8. La Cruz Maya

 

Visitando IXIMCHÉ

me llevé una gran sorpresa.

Iba leyendo murales

y, a modo de advertencia,

deparé en uno de ellos

sobre el ingreso de ofrendas

en los “Lugares Sagrados”,

destacando entre ellas,

a las que llamaban “genuinas”:

Resina, incienso, velas,

flores, azúcar, orégano,

romero, miel y canela.

Era un lugar Arqueológico

de la que antigua Capital fuera.

Había que controlarlo

y es lógico se insistiera,

en lo que gusta a los dioses

y con la mayor limpieza.

Entre las ruinas de Templos,

las ennegrecidas piedras

en el Altar de uno de ellos

y los restos de unas velas,

demostraban claramente,

que, en unas recientes fechas,

presencia de fuego hubo

en la presentación de ofrendas.

Mas, si esto me sorprendió,

al seguir mirando, atenta,

en el centro del mural

encontré una mayor sorpresa.

Tenía forma de cruz

y es que la CRUZ MAYA era.

Cuatro brazos de mazorcas

sujetaban una esfera,

partida en dos mitades,

representando la Tierra.

Absorta quedé un tiempo

y me encantó mucho el verla.

En tan poquito espacio,

de gran colorido llena

y con profundo significado,

la Cruz, aún, era más bella.

Las mazorcas se abrazaban.

De cuatro colores son ellas:

La roja en el brazo de arriba,

la blanca en la parte izquierda,

la amarilla en el lado derecho

y estando abajo la negra,

porque los granos de maíz,

su cultivo de primera

y uno de sus alimentos,

los cuatro colores presentan.

Dos más colores había.

Situados en la esfera,

el azul estaba arriba,

era el agua de la Tierra

y el verde, del jade, abajo,

por ser una atractiva piedra.

Alimentos, también, los dos.

El agua es vida y riqueza

y, emocionalmente, el jade,

suerte es para quien lo encuentra.

Seguí pensando en la Cruz

y, tal vez, soñando despierta,

mis pensamientos volaban

hacia una buena convivencia,

en un mundo lleno de paz

y alejado de las guerras:

Que el color azul del agua

reflejo del Cielo sea

y el negro, ceniza y humo

de cuanto malo se quema,

el verde llene de esperanza

a quienes tristezas tengan,

la voluntad, como el blanco,

teñida esté de pureza,

el amarillo del Sol

que en el corazón resplandezca

y qué decir del color rojo:

Que el AMOR triunfe y prevalezca.
--

 Lucía López Sánchez

 6 de Marzo de 2.017

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