Villancico


Los ojos elevo al Cielo

y en el mirar, una estela

de sosiego y de paz,

los envuelve y los ciega.

Su bello azul, tan intenso,

hacia mi interior se adentra

y son los ojos del alma,

los que, en permanente alerta,

me dicen que es realidad

y que el corazón no sueña,

al contemplar cuanto veo

y sentir tanta belleza.

¡Claro que existes, TERUEL!

y con estampas tan bellas,

que a todo el que te visita

le dejas profunda huella.

La huella de tus contrastes:

Los colores de tus tierras,

las florecillas del campo

en los cerros y mesetas,

las sabinas y los robles

con el tomillo y la menta,

las alturas de tus montes,

milagro de la Naturaleza,

que se enternecen mirando

como sus bordes los besa,

la espuma de las aguas,

muy cercanas a unas sendas,

desde las que estoy mirando

como el río las lleva, …

En esta mañana de Junio,

una huella más interna

se me ha quedado grabada,

tal, que soñando despierta,

quiero, siempre, recordar

la incomparable belleza de:

El EMBALSE DE CALANDA

y el GUADALOPE, que sella,

con su verde de esperanza

el futuro de tus tierras.

Los ÓRGANOS DE MONTORO   

DE MEZQUITA, en la Sierra,

entre las grandes alturas,

del MAESTRAZGO, por más señas,

donde a lo largo de años

y de siglos y de eras,

El ORFEBRE de los Cielos,

con su mano placentera

y la ayuda de los vientos

y de las lluvias, hiciera,

en las caras de los MONTES

 y dejara en sus piedras,

los surcos de las mejillas

que, en la actualidad, presentan

y las formas caprichosas

de sus riscos y sus peñas,

desfiladeros cortantes

y sus puntiagudas crestas, …

Aguas del RÍO PITARQUE,

que a tu nacimiento me llevas,

bendito sea el momento

en el que inicié la senda

del camino hacia tu encuentro,

allá, en tu cuna de piedra.

Aunque camino difícil,

con zonas que mucho se estrechan

y piedras resbaladizas

en oquedades y en grietas,

evocaré con placer:

Todo el verdor de la Tierra.

El murmullo de tus aguas

que mis oídos alegra,

en su dulce caminar

entre guijarros y piedras.

La suave brisa del viento,

entre árboles y hierbas,

aliviando el calor

y animando a que siguiera.

Las laderas de los Montes,

que en lontananza se acercan,

para besarse mimosas

en la zona más estrecha

del CAÑÓN de vuestro río.

Zona, a la, sazón, muy bella.

Dos riscos desafiantes,

los más altos de la Sierra,

como vigías que al Cielo,

con su mirada atenta,

imploran su protección

para esta querida tierra

y las MONTAÑAS ROCOSAS,

que os dan cobijo y terneza,

contemplando vuestras prisas

en las cascadas risueñas.

CASCADAS escalonadas,

donde termina la senda

y la tierra dió a luz

las aguas que se contemplan:

El NACIMIENTO DEL RÍO,

entre montañas inmensas.

Una oración en la ERMITA

de la VIRGEN DE LA PEÑA,

ascienda hasta el CREADOR,

para que tanta belleza

acompañe vuestras vidas

y la VIRGEN DEL PILAR con ELLA,

¡Claro que existes, TERUEL!

mimen tu alma aragonesa.

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     Lucía López Sánchez

     Días 2 y 3 de Junio de 2.007

 





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