34. Perseverancia
Sopa de letras

  Primera parte

  Es segundo modo de ejercitar la voluntad es la perseverancia, la constancia, la paciencia. Uno de los más renombrados psicólogos americanos, James, aconsejaba a los jóvenes que hagan cada día algo en contra de sus inclinaciones para afirmar el dominio sobre sí mismo.

   En un juego alemán, ¿sabes qué hicieron al oír esto los muchachos? Se fueron al jardín y masticaron caracoles vivos, porque esto sí que era "contra sus inclinaciones". ¡Brrr!... Exageración pueril; pero no dejaba de ser un pasmoso espíritu de sacrificio para conseguir una voluntad fuerte.

   No sigas este ejemplo. La vida diaria de los estudiantes también está llena de pequeñeces en que puedes ejercitar la paciencia heroica. Tienes que soportar con calma el dolor, el sufrimiento.

   Debes aprender con sosiego, sin dar lugar a excitaciones ni enfados.

   Es preciso que hables con paciencia en casa y que no discutas; no has de hacer muecas ni ponerte de mal humor. Sean las que sean las cosas que te exciten, te atormenten, te hagan enfadar, no has de saltar ni dar cauce libre a tu ira, sino que has de esperar un poco y, mientras tanto, tranquilízate con argumentos racionales.

   No hagas nada de que tengas que arrepentirte a los cinco minutos. ¡Qué regla más importante es ésta para los muchachos impetuosos!

   Y no apunto tan sólo a la paciencia pasiva, al sufrir sin chistar, sino aún más a la paciencia activa, a la perseverancia.

  Segunda parte

   Nuestro Señor Jesucristo nos dirige una seria amonestación: Quien persevere hasta el final, éste se salvará (San Mateo, X, 22). Esta frase encierra una gran verdad, no sólo con relación a la vida eterna, sino aun en lo que toca a los éxitos terrenos. Por falta de perseverancia se viene a tierra muchas veces en el último momento el resultado de largos trabajos. No hacía falta más que la perseverancia de una sola hora de un solo día... ¡pero hacía falta!

   El piloto renombrado Chávez fue el primero que pasó el Simplón; pero llegó con los miembros rotos. Hubo que luchar con una tempestad furiosa y fría como el hielo, con huracanes y remolinos espantosos de aire, y triunfó. Ya tiene a su vista el blanco. Ya ve la ingente muchedumbre que le saluda, que le hace señales. Pero entonces, ¡ay!, le abandona la perseverancia, no sabe aguardar cinco minutos más, y en vez de aterrizar suavemente, lo hace con precipitación. El aparato se desploma y se mata Chávez... ¡Si hubiese perseverado cinco minutos más!

   Obras prudentemente si te preparas en todo algo más de lo que te prescribe el deber. Si quieres dar un paseo de tres horas, prepárate para cuatro; y si quieres estudiar dos horas, reconcentra toda tu voluntad para un estudio de dos horas y media; de esta suerte siempre te quedará en reserva un poco de fuerza.

  Tercera parte

   ¡Perseverancia!  ¡Perseverancia!

   En una espléndida madrugada de julio dos estudiantes emprendieron el camino par escalar la cumbre de Lomnic. Ambos nacieron en la gran llanura húngara, y nunca habían visto montañas tan magníficas y gigantescas. Al ritmo de una canción alegre iban caminando de prisa, y riéndose dejaron atrás a un anciano que, al parecer, también se dirigía hacia la cumbre, pero con pasos más reposados, tan mesurados, que "hasta el caracol se arrastra más aprisa", observó uno de los estudiantes. Cuando a los minutos volvieron su mirada al anciano, les parecía una pequeña hormiga allá lejos, a sus pies. Pero el pulmón de los muchachos empezó a jadear cada vez más; el principio tomaban cada media hora de subida un descanso de cinco minutos; más tarde tuvieron que descansar un cuarto de hora. Y cuando hacia el mediodía se tumbaron completamente agotados junto a la orilla de una cascada, he ahí que aparece de repente por el camino el hombre-caracol, y con los mismos pasos reposados, mesurados, como por la mañana, pasa adelante de ellos y sube, sube... cada vez más arriba... sube el anciano... otra vez parece una pequeña hormiga... Los dos jóvenes en cambio, están tendidos sobre las rocas, presos de un cansancio que los paraliza. Porque para llegar a las alturas y alcanzar la cima prefijada no basta un arranque juvenil y una llamarada de fuego de paja, sino que es menester para ello una perseverancia reposada, siempre igual, constante.


Texto de Monseñor Dr. Tihamér Tóth. El joven de carácter. Sociedad de Educación "Atenas", S.A.

  A. Contesta a cada pregunta con una palabra y escríbela en un papel para buscarla después en la sopa de letras: :

 El segundo modo de ejercitar la voluntad es la...
 James aconseja hacer cada día algo en contra de las propias...
 Los estudiantes alemanes querían conseguir una voluntad...
 Procura no ponerte de mal...
 No hagas nada de lo que tengas que...
 El que persevere hasta el final se...
 Hay que hacer algo más de lo que señala el...
 Prepárate para excederte en el...
 Al principio los jóvenes iban...
 El anciano no paró de andar y les...

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