26. La justicia y la generosidad


    A) La justicia y la generosidad

    Tradicionalmente, la justicia se considera como la base de las relaciones enre los hombres. Es idea universal la de que una de las manifestaciones de la justicia, la que primero aparece, es "dar a cada uno lo suyo". Pensando en los ámbitos educativos, que prácticamente es la vida entera, dar a cada uno lo suyo significa referirse a los padres, profesores y alumnos, mas puede referirse a cosas materiales. Las cosas necesarias para vivir, vestido, alimentación y espacio para estar, dinero, libros... Pero más importante es la persona de cada uno. El reconocimiento, la aceptación y el respeto a la persona y la personalidad de un hombre es lo que en primer término debe dársele.

   Es muy difícil señalar con precisión en casos concretos "qué es lo suyo" para un hombre determinado, dónde se halla el límite de lo que se le ha de dar. La solución del problema viene, como en tantos casos, del amor.

   Cuando uno tiene preocupación por señalar la línea que separa lo uno de lo otro, con la finalidad de no pasarse ni quedarse corto, se puede decir que tiene espíritu de justicia; pero hay una actitud mucho más fecunda, y es la de dar no solo aquello a lo que uno tiene derecho, sino también a estar dispuesto a dar todo lo que uno tiene, incluso darse a sí mismo, sin preocuparse de ir más allá de lo que la justicia exige. Se trata de la generosidad, virtud que supone la justicia, no la anula, pero va más allá.

     Víctor García Hoz. Ideas para la educación. Editorial Rialp. Pág. 106.

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    B) La actividad interior

    La actividad que debe fomentar el educador no es algo mecánico o extrínseco, sino interior, de los elementos que constituyen el principio vital del hombre como ser racional, del entendimiento, de la voluntad, del corazón; y que, por lo mismo, su labor debe ordenarse a la triple educación intelectual, moral y religiosa, o sea a la formación del criterio, del carácter y del espíritu de sus educandos, de suerte que lleguen que ser hombres convencidos, consecuentes y enamorados de la verdad y puedan vivir vida propia y superior.

    P. Valentín Caballero, Sch. P. Orientaciones pedagógicas de san José de Calasanz. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. pág. 68.

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   C) Vocación del maestro

    La preparación del maestro, piensa don Pedro Poveda que debe edificarse sobre una base vocacional -no se reciban en la Academia, sino los que tengan esa vocación inicial- que ha de ser cultivada. No dice nuestro autor en qué consiste la vocación inicial, pero su secreto acaso resida en la posesión de u alma capaz de sobreponerse a la estrechez de miras y al egoísmo señalado explícitamente como enemigo de la vocación. Para desarrollar el germen hay que reforzar su fundamento que no es otro sino la fe. La dedicación al magisterio le aparecía allá en 1912 como una consecuencia de la fe en todo lo que es noble y grande. Como una actitud casi obligada para quien ha descubierto la eficacia de esta misión, fecunda en los mejores resultados para la familia y par la sociedad. Porque el Padre Poveda es optimista en cuanto a los resultados de la educación y la considera como uno de los medios más importantes de apostolado.

  San Pedro Poveda. Itinerario pedagógico. Estudio preliminar de Ángeles Galino. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pág. 62.

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