32. Soñando y Viviendo

 

Llevo los ojos cerrados

mientras pienso en RUMANÍA

y esta es la imagen que evoco:

La REGIÓN DE BUCOVINA.

Había nevado mucho

y la nieve, aún, cubría,

los bordes de los caminos,

alfombras de florecillas

y picos de las montañas,

sus ventisqueros y cimas, …

Todo era placentero

y ya los ojos abría,

para seguir contemplando

cuanto a ellos se ofrecía:

Cordillera de los CÁRPATOS,

con tan sugestivas vistas,

que embriagan tus sentimientos

y a todo tu ser cautivan.

Carreteras serpenteantes,

con hayas en sus orillas,

que se adentran suavemente

y a MONASTERIOS te encaminan.

Lugares de recogimiento

bajo el Cielo que cobija,

las joyas de sus pinturas

y a las monjas que los cuidan.

El silencio es oración

y una oración muy sencilla,

es la reflexión profunda

sobre las escenas bíblicas,

que, por fuera y dentro de ellos,

ofrecen su mayoría:

Ángeles y Patriarcas,

los cuatro Evangelistas,

estampas del Juicio Final,

bellas figuras Divinas,

Santísima Trinidad

y abundante iconografía, …

Sobre paneles dorados,

Jesucristo y María,

la Virgen del Perpetuo Socorro,

con mirada enternecida,

que hemos podido admirar,

el día de la visita,

en tres de esos Monasterios:

VORONET y MOLDOVITA

y, quizá, el mejor conservado,

el Monasterio SUCEVITA.

Con este bello recuerdo

y mi alma engrandecida,

recibí otro regalo,

el de otra obra bellísima,

mas, no fue la mano del hombre

sino otra mano distinta,

la que, con el paso del tiempo,

la convirtió en maravilla.

Es un PARQUE NATURAL

en el que hay mucha vida:

Abetos cubiertos de nieve

o con nieve derretida,

césped cubriendo los valles

salpicados de casitas,

EL RÍO y LA MONTAÑA

dándose una mano amiga,

para, siempre, ayudarse

y vivir con alegría,

en el DESFILADERO DE BICAZ,

paisaje de pura delicia.

Con el murmullo del agua

felices sueños tendría,

la montaña, en recompensa,

con agrado la defendería,

así como al LAGO ROJO,

ya con aguas más tranquilas,

pero que al estar helado

ya no eran tan rojizas.

Tal vez, por esa leyenda

sobre aquella jovencita,

que, esperando a su amado,

sufrió mucho en su vida,

han cambiado su color

por el de aguas blanquecinas.

El rojo, que es del amor

cuando el corazón palpita,

por el blanco de la pureza

en los ojos que se miran.

Al marcharme de estas tierras,

antes de mi despedida,

quiero decirle a los CÁRPATOS:

“Permaneced en vigilia,

cuidad de la NATURALEZA

y defended como a hijas,

las PINTURAS de los MONASTERIOS

que es una herencia muy rica.

Que no las deteriore el Sol

ni el viento con su brisa”.

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 Lucía López Sánchez

 7 de Abril de 2.012

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