47. San Isidro

 

Mirando hacia el horizonte,

absorta veo el campo.

Variado es su colorido:

Amarillos y morados,

de la flor de la retama

y del romero, salpicados,

el rojo de la amapola,

verdes oscuros y claros,

ocres de tierras sin hierbas

y el blanco inmaculado

de jaras, llenas de flores,

con su perfume embriagando.

Naturaleza exultante,

en un día soleado,

que canta a su Creador

y a quien le hizo el regalo,

de labrar sus tierras con bueyes

que tiraban de su arado.

En fecha tan señalada,

hoy, día quince de Mayo,

MADRID se viste de fiesta

y agasaja a su Santo,

SAN ISIDRO LABRADOR,

con gozo y con entusiasmo.

Por vista tan placentera

y por los frutos del campo

que de sus entrañas nacen,

por el hombre con su mano,

con el agua de las nubes

y por el Sol con sus rayos, …

agradecidos a Dios

le entonamos estos cantos:

SAN ISIDRO sea ejemplo.

Le imitemos con agrado.

Su trabajo fue oración

y su oración fue trabajo,

que, ayudado por los Ángeles,

aumentaba lo sembrado.

Y si llueve ese día,

normalmente, todos los años,

es porque el agua es vida

y en el Cielo está rogando:

“Que no se seque la Tierra

ni el corazón humano.”

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Lucía López Sánchez

15 de Mayo de 2.008

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