36. En La Cañada |
Huele a tierra mojada
y la lumbre está encendida.
Al mirar al horizonte,
envuelto en cierta neblina,
mis pensamientos se elevan
al Cielo que nos cobija.
Cielo gris en la mañana,
que, a lo largo de este día,
más oscuro se ha tornado
y el manto de lluvia fina,
con el viento huracanado
de las horas vespertinas,
se convirtió, por la noche,
en tormenta enloquecida.
Lluvia, truenos y relámpagos,
que asustan e iluminan
los árboles y sus ramas,
que agitadas y movidas
con fuerza tan desatada,
parecían retorcidas.
Oscuridad y negrura
que apaga nuestras sonrisas,
mas, el corazón no se encoge,
porque la esperanza viva
de ver sonreir las plantas
y que, después, el campo brilla,
nos devolverá la calma.
Nos devolverá la vida.
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Lucía López Sánchez
25 de Agosto de 2.007