27. Habibi |
En el Templo de Baal,
esculpido en una piedra,
en la Ciudad de PALMIRA
presencié una tierna escena:
Se abrazaban con cariño
el OLIVO y la PALMERA
y al oído se decían,
palabras con las que sueñan
todos los enamorados.
Palabras de gran belleza.
“No te vayas de mi lado.
HABIBI, tu eres mi fuerza.
Tus raíces me sostienen, …”,
le decía la palmera
y el olivo, amoroso,
halagado sobremanera
y sintiéndose arropado
por todas las ramas de ella,
le prometía su unión
hasta la vida eterna.
“Estaremos, siempre, juntos.
Juntos en esta Tierra.
El agua de su interior
mis raíces alimenta
y llegará hasta tí,
HABIBI, mi palmera,
para que lozana vivas
y tus ramas extiendas,
sobre tu tronco erguido
y a mí, siempre, me protejas.
Con el Sol que cada día
deje en nosotros su huella,
darás fruto en abundancia,
tu figura será esbelta
y al Cielo daremos gracias,
en esas noches de estrellas,
porque unidos seguiremos
y abrazados con terneza,
para que con nuestros dátiles
se alimenten quienes quieran”.
Sintiendo que les escuchaba
y que les miraba atenta,
me invitaron a seguir
gozando de su presencia,
mientras ellos recordaban
escenas todas muy bellas
del que era su País,
SIRIA, su querida Tierra:
Unas decía el olivo,
otras, era la palmera
y HABIBI repetían
entre sus palabras tiernas.
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Lucía López Sánchez
19 de Febrero de 2.010