11. Parque Natural del Etna

 

Un resplandor en la noche

atraía mi mirada

y me he quedado absorta

al ver que algo brillaba

y del interior de la Tierra

con mucha fuerza brotaba.

Algo, también, se movía.

¿Qué ocurría en la montaña?

Con trajes de tul y raso

de color rojo y naranja,

las arenas y las rocas

con sus parejas bailaban.

Con rapidez ascendían

de la que era su morada,

para que los visitantes

estas danzas contemplaran.

Al son de las TARANTELAS,

de la REGIÓN SICILIANA,

movían con ritmo brazos,

las piernas con gracia alzaban

y en el Cielo esos colores,

si cabe, aún, más brillaban.

Mas, algo se ha producido

con el cambio de la estancia.

Al salir al exterior,

cayendo extenuadas,

necesitando reposo, …

en un gran Río de lava,

siguiendo varias pendientes,

se han convertido en brasas.

La danza es mucho más suave.

Con apariencia de calma,

los tules llegan al suelo

y seguirán hasta el alba.

Cubiertas de un manto blanco

las parejas se tapaban

y con el vapor caliente

el frío se mitigaba,

en la cuna de ceniza

que ya estaba apagada.

El ETNA, en el escenario,

que con sus danzas creara,

sonríe a las parejas,

sumamente enamoradas,

que pasarán el invierno

entre las cimas nevadas.

Al llegar la Primavera,

estas tierras abrasadas,

cambiarán el traje rojo

por un verde de esperanza.

La esperanza de ver crecer

una Naturaleza lozana.

Con nuestra visita, hoy,

al ETNA le damos gracias,

por cuanto hemos gozado

al contemplar estas danzas

y le ofrecemos nuestra música

para un futuro mañana:

“La bella DANZA DEL FUEGO

de nuestro querido FALLA”.
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 Lucía López Sánchez

 31 de Julio de 2.008

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