59. He venido a la Tierra |
“Gloria a Dios en el Cielo.
En la Tierra ya ha nacido.
Gloria a Dios en el Cielo.
Nuestro Dios se ha hecho Niño”.
Así cantaban los Ángeles,
con alegría y delirio,
en esta noche tan bella,
aunque es oscura y hace frío.
Uno de túnica blanca,
bordada, de raso fino,
se apareció a unos pastores
que guardaban el aprisco
y que por su cansancio
estaban casi dormidos.
Un resplandor sin igual
los envuelve, sin hacer ruido,
al anunciarles el Ángel
todo lo que ha sucedido:
“En un Portal de Belén
un Niño rubio ha nacido.
Ha nacido de una Virgen,
porque es un Niño Divino.
Lo encontraréis entre pajas,
envuelto en pañal de lino,
porque, aún, pidiendo albergue
y algún leño encendido,
ni siquiera en la Posada
le han ofrecido cobijo.
Levantaos. Id a adorarle.
Emprended pronto el camino
y postraos a sus pies
para ofrecerle cariño”.
Un pastorcillo pequeño,
que se encontraba dormido,
ha escuchado este mensaje
y exclama muy decidido:
“Yo quiero ir, también, a verle
y le llevaré mi pellico”.
Aunque es oscura la noche
una estrella ha aparecido,
que, con su luz especial,
guiándoles va el camino
y música celestial,
canciones y bellos himnos,
no han dejado de sonar
hasta llegar al destino.
Ya están cerca de Belén
y muy pronto ven al Niño,
con María y con José
mirándole enternecidos.
Separándose de su padre,
este nuestro zagalillo,
se dirige hacia las pajas
para ver más cerca al Niño
y con su ingenua ternura
le dice muy despacito:“No entiendo lo que ha dicho el Ángel,
de verdad, Niño querido,
que en la Posada de aquí
no os ofrecieran cobijo.
De haberlo sabido yo,
para que no pasases frío,
te hubiera dejado mi cama
y tapado con mi pellico”.
El Niño Jesús sonríe
al pequeño pastorcillo
y con la misma ternura
le va diciendo al oído:
“Falta Amor en el mundo.
Existe mucho egoísmo.
La gente no vive en paz
entregada a sus caprichos.
Países que están en guerra
dejan en tierra, tendidos,
cientos y cientos de hombres
con el corazón sin latidos.
Las Escuelas que se caen
por multitud de motivos,
dejan a niños sin vida
y dejan a padres sin hijos.
Niños que mueren de hambre,
porque piden pan a gritos
y no hay manos generosas.
Tan sólo afán de ser ricos.
Ama mucho, mi pequeño,
como has hecho, hoy, conmigo.
Yo he venido a la Tierra
para estar, siempre, contigo”.
---
Lucía López Sánchez
Navidad 2.002
| Aplicaciones didácticas | Poemas y letrillas | Poesías para mayores | Poesías para pequeños | Lecturas | ®Arturo Ramo García.-Registro de Propiedad Intelectual de Teruel nº 141, de 29-IX-1999 Plaza Playa de Aro, 3, 1º DO 44002-TERUEL
>