13. Pensando en ellos

 

Se me helaba el corazón,

aunque me ardía el pecho,

cuando escuchando yo estaba

el “GENOCIDIO ARMENIO”.

No entiendo todo el dolor

ni tampoco el sufrimiento,

al que mentes retorcidas,

como si fuese un juego,

sometían con gran gozo

a tantos seres indefensos.

Un sin fin de atrocidades

e insospechados tormentos,

acababan con su vida,

su dignidad y sus sentimientos.

¿Es posible, me pregunto,

que se creyesen sus dueños

y que por su religión,

su raza o su pensamiento,

con fiereza destruyeran

lo que ni siquiera es nuestro?

¿Qué hacías, MONTE ARARAT?

Tal vez, estabas durmiendo

y no oías los sollozos,

los gritos y los lamentos,

de tantas y tantas personas

que mucho estaban sufriendo.

¡Lástima que otro ARCA,

como el de NOÉ, en su momento,

no se hubiese, también, posado

en tus cumbres, con acierto

y así haber evitado

cuanto de ello sabemos!

Y vosotros, ¿Qué  hacíais,

IGLESIAS Y MONASTERIOS?

¿Tampoco oísteis sus quejas?

¿Tal vez, porque estabais lejos?

¡Qué pena que en esos días,

todas las aves del Cielo,

la vegetación frondosa

y la brisa de los vientos,

no os hubiesen anunciado

lo que estaban decidiendo!

Todos, con vuestras campanas,

al voltearlas de lleno,

quizá, hubieseis cambiado

corazones malos por buenos.

Con el paso de los tiempos

y ya que no tiene remedio,

después de estas reflexiones,

visitando el MONUMENTO,

siento con sumo agrado

que existe un reconocimiento,

de muchos y muchos Países,

auque no del mundo entero.

Un camino salpicado

de pinos, algunos ya esbeltos,

plantados por Presidentes,

nos acompaña hasta el fuego,

en el que su ardiente llama

y con su fulgor eterno,

recuerda a cada uno

de cuantos entonces murieron.

Con flores entre mis manos,

desde mi sentir viajero,

elevo una plegaria

y con todo mi respeto,

pido a todas las CAMPANAS

que toquen fuerte a duelo,

a los ricos ALBARICOQUES,

dulcifiquen los recuerdos,

cada vez que a la BANDERA,

a su COLOR, envíen besos

y a la roja GRANADA,

símbolo del PUEBLO ARMENIO,

que sus granos y su jugo

sirvan a esta Tierra de RIEGO,

como la SANGRE INMOLADA

y de PAZ, como ALIMENTO,

para almas destrozadas

por todo lo que perdieron.

Ver las semillas unidas

será el mejor ejemplo,

para intentar olvidar

y vivir con el anhelo,

de que, jamás, en sus vidas,

se produzcan estos hechos.

Ánimo, de verdad, ARMENIA.

POR TÍ Y POR ELLOS REZO.
---

Lucía López Sánchez

14 de Septiembre de 2.014

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