17. Educación auténtica


   A) Educación auténtica

    Una educación auténtica requiere que se desenvuelva en un ambiente y a través de unas técnicas en las que la iniciativa y la responsabilidad de los que se educan tengan ocasión constante de manifestarse. La educación para la libertad o, si se quiere, el aprendizaje del uso responsable de la libertad, están sujetos a la ley general de todo aprendizaje. Nada puede aprenderse si no se intenta realizar antes de que sea uno capaz de hacerlo. Así como uno no puede aprender a nadar si no se echa al agua antes de saber, no es posible adquirir la capacidad de utilizar adecuadamente la libertad si no se tiene ocasión de ejercer o realizar actos libres aun antes de estar capacitados para ello. La educación no puede desarrollar la capacidad de obrar libre en el hombre si ella misma no se desenvuelve en un ambiente de libertad. En la existencia o no de ese ambiente radica la diferencia entre educación, por una parte, y amaestramiento o manipulación por otra.

   Educación, ya se dijo, es el proceso de ayuda a un sujeto para que llegue a ser verdaderamente libre. El amaestramiento es la imposición coactiva de unas maneras de conducta que implican la adquisición de hábitos exteriores para hacer alguna cosa. A los animales se les puede amaestrar, pero no educar.

     Víctor García Hoz. Ideas para la educación. Editorial Rialp. Pág. 79.

    Ejercicio interactivo de Principios generales de educación.   Otros ejercicios

    B) Dificultades

    Pero, ¿quién no ve que todo esto supone una gran fuerza de voluntad, esfuerzo llevado a veces hasta la tensión, fatiga y penalidad? Pues ahí está la pereza, que opone al trabajo una resistencia pasiva invencible, el horror de la dificultad y al método; la ligereza en la observación, que toma por realidad la simple semejanza; la precipitación, que le lleva a buscar la conclusión sin proceder con el debido orden; el exclusivismo, que, o aplica a la consideración de los objetivos una sola potencia,, cuando debiera aplicar dos o más, o se contenta con mirarlos por un solo lado, viniendo a caer así en resultados falsos y aún extravagantes; finalmente, la inconstancia, que no es más que la pereza bajo un velo hipócrita, la cual sustituye un trabajo a otro, porque así evita la molestia de sujetar su atención y acción a un objeto determinado y matar en flor las concepciones y proyectos más interesantes.

    P. Valentín Caballero, Sch. P. Orientaciones pedagógicas de san José de Calasanz. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pág. 55.

   Ejercicio interactivo de la Constancia.   Otros ejercicios

   C) La expansión

    El primer servicio que un ambiente alegra puede prestar al educador, es hacerle posible el cono cimiento del educando. Sería acaso el medio más natural e indirecto -y por lo mismo, muy valioso en esos casos- de eliminar timideces, reticencias, prevenciones y toda suerte de actitudes "defensivas". Cosas imposibles si el educando "vive en perfecta comedia y está interesado en que no le conozcamos", es decir, si no llega a manifestarse tal como es, si no llega a expansionarse. Y la gran llave de la expansión es la alegría, "que dilata el corazón de los hombres". Alegría, pues, liberadora de rémoras y camino seguro par conocer gustos y  aptitudes. De algún modo, nos da la dimensión del corazón.

   Pero al niño, que solo se nos revela en un ambiente distendido y sano, se le educa también por medio de la alegría, porque ésta, como dice Aristóteles en un texto  glosado por el Padre Poveda, "perfecciona la obra y la tristeza la corrompe".  El lugar aristotélico nos permite pensar más en la perfección del ejercicio que en la de la obra como resultado. Y este sentido cuadra admirablemente con nuestro propósito:

   "Si estás alegre todo lo harás con perfección, con gusto, sin desfallecimientos".

 San Pedro Poveda. Itinerario pedagógico. Estudio preliminar de Ángeles Galino. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pág. 54.

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