13. La clueca

   Dort fue con sus amigos a visitar una granja de pollos. Tenía varias naves. Lo primero que le enseñaron fue la incubadora artificial. En ella nacían los pollitos. De la incubadora los pasaban de nave en nave, según crecían. Cuando se hacen grandes, se venden para carne. Son los pollos que comemos. Dort y sus amigos miraban y escuchaban estas explicaciones.

   Cuando terminaron la visita, vieron una vieja gallina que picoteaba triste en un corral de la misma granja. Ella los miró y, casi llorando, les dijo:

   - Las incubadoras crían pollos sin madre.

   - ¿Y quiénes son las madres de los pollos? -preguntó Dort.

   - ¡Nosotras, las gallinas!

   Y la vieja gallina, rompiéndosele la voz por la ternura, les fue contando:

   - Nosotras ponemos los huevos; pero no nos dejan ser madres de verdad. Antes de inventarse las incubadoras, cuando teníamos ya muchos huevos en el nidal, nos entraba una calentura como fiebre; se nos cambiaba la voz y, en vez de cacarear, empezábamos a hacer clu-clu-clu. Por esto nos llamábamos cluecas. Nos posábamos amorosamente sobre ellos para darles nuestro calor natural, y a los veintiún días salían los pollos piando y correteando. Los guiábamos por el corra; escarbábamos con nuestra patas para buscarles semillas que comer, y cuando encontrábamos alguna, los llamábamos con nuestro clucluclú especial, y ellos acudían corriendo y se ponían junto a nuestro pico para tomar lo que les ofrecíamos.

   Al decir esto, la vieja gallina se quitó unas lágrimas con la punta del ala. Luego siguió:

   - Si encontrábamos un trozo grande de comida o una cucaracha o una lombriz muy larga, la desmenuzábamos con el pico para que la pudieran comer los pollitos.

   Suspiró profundamente y añadió:

   - Cuando hacía frío o tenían que dormir, ahuecábamos las alas y los pollos se cobijaban bajo ellas. Por entre las plumas asomaban sus cabecitas vivarachas. Pero ahora... Perdonad, niños; no lo puedo evitar.

   En diciendo esto, se puso a llorar tan amargamente que no pudo seguir hablando. Dort y sus amigos se miraron y comprendieron la pena de la vieja gallina, y sintieron pena por los pollos huérfanos que acaban de acabar de ver. Hubieran querido consolarla, pero no encontraron palabras. Solo Dort atinó a decir:

   - Como todas las madres.

   Samuel Valero

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  1. Dort y sus amigos fueron a una granja de

    a. cerdos
    b. conejos
    c. pollos

  2. Al principio les enseñaron

    a. la incubadora
    b. la segunda nave
    c. la tercera nave

 3. Las incubadoras crían los pollos

    a. con madre
    b. sin madre
    c. sin padre

 

 4. Los huevos los ponen

    a. las granjas
    b. las incubadoras
    c. las gallinas

 

 5. Cuando la gallina tenía fiebre hacía

    a. clu-clu-clu
    b. cla-cla-cla
    c. cle-cle-cle

 

 6. Los pollos de la granja eran

    a. felices
    b. huérfanos
    c. alegres

 






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