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El buen vino de la taberna de las Tres Gallinas
Por Gabriel Marañón Baigorrí
Una noche
del mes de abril de 1847 regresaba a su casa San Juan Bosco después de haber
asistido a un enfermo. Avanzaba a prisa por las silenciosas calles de Turín,
cuando al doblar una esquina vio cerca de él un grupo de jóvenes mal trazados,
de unos dieciocho años de edad, que estaban ociosos junto a la puerta de una
taberna. De buena gana hubiera cambiado de ruta San Juan Bosco. Pero ellos le
vieron y uno de los jóvenes le saludó con una blasfemia. San Juan Bosco, que
tenía un espíritu audaz, se puso delante de ellos y les dijo: "Buenas
noches, amigos; me parecía que me llamabais, ¿qué tal estáis?". El
grupo quedó tan sorprendido que no supieron qué contestar. Por fin uno de
ellos rompió el silencio y dijo que tenía mucha sed, pero no tenía dinero.
Otro le indicó a San Juan Bosco les pagara una ronda. San Juan Bosco,
sonriente, les dijo: "Con mucho gusto. Y además les pagaré dos". Uno
de ellos le cogió familiarmente del brazo y le dijo: "Suelte la
mosca". Pero San Juan Bosco le replicó: "Yo también quiero beber con
vosotros". San Juan Bosco se dirigió con todos ellos a la taberna de las
Tres Gallinas, pues en ella se vendía un vino superior.
Eran unos veinte muchachos. San Juan Bosco se puso a la
cabeza de ellos. Le cogieron del brazo y alegremente marcharon por la calzada,
cantando una bonita canción. San Juan Bosco, que sabía muy bien aquella canción,
les acompañó con su voz, que era muy agradable y sabía entonar con belleza y
armonía. Entraron en la taberna de las Tres Gallinas y San Juan Bosco pidió un
par de botellas del mejor vino. Llenó los vasos de todos ellos menos el suyo.
"¿Usted no bebe?", le preguntaron. "Mirad -dijo-, están dando
las doce de la noche y si bebo no podré celebrar la Santa Misa hoy." (El
ayuno eucarístico entonces empezaba a las doce de la noche.) El vino estaba
delicioso. Volvieron a beber otro vano de vino.
San Juan Bosco les suplicó con mucho amor que no blasfemaran
de Dios como lo hacían a cada instante. Ellos le prometieron no volver a
blasfemar.
Al cabo de un rato salieron de la taberna. Como no tenían dónde
dormir San Juan Bosco les invitó a ir a su casa a descansar.
La madre de San Juan Bosco, al ver a tanto joven de aspecto
tan desastrado, se alarmó. Pero su hijo la tranquilizó, diciéndole: "Son
unos buenos amigos, madre". San Juan Bosco les condujo al granero. Les dio
a cada uno de ellos una manta, que se las habían regalado para los chicos que
pensaba recoger; les hizo rezar un Padrenuestro y un Avemaría, les aconsejó
silencio y orden y les dio las buenas noches.
Llegado el día siguiente, San Juan Bosco salió al patio a
dar los buenos días a los muchachos pero en el patio no había nadie. La madre
de San Juan Bosco, mamá Margarita, preparaba el desayuno para todos. Subió
entonces al granero y lo encontró vacío. Los pillos se habían marchado, llevándose
las mantas San Juan Bosco rió de buena gana, diciendo: "Bendito sea Dios,
que me las dio y me las quitó".
San Juan Bosco nunca se acobardó ante los fracasos que tuvo;
su espíritu alegre y optimista supo enfrentarse con todos los problemas de la
vida y triunfó.
Explicación Doctrinal:
Lo que conviene en este mundo es mantener un espíritu alegre
y optimista. No te dejes invadir por la tristeza. Si algún día estás triste y
pesimista, arroja de ti la tristeza porque envenena el alma, y el cuerpo. Piensa
en Jesús, cuando concurrió a las alegres bodas de Caná; piensa en el canto de
los pájaros, en la belleza de las flores; piensa en el bien que puedes hacer a
tus semejantes. Saluda con amor a tus familiares y amigos. Sonríe con la cara,
aunque estés triste, y verás como despachas la tristeza.
Ten presente que la alegría y optimismo es fuente de salud
para el alma y el cuerpo
La alegría y el optimismo no debe impedir el que seas precavido y sagaz con los
hombres. Ni confíes en todos, ni a todos juzgues indignos.
Norma de Conducta:
Tendré siempre en mi vida un espíritu alegre y optimista.
Con la
autorización de: www.encuentra.com
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