43. Contando

 

Una, dos, tres, cuatro, cinco,

doce, quince, veinte, treinta,

cuarenta y dos, ciento una,

ciento veinte, ciento cincuenta, …

¿Qué créeis que estoy haciendo?

¿Pensáis que no me doy cuenta

que me he saltado números,

unidades y decenas?

No estoy contando personas

ni tampoco cuento estrellas

ni las casas de un pueblo, …

Estoy contando escaleras.

Las veía desde abajo,

lo que fue ya una sorpresa,

pero lo peor de todo

es que había que subir todas ellas.

¿Y por qué subirlas todas?

Aquí tenéis la respuesta:

¿Qué hacer en el tiempo libre?

Ir hasta el Funicular es buena idea.

Emprendimos nuestra marcha

como una suave tarea.

En la PLAZA DE SINTAGMA,

sintiendo que nuestras piernas,

después de una mañana andando,

de unas compras por tiendas

y visitar un Museo,

a todos un poco nos pesan,

decidimos tomar un taxi,

taxi al que dos taxistas se niegan.

Intuyendo que lo hacían,

porque se encontraba cerca,

no preguntamos a más

y nos fuimos por nuestra cuenta.

La calle de la REINA SOFIA,

que más bien AVENIDA era,

fue nuestra primera etapa.

Contentos anduvimos por ella

admirando edificios

y árboles con flores bellas,

mas, cuando esta calle dejamos

comenzaron las peripecias.

Era una calle empinada

con muchos tramos de escaleras.

La vista se nos perdía

sólo con mirar la cuesta

y muchas ganas nos entraban

de abandonar tal empresa.

No era un cuadro abstracto.

Todo lo contrario era:

Respiración jadeante,

brazos caídos, que cuelgan,

piernas que andan despacio,

sudor que fuerte chorrea,

alguno sentado en un banco,

otro que no puede hablar siquiera, …

aunque alguien nos animaba

a seguir, casi sin fuerzas,

por si después del esfuerzo

el Funicular se cierra.

Un tramo, dos tramos, diez tramos, …

por fin, el fin de la cuesta,

mas, ¡ay! que nos da el telele

ante lo que nos espera.

Otra calle empinada

y otra parecida cuesta

de la misma hechura de antes,

tramos y tramos de escaleras.

¿Cómo volvernos atrás?

¿Y si hay otra sorpresa? …

De nuevo, otro cuadro viviente

con signos de gran flaqueza:

Caras rojas, sofocadas,

ojos en permanente alerta,

corazón que quiere salirse,

todo el cuerpo que se queja, …

Al fin, el Funicular ya vemos.

Nuestras caras están contentas.

La ropa que llega mojada

mientras esperamos se seca.

Aún tardamos en subir

y, aunque larga fue la espera,

el ascenso del Funicular

cambiaba mucho la escena,

porque íbamos sentados 

y conseguíamos la empresa,

mas, no quisiera olvidar,

que, arriba, había más escaleras.

A pesar de lo pasado

todo mereció la pena,

por el grandioso espectáculo

y la extraordinaria belleza,

que ofrecían los miradores

sobre la ciudad de ATENAS.

Estamos en el LYCABETUS,

el Monte desde el que se besa,

la cuna de la Cultura

y Civilización griegas.

“De donde viene el Crepúsculo”,

como en un azulejo reza.

Uno a uno los Monumentos

situamos con destreza,

en medio de casas y Parques,

de montañas y de Iglesias

y de un abundante tráfico

por calles y carreteras,

antes de ponerse el Sol

y tras su preciosa puesta:

Estadios, antiguo y nuevo,

Museos y Biblioteca,

el Teatro de Dionisio,

el Parlamento y la Guardia griega,

Arco de Triunfo de Adriano,

Templo de Zeus, obra muy bella,

Catedral de San Dioniso,

de una singular belleza

y testigo de excepción

de un “Sí” de gran realeza.

El “Sí” de los Reyes de España

lo pronunciaron en ella.

El Pireo, más lejano, … …

y destacando sobremanera,

la ACROPOLIS ó Ciudad alta,

porque Atenas más baja se encuentra.

Espectacular Conjunto

que de tu alma se adueña,

despierta te hace soñar

y sin palabras te deja,

lo mismo con rayos de Sol

cuando con mimo la besan

o con los tintes rojizos

cuando este Sol se aleja,

que con las primeras luces

o cuando sus rincones llena,

toda la iluminación

que por la noche le llega.

Horas y horas pasarías

y, en verdad, sin darte cuenta,

contemplando este Conjunto

desde esta gran azotea:

Odeon de Herodes Antica,

Propileos que te llevan,

como monumental entrada,

hasta su máxima estrella,

el famoso Partenon

con sus columnas esbeltas,

el Templo de estilo dórico

dedicado a la diosa Atenea,

el Templo Erecteion

con sus Cariátides bellas, …

Un Conjunto embriagador

lleno de armonía y grandeza,

que, con el paso del tiempo,

no ha perdido su belleza.

Muy impresionada he quedado.

Eres preciosa ¡ATENAS!       

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Lucía López Sánchez

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