58. Sembrando Amor

 

Hace frío y es de noche.

El campo está nevado.

Sólo la lumbre encendida

deja ver a su rebaño

y calienta a unos pastores

que se encuentran muy cansados.

Juntos, en torno a ella,

unas migas han cenado

y a dormir se disponen,

aunque uno está  al cuidado,

para que aquellas ovejas

no reciban ningún daño.

Una roca les protege,

con mantas están tapados

y, en medio de sus mayores,

tendido encima de un saco,

un pequeño pastorcillo

se encuentra acurrucado.

Un resplandor los envuelve.

Con la luz se han despertado

y, en medio de tanto asombro,

sobre un árbol cercano,

ven la figura de un Ángel,

que desde el Cielo ha bajado,

mientras se oye una música,

acompañada de cantos,

que a estos humildes pastores

les deja ensimismados:

“Gloria a Dios en el Cielo

y Paz al afortunado,

que mucho amor en la Tierra,

con amor, está sembrando”.

En silencio quedan todos

y atentos van escuchando

cuanto el Ángel les cuenta

que esa noche ha pasado:

“Un Niño rubio ha nacido,

bello como el Sol dorado,

allá, en Belén de Judá,

en un pequeño establo,

porque nadie a sus padres

les dió cobijo y techado.

Poneros pronto en camino.

Deprisa. Id a adorarlo.

Él es el Rey de los Cielos,

que viene para salvaros,

de cuanto ha sucedido

en el Paraíso creado.

Lo encontraréis entre pajas

y sólo tiene tapado,

su cuerpecito aterido,

con un pañalito blanco.

Aunque la nieve caída

el camino ha borrado,

una estrella muy brillante

os llevará al establo”.

El pastorcillo pequeño,

que escuchó este relato,

recoge con prontitud,

tiernamente afanado,

cuanto tiene esa noche:

Su humilde y pequeño saco.

Le servirá de colchón

y con la lana, tapado,

no tendrá, ya, tanto frío,

porque frío estará pasando.

Con éstos, sus pensamientos,

con esmero y con cuidado,

lo carga sobre sus hombros

y ni siquiera con las manos

quiere que nadie lo toque.

Lo tiene como sagrado.

Ya emprenden el camino.

Todos van emocionados.

Con la estrella y con la música

se sienten acompañados

y con el Coro de Ángeles,

también, ellos van cantando:

“Gloria a Dios en el Cielo

y Paz al afortunado,

que mucho amor en la Tierra,

con amor, está sembrando”.

Aunque alegre, el pastorcillo,

tiene cara de preocupado,

porque no ha entendido todo

lo que el Ángel ha contado

ni tampoco entiende bien

lo que dice este canto.

“Sé que se siembra el trigo,

sobre ello está pensando

y la cebada y el centeno,

lo que siembra el hortelano, …

mas, ¿También, se siembra amor?

¿Y eres muy afortunado,

cuando este amor lo siembras

y con amor lo vas sembrando?

No entiendo nada de esto

y sigue en ello pensando:

“Cuando yo vea al Niño,

se lo diré encantado

y como el Niño es Dios,

Él sabrá cómo explicarlo”.

Belén se ve a lo lejos.

La estrella ya se ha parado

y encuentran al recién nacido

en aquel pequeño establo.

Les embarga la emoción.

Alguno está llorando,

otros cantan, otros ríen

y otros están danzando, …

Nuestro pequeño pastor,

viendo que está tiritando,

se acerca al Divino Niño,

le estrecha con sus brazos

y le dice enternecido:

“Te he traído este regalo.

Te servirá de colchón,

así estarás más blando”.

Sacando unas vedijas

de éste, su pequeño saco,

las esparce por su cuerpo,

las coloca con cuidado

y acercándose a su oído

y con sonrisa en sus labios,

le dice agradecido:

“Gracias por querernos tanto.

El Ángel, antes nos dijo

que Tú has venido a salvarnos

y has querido hacerte pobre,

para que, siempre, como hermanos,

nos llevemos en la Tierra

y de Tí estemos cercanos.

Yo, también, te quiero mucho

y por eso te he tapado”.

El Niño Jesús sonríe

y así le va susurrando:

“Mi pequeño zagalillo,

tú eres afortunado,

tendrás mi Paz en tu vida,

porque, hoy, amor has sembrado.

La lana de tus corderos,

que mi cuerpo ha calentado,

es el amor que tú tienes

y que me has regalado.

Tu corazón está lleno

y sin él no te has quedado.

Sigue haciéndolo, pequeño,

entre todos los humanos,

que seguirá, siempre, lleno,

aunque lo hayas sembrado”.

Ya se despiden del Niño.

Contentos  siguen cantando:

“Gloria a Dios en el Cielo

y Paz al afortunado,

que mucho amor en la Tierra,

con amor, está sembrando”.

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LUCÍA LÓPEZ SÁNCHEZ

NAVIDAD 2.009

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