44. En Delfos

 

Agua de nieve en la cara

y nubes grises en el Cielo,

al amanecer el día

de la visita de DELFOS,

oscurecían el alma

de nuestro sentir viajero,

mas, las nubes se disipaban

y en tan sólo un poco de tiempo,

el Sol brillaba con fuerza

y el verde era más intenso.

Miraba a mi alrededor

y todo era tan bello,

que creí no estar en la Tierra

durante algunos momentos.

Conversé con los olivos,

cipreses, pinos, almendros,

las montañas de Parnaso, …

y, en medio de un gran silencio,

la emoción me embargaba

y se estremecía mi cuerpo,

al contemplar el lugar,

en verdad, de privilegio,

que había sido elegido

para la construcción del Templo.

¡Cuánto sabían las águilas,

que, con tan mágico vuelo,

se posaron, suavemente,

en el lugar de su encuentro!

Allí, la primera piedra

se colocaría con acierto.

Muy del agrado de todos,

se cumplía así el deseo,

del Padre de todos los dioses,

Zeus, con este monumento.

En amigable diálogo

y por la Historia dando un paseo,

mimosa, entorné mis ojos,

para soñar con el fuego,

del trípode de la Pitonisa

del ORACULO DE DELFOS

y entonar hermosos cantos,

todos de placer y ensueño,

porque estaba visitando,

con emoción en mi pecho,

el famoso OMBLIGO DEL MUNDO,

en aquel lugar, donde el eco,

envolvía tus suspiros

y te llenaba de embeleso.

Subía y bajaba escaleras,

me paraba con respeto

y a los dos admiraba,

aunque fuese desde lejos.

Uno, el Templo de ATENEA,

en un lugar muy abierto,

como flor en medio del campo

para perfumar con su aliento,

al otro, el del dios APOLO,

majestuoso y esbelto,

quien con su luz y armonía,

dirigía con esmero,

cuanto en este Santuario

estaba de vida lleno.

Frases que en sí eran cortas,

aunque profundos pensamientos,

ensalzaban, aún, más,

la belleza de este Templo.

“Conócete a tí mismo”,

“Nada, exagerado”, son ejemplos,

que, pronunciadas por el dios,

atraían a los pueblos.

Cautivada y enamorada

y creyendo era un sueño,

el corazón me latía

cuando me dirigí a todos ellos:

Vosotras, altas montañas,

protegedles del Sol y del viento

y vosotros, árboles todos,

con vuestros abrazos y besos,

regaladles vuestro amor

en verano y en invierno

y ofrecedles flores y frutos,

para que sigan durmiendo,

el sueño de todos los siglos

y éste sea placentero.

--- 

 Lucía López Sánchez

 22 de Marzo de 2.011

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