicales

y el fulgor de las estrellas:

“Un Niño rubio ha nacido,

junto a sus padres se encuentra

en un humilde Portal,

porque nadie una respuesta,

les dió esta noche en Belén

para que en casa naciera.

Él es el Rey de los Cielos

y a pesar de su realeza,

para salvar a los hombres

quiso venir a la Tierra.

Contentos id a adorarle

y tocad las panderetas,

que el Salvador prometido

hoy deja de ser promesa.

Lo encontraréis entre pajas

y está cubierto de telas

que le sirven de pañales,

porque es grande su pobreza.

Esta noche ha nacido

quien anunció el Profeta

y con su venida al mundo

ya se termina la espera”.

Pronto dejan el rebaño

y adivinando veredas,

caminan hacia Belén

con alegría inmensa.

Oyen cantar a los Ángeles,

su corazón más se alegra:

“!Gloria a Dios en los Cielos

y Paz al hombre en la Tierra!”

Un pastorcillo pequeño

que lleva un tronco de leña,

porque el Niño tendrá frío

y así con él se calienta,

les dice a sus mayores:

“Esto parece una fiesta”.

“Claro que lo es, pequeño.

Esta noche es Nochebuena.

Dios hecho Niño ha nacido.

Cantan el Cielo y la Tierra.

A adorarle vamos todos

que ya terminó la espera”.

La música celestial

con más fuerza, aún, resuena

y el brillo y el resplandor

mayor es el de la estrella.

Presintiendo que estos signos

son porque el Niño está cerca,

nuestro pequeño pastor

de emoción ríe y tiembla.

Al fin llegan al Portal

y ensimismados se quedan,

al contemplar a este Niño

que es Dios nacido en la Tierra.

Se arrodillan ante Él.

Pronto a cantarle comienzan:

“Gracias por haber nacido.

Esta noche es Nochebuena”.

El pequeño pastorcillo

se levanta y se acerca,

porque quiere hablarle solo

y decirle lo que piensa:

“Estoy contento de verte.

No entiendo nada de espera.

Para que no pases frío

te he traído esta leña”.

El tronco empieza a arder.

Para todos es sorpresa.

Luz y calor desprende

en esta noche tan bella.

El calor mitiga el frío

y la luz, que es muy intensa,

al pequeño pastorcillo

parece que le ciega,

mas, muy seguro de sí,

aunque su voz es muy tierna,

le dice a este Niño Dios

con la mente muy despierta:

“Yo te esperaré siempre,

por eso quiero que vengas,

pero no sólo esta noche,

que nuestra mayor riqueza,

será que estés con nosotros,

para darnos fortaleza,

al nacer cada mañana

o al pretender cualquier meta.

Cada momento del día

sea una continua espera,

porque así a mi corazón

tu amistad grande le llega

y el amor que tu me das

amor a otros se vuelva.

Será, siempre, Navidad,

nuestra fe será sincera,

los niños serán felices,

no habrá torturas ni guerras,…

Ahora lo entiendo todo.

Tu vendrás si alguien te espera

y si se te espera sé

que tu bondad todo lo llena”

Volviéndose a sus mayores,

esta frase les recuerda

mirando a cada uno:

“ÉL VENDRÁ SI TÚ LE ESPERAS”.

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Lucía López Sánchez

Navidad 2.000

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