20. Ecos

 

Algo he visto en vuestros ojos

que mi atención ha llamado.

El brillo de la ternura,

tal vez, se encuentra apagado

y la mirada amorosa

es fría, se ha transformado.

Ya no os miráis atentos.

¿Qué es lo que ha fallado?

Con el correr de los tiempos

vuestra vida ha cambiado.

No sé si tengo razón,

no sé si me he equivocado,

mas, tengo la confianza

de seguir a vuestro lado,

para daros el mensaje

que a mí me han dado los hados:

Cuidando de su jardín

el jardinero ha notado,

que de lo que él veía,

de entre todo lo plantado,

destacaba un rosal

por su aroma perfumado.

Con suma delicadeza

hasta él se ha acercado,

frases bonitas le ha dicho,

con emoción le ha mirado,

y pasados unos días

su amor le ha declarado.

El rosal con sus piropos

y sus atentos cuidados,

ha crecido muy deprisa,

sus yemas bien han brotado

y en respuesta a su amor

de él se ha enamorado.

Juntos las horas del día,

cambiándose los halagos,

muy contentos se han sentido.

Su vida han planeado

con las manos muy unidas,

mirándose embelesados,

sabiendo que el corazón

con fuerza estaba vibrando.

El rosal y el jardinero,

ya de amor necesitados,

unir sus vidas quisieron

y su amor han pregonado

ante Dios y ante los hombres

que gozosos han quedado.

Con esa paz interior

que da el sentirse amado,

contemplándose los dos

así un tiempo han pasado.

Fruto de aquella unión

el rosal le ha entregado,

dos flores a cual más bella,

dos capullos sonrosados.

Son fuertes como su padre,

como su madre aromados

y se sienten tan contentos

y de amor tan inundados,

que los capullos en rosas

muy pronto se van cambiando.

Pero algo está sucediendo,

en ello no han deparado.

El vivir de cada día,

el entregarse al trabajo,

han cambiado aquel hogar

y algo vital se ha olvidado.

¿Dónde están nuestras caricias,

dónde el amor ambientando,

dónde la miel de los besos,

dónde el querer abrazarnos?

¿Qué ha sido de aquel abono?

Dice el rosal enfadado.

¿Qué , le dice el jardinero,

fue de tu amor declarado?

Y una y otra vez exclaman

bastante malhumorados:

¿Por qué, ahora, tu aliento,

el agua con que has regado,

tu calor, tu sentimiento,

la firmeza que me has dado,

la comprensión y el amor

y el estar ensimismados,

han perdido su vigor

y en silencio se han tornado?

No quiero sólo el abono.

Abono y amor mezclados.

No quiero sólo el rocío.

Rocío y aurora aunados.

No quiero esta soledad.

Quiero sentirme a tu lado.

No quiero que los capullos

nos vean debilitados. …

Ya estamos llegando al fin.

Escuchando habéis estado

el mensaje, que antes dije,

que me trajeron los hados.

Grabad todo en vuestra mente

y no dejéis que olvidados

queden estos pensamientos:

“¡Adelante! ¡Ayudaros!

El trabajo es importante,

pero es más el escucharos.

La vida sin un diálogo,

sin un tiempo dedicado

a vosotros, a las flores, …

sólo hará que lo sembrado

se convierta en tierra yerma,

no dé el fruto deseado

y que tantas ilusiones

se mueran”. ¿Estáis llorando?

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 Lucía López Sánchez

  Navidad 1.987

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