41. Prendimiento de Jesús
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  1. Oración y agonía de Jesús en el Huerto

    Entonces llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní, y dijo a los discípulos: Sentaos aquí mientras voy allá a orar. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo (Santiago y Juan), empezó a entristecerse y a sentir angustia. Entonces les dijo:

   - Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco, se postró rostro en tierra mientras oraba diciendo:

   - Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no sea como yo quiero, sino como Tú.

   Volvió junto a sus discípulos y los encontró dormidos; entonces dijo a Pedro:

   - ¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en tentación: pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil.

   De nuevo se apartó por segunda vez y oró diciendo:

   - Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados de sueño. Y, dejándolos, se apartó una vez, y oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras. Finalmente va junto a sus discípulos y les dice:

   - Dormid ya y descansad; mirad, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores, Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar. (Mateo 26,36-46)

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Cristo hubiese podido, gracias al dominio que tenía de Sí mismo, impedir esta emoción de las facultades sensibles. Pero así se muestra mejor el misterio de su verdadera Humanidad y, en la misma medida, se hace más fácil de imitar.

  A. Contesta con una de estas respuestas: pensar, pasear, orar, Zebedeo, Jacob, Moisés, gozo, angustia, satisfacción, cáliz, momento, apuro, tristeza, tentación, saludar, besar o entregar.

 En la finca de Getsemaní, Jesús se puso a

 

 Se llevó a Pedro y los hijos de

 

 Jesús se entristeció y sintió

 

 Padre, que pase de mí este

 

 Velad y orad para no caer en

 

 Levantaos, ya llega el que me va a

 

  2. Prendimiento de Jesús

   Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos,  enviados por los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es: prenderlo. Y al momento se acercó a Jesús y dijo:

   - Salve, Rabí; y le besó.  Pero Jesús le dijo:

   - Amigo ¡a lo que has venido! Entonces, acercándose echaron mano de Jesús y le prendieron.

   Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al criado del Sumo Sacerdote cortándole la oreja. Entonces le dijo Jesús:

   -Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que emplean espada a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles? ¿Cómo entonces se cumplirían las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?

   En aquel momento dijo Jesús a las turbas:

   - ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y no me prendisteis. Todo esto sucedió para que se cumplieran las escrituras de los Profetas. Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron. (Mateo 26, 47-56).

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Judas emplea para llevar a cabo su traición una señal que, de por sí, indica amistad y confianza. El Señor, aun conociendo sus propósitos, le trata con gran delicadeza: le da una oportunidad para abrir su corazón y arrepentirse. La actitud del Señor nos enseña a respetar y tratar con caridad delicada incluso a quienes nos hacen mal.

  B. Contesta con alguna de estas palabras: prendedlo, respetadlo, soltadlo, saludó, besó, abrazó, mano, cabeza, oreja, triunfarán, perecerán, ganarán, Templo, campo, monte, le siguieron, se unieron o huyeron.

 Aquel a quien yo bese, ése es:

 
 Judas se acercó a Jesús y lo
 
 Uno sacó la espada y a un criado le cortó la
 
 Los que emplean la espada, a espada
 
 Todos los días Jesús enseñaba en el
 
 Todos los discípulos le abandonaron y  

  3. Jesús en casa de Anás 

   Y le condujeron primero ante Anás, pues era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote  aquel año. Caifás fue el que había aconsejado a los judíos; Conviene que un hombre muera por el pueblo.

   El Sumo Pontífice interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió:

   - Yo he hablado abiertamente al mundo, he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde todos los judíos se reúnen, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me preguntas? Al decir esto, uno de los servidores que estaba allí dio una bofetada a Jesús, diciendo:

   - Así respondes al Pontífice?. Jesús le contestó:

   Si he hablado mal, declara ese mal; pero si bien, ¿por que me pegas? Entonces Anás envió atado a Caifás, el Sumo Pontífice. (Juan 18, 13-14. 19-24).

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Una vez más vemos cómo Jesús se muestra sereno y dueño de sí durante toda la Pasión. Ante la injusta agresión de aquel sirviente, el Señor responde con mansedumbre, pero sin dejar de defender la legitimidad de su conducta y señalar la injusticia de que es objeto. Esa ha de ser nuestra reacción ante quienes nos hieran de algún modo. La ponderada defensa de los propios derechos es compatible con la mansedumbre y la humildad.

  C. Selecciona una de estas respuestas: mesías, pueblo, emperador, Pontífice, fariseo, escriba, público, multitud, secreto, hablar, gritar, orar, caricia, un saludo o bofetada. 

 Conviene que un hombre muera por el
 
 A Jesús le interrogó el suegro del Sumo
 
 Jesús no había dicho nada en
 
 Debían preguntar a los que lo habían oído
 
 Uno de los servidores le dio una
 
 Si he hablado bien, por qué me
 





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