41. Entre Danzas y Canciones |
Me palpitaba el pecho
cuando estaba ya muy cerca,
de las aguas saltarinas
que tanto deseaba verlas,
las “CATARATAS DEL NIÁGARA,
del viaje, para mí, la estrella.
La emoción iba en aumento
y al estar ya frente a ellas,
sentía que el corazón
aún latía con más fuerza.
No sabía que decir.
Grande era mi torpeza,
tanta, que sólo en silencio,
con el alma de paz llena
y los ojos entornados,
descubría su belleza
y era capaz de expresar
cuanto, después, yo quisiera.
Así permanecí un tiempo
y cuando estuve más serena,
me recreaba con gozo
ante la sin par grandeza,
de las “Danzas y Canciones”,
verdaderamente bellas,
que sus aguas ofrecían
en tan deliciosa escena.
No cesaba de mirarlas
y me dejaron tal huella,
que aquella gran maravilla,
regalo de la Naturaleza,
me invitaba a soñar,
aunque estaba muy despierta.
Si yo fuera la GAVIOTA
que tan cerca de ellas vuela,
las diría al despedirlas,
para que no desfallezcan:
“Os entrego mi plumaje.
Admitirlo con terneza,
porque la brisa del viento,
al emprender la carrera,
enfriará vuestras aguas
y no os quiero enfermas”.
Si, tal vez, yo fuese el BARCO
que hasta sus mismos pies llega,
las diría que, gustoso,
para que felices fueran,
con el calor del motor
calentaría sus piernas,
porque, en su caída rápida,
en la que el frío hace presa,
mucho se han debilitado
y, aunque, de forma más lenta,
deben seguir su curso
y con resistencia plena.
Si acaso fuese la TORRE
en la que me convirtiera,
seguro que, muy mimosa,
me dirigiría a ellas,
para enviarlas mil besos
y con caricias muy tiernas,
decirlas que a todas las horas
mucho mi vida alegran:
Al amanecer el día,
me levanto muy ligera,
porque sé que un espectáculo
extraordinario me espera.
Aguas que cantan y danzan
con un ritmo que embelesa,
envueltas en trajes blancos,
de mil formas sus piruetas
y arrulladas por el murmullo
de música placentera,
que ellas mismas van tocando
a medida que se acercan.
Así voy pasando el día
hasta que la noche llega
y como agradecimiento,
mis luces digo que enciendan,
para que en su caminar
los resplandores se extiendan,
alumbren todos sus pasos
y sea faro para ellas.
El agua me salpicaba
y apenas me daba cuenta,
porque estaba ensimismada,
mas, era la mensajera,
para despertar del sueño
del que antes yo tuviera,
a pesar de que creía
que me encontraba despierta.
Volví a la realidad
y con bastante extrañeza,
porque no era ese barco,
ni la gaviota que vuela,
ni la torre que alumbraba.
Me preguntaba qué era.
Un soplo de viento fresco
me ayudó en la respuesta
y seguí y seguí soñando,
aunque de otra manera,
porque sería yo misma
la que hablase, ahora, con ellas
y ENTRE DANZAS Y CANCIONES
todo esto les dijera:
“Al contemplar vuestra danza
mi alma se emociona y reza,
deseando que vuestra vida
sea ejemplo para la nuestra
y al escuchar el murmullo
que a nuestros oídos llega,
quisiera fuese una “nana”
que a todos nos durmiera,
cuando más necesidad
de bellos sueños se tenga.
El constante caminar
para llegar a la meta,
salvando lo mejor que puedes
aquello con lo que te encuentras
y la espuma que se forma
en torno a todas las piedras,
sea, también, vivo ejemplo
que a nosotros nos mueva,
para hacer como vosotras,
porque la espuma blanquea
cuanto está ennegrecido
y tapa todas las grietas.
Cuando estáis iluminadas
y danza y canción se acrecientan,
porque el silencio envuelve
cuanto fuera os rodea
y todos esos colores,
porque la noche se acerca,
tiñen vuestros trajes blancos,
mi alma, también, desea,
nos sirváis de limpio espejo
en el que mirar se pueda,
el compartir generoso
de cuanto en vosotras se encuentra:
El verde de la esperanza
y el blanco de la pureza,
unidos por el amor
que el rojo le representa.
Amor que todo lo puede.
Con él la vida es más bella
y se quema todo lo malo
para que la Paz florezca.
Sin querer deciros adiós,
dejadme que a vuestro lado sienta,
el arco que nos saluda,
impregnado de tal belleza,
que, a modo de corona,
vuestro reinado os sella.
Que esta imagen que preside
nuestra vista placentera
y tantos y tantos valores
en nosotros permanezcan.
Querer ser el Arco Iris,
con el Sol, después que llueva,
será un grato recuerdo
para nuestra vida entera.
Seguid adelante el camino
para alegrar la floresta,
que a nosotros nos alegrasteis
al contemplaros de cerca.”
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Lucía López Sánchez
13 de Julio de 2.013