23. Eztá al caé

 

Hemos cenado deprisa.

La noche estaba muy clara.

Olor fuerte de jazmines

y luna llena en su cara.

¿Quién quiere salir de noche?

¿Acaso estáis muy cansadas?

Aprovechemos el tiempo.

Vámonos hasta Granada.

Una, otra, más de veinte

y Gloria de Capitana.

¿Dónde para el autobús?

Si no hay que andar casi nada.

A la  salida, a la izquierda

y muy cerca de esta casa.

Corred, que se hace muy tarde,

corred, que el autobús pasa.

Una a una en la cola

con su compañera habla.

Vemos pasar muchos coches,

pero el autobús no baja.

Quizá, hoy, por ser Domingo

es que servicio no haya.

Tal vez, es que a estas horas, …

vamos diciendo extrañadas.

Y ¿Por qué no preguntar?

Sí, lo hacemos encantadas.

¡Oiga! Por favor, Señora:

¿Hoy, el autobús no pasa?

“Zí, claro, eztá al caé”.

¡Bueno! Esperamos sentadas.

Alguien se va de la fila,

a otro lugar se marcha,

porque es muy grande la espera

y ni sentada se aguanta.

Al fin, sube un autobús,

es grande nuestra algazara,

dentro de no mucho tiempo,

éste bajará a Granada.

Gloria y otra se adelantan.

Id estando preparadas.

¡Que viene! Corred, que viene,

con mucha saliva exclaman.

Nos ponemos tan contentas,

mas, el autobús no para.

Nuevamente, comentarios.

Gran sorpresa en nuestras caras.

El grupo ya es más pequeño.

Unos jóvenes nos hablan:

“Algo más abajo hay otros,

vayan hasta la parada”.

Una detrás de la otra

emprendemos nuestra marcha

y en el lugar señalado,

de nuevo, una espera larga.

Se repite la pregunta.

La respuesta, adivinadla:

“Zí, claro, eztá al caé”.

Y sonrisas espontáneas.

Ya sólo quedamos ocho.

No perdemos la esperanza.

¿Es por la Luna brillante?

¿Nuestra cita con la Alhambra?

Una tercera pregunta,

quizá, ya siendo pesadas:

“Zí, claro, eztá al caé”.

Risas, risas que contagian.

Más de una hora ha pasado.

¿No es mejor volver a casa?

Decidimos regresar,

Muchos metros nos separan,

menos mal que vamos ocho

y la Luna nos acompaña.

Mas, ¿Qué es lo que estamos viendo?

Un autobús que ahora baja,

que es el último servicio

y que en la calle nos para.

No salimos del asombro.

En un suspiro en Granada.

Gloria, tan calculadora

del poco tiempo que falta,

a las doce hay que volver,

mete la quinta con gracia.

La noche tiene su embrujo.

Con ritmo, casi con alas,

atravesamos sus Calles,

cruzamos sus amplias Plazas

y vemos la Catedral,

que veríamos mañana.

Lo que no sabría deciros

al pie ya de la Alhambra,

en las orillas del Darro,

aunque muy sofocadas,

qué sentimos al momento,

segundos sólo paradas,

con el latir de los pechos

y con nuestra mirada alzada.

Emocionantes segundos.

La Alhambra iluminada,

con su duende y su misterio,

a las ocho nos esperaba.

 --

 Lucía López Sánchez

  Junio de 1.995

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