35. El Ventano del Diablo |
Un abrazo entrañable
y al oído unas palabras,
he presenciado este día,
en Cuenca, por la mañana.
El Sol doraba las rocas,
de los lados, resquebrajadas
y éstas daban cobijo
al lecho que albergaba,
las verdes aguas del Río,
del Río que se deslizaba,
despacio, muy despacio,
entonando al Cielo gracias.
Las palabras al oído
eran una bella alianza,
que, desde siglos, hicieron
estas rocas con el agua:
“Tú, me darás tu frescor
y alimentarás mi alma,
con el bello colorido
que formas en mis entrañas
y éstas, yo te ofreceré,
con mi perenne mirada,
para que vivas tranquila,
sin tener miedo de nada.
Seré tu cuna, por siempre.
Tú serás mi niña amada”.
Presenciando aquella escena
se conmovía mi alma.
Tan dulce era el abrazo
y tan tiernas sus palabras,
que mi corazón latía
y mis ojos se cerraban,
porque seguir contemplando,
quería, tan bella estampa
y llevármela conmigo,
para que me acompañara,
aunque lejos estuviese
desde donde la miraba.
EL VENTANO DEL DIABLO
esta vista me brindaba.
Es un mirador bellísimo,
que, en la roca, horadada
por la lluvia y por el viento,
en siglos de temporadas,
la Naturaleza lo quiso,
para que se disfrutara,
del impresionante encuentro
de la piedra con el agua.
Yo creía estar soñando,
mas, de verdad, no soñaba.
Escuchaba aquel susurro,
con sus caritas pegadas
y la imagen del color,
del color verde esmeralda,
con distintas tonalidades
y formando como capas,
ya era una imagen mía
que quedaba presa en mi alma.
HOCES DEL JUCAR, en CUENCA,
la Ciudad Fortificada,
con vuestro abrazo tan tierno
y vuestras bellas palabras,
al contemplaros gozosa,
renace en mí la esperanza
de un mundo bello, también
y de amorosas alianzas:
“Seré tu cuna, por siempre.
Tú serás mi niña amada”.
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Lucía López Sánchez
14 de Noviembre de 2.009