24. En Tenerife |
Un aroma de jazmines
envolvía aquel silencio
y perfumaba el Valle,
que, del Macizo del Teno,
se deslizaba hasta el mar,
entre palmeras y almendros.
Con un Sol resplandeciente,
se estremecía mi cuerpo,
al contemplar la belleza
de este lugar tinerfeño.
Verdor de la primavera,
salpicado de senderos,
en barrancos y en bancales
que llegaban hasta el Cielo,
labrados sobre los montes
con sembrados y con huertos.
Espesa frondosidad:
Pitas, chumberas, helechos, …
adornando los caminos
para gozo del viajero.
Al mirar al horizonte,
un profundo sentimiento
de sosiego y de paz
y de inefable embeleso,
vibraba en mi corazón
y quedaba en mi alma preso,
cuando TIERRA y MAR se fundían
en un abrazo estrecho.
Enmudecían mis palabras,
volaba mi pensamiento, …
al susurrarse al oído:
“Cada día más te quiero”.
Mecidos por las canciones
de aquella brisa del viento,
el Sol, en su atardecer,
les enviaba su beso
y era el mudo testigo
de sus abrazos tan tiernos.
¿Lo contemplaba despierta?
¿Era realidad o era un sueño?
---
Lucía López Sánchez
Abril de 2.005
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