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Para
forjar el carácter de los chicos hay que enseñar virtudes La
educación del orden Desarrollo
de las virtudes Qué
son los valores y por qué son tan importantes para la educación
PROGRAMAS
Técnicas
de estudio
Ejercicios de subrayado, esquemas y repaso con el ordenador.
www.aplicaciones. info/cd1te.htm Ortografía
para 1º y 2º P (6 y 7 años)
ELectura comprensiva, ortografía y sinónimos para los pequeños.
www.aplicaciones. info/cd4no12.htm |
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La educación del orden antes de los seis años
El orden
es un valor que se encuentra en la base de todos los demás valores humanos, a
los que sirve de apoyo. Los primeros años de vida de nuestros hijos resultan
muy importantes para una buena educación en el orden, ya que el periodo
sensitivo de este valor se vive con la máxima intensidad entre el primer y
tercer año. A partir de los siete, por otro lado, interesa que los hijos
interioricen los buenos hábitos adquiridos en los años precedentes.
El orden
se manifiesta en múltiples facetas que podemos observar en la vida diaria: cómo
organizan los hijos sus juguetes y pertenencias, cómo distribuyen su tiempo,
etc. El orden facilita la convivencia familiar, a través de pequeñas normas de
conducta que permiten una convivencia grata y "ordenada". No se trata
de "cuadricular la vida" sino de establecer unos mínimos que
faciliten conseguir algunos objetivos muy valiosos, como es la vida en familia.
Sin
embargo, existe también el peligro de centrarse únicamente en que los hijos
adquieran destrezas, simples hábitos de orden que no llegarán a ser
incorporados a su personalidad; como si nunca se hiciesen adultos. Es cierto que
los hábitos son la base de las virtudes pero hay que completarlos con la
autoconsciencia y la libertad hasta conseguir que se actúe con orden porque se
conoce qué significa ser ordenado y se quiere para sí. De este modo, el orden
será algo connatural a la persona, nunca una manía sin razón de ser.
Al hablar
de orden no nos referimos ni exclusiva ni fundamentalmente al orden material, de
las cosas, sino al orden en la persona. Por eso, junto al orden consideramos un
bloque de virtudes relacionadas como: Dominio de sí, templanza, sobriedad,
austeridad, equilibrio personal, serenidad, sentido de la economía y del
ahorro, higiene y limpieza.
El periodo
sensitivo o sensible del orden se vive con la máxima intensidad entre el año y
los tres años. Un niño de dos años sabe perfectamente que cada cosa debe
tener su sitio. Un niño de corta edad es capaz de disfrutar siendo ordenado y,
además, necesita orden y estabilidad en su ambiente. Cuando un niño se
acostumbra a tener los juguetes ordenados en el mismo sitio, tenderá a mantener
el orden, lo hará como un juego más y encontrará satisfacción en hacerlo. La
educación del orden comienza con la propia vida del niño y es necesario para
su correcto desarrollo. Ya desde que son bebés se puede intentar dar cierta
regularidad a los horarios de comida, a las horas de sueño, a los paseos,
necesidades fisiológicas, etc. En estas edades, no es difícil lograr que el niño
guarde sus juguetes o su ropa en el mismo lugar. Para ello, hay que jugar con él
repetidas veces a poner las cosas en el mismo lugar y en el mismo orden Cuando
lo aprende, disfruta poniendo las cosas en su sitio. El niño también piensa
que tiene su lugar donde situarse y normalmente le gustará dormir en la misma
cama y sentarse a comer en la misma silla. Los niños van desarrollando su
propio sentido del orden lógico y tienden a ordenar por tamaños, por tipos,
etc. Así vemos que guardan todos los coches juntos, todas las muñecas juntas,
o que han distribuido un grupo de libros en grandes y pequeños.
Hábito
base
Hasta los
seis años, lo que vamos a enseñar a nuestro hijo consiste, más bien, en el
orden material: colocar cada cosa en su sitio, que todo quede limpio, etc. Pero
éste es tan sólo un primer paso. Cuando crezca, el hábito adquirido primero
con los objetos materiales, le ayudará a mantener un orden su cabeza y a ser más
eficaz en todo lo que se proponga. Saber organizarse es algo que se aprende de
pequeño, empezando por organizar los juguetes en el cuarto. No se improvisa. El
orden es un hábito base para muchos otros. Gracias a él, podemos organizar
mejor el tiempo y las ideas, somos capaces de sacar mayor partido a lo que vemos
y aprendemos... Un niño que se habitúe a vivir en el caos, sin que le enseñen
a ordenar cuando crezca tendrá más dificultad para elaborar un simple informe
estructurado en su empresa o incluso para establecer sus propias prioridades en
la vida.
¿Cómo
lograr que los niños dejen las cosas en su sitio sin tener que recordárselo?
En primer
lugar debe estar claro cuál es el sitio de cada cosa. Interesa que los niños
dispongan de un cajón o caja, estantes y un juguetero a su alcance donde puedan
guardar sus cosas. Así se les acostumbra a que cada cosa tiene un sitio y
siempre el mismo. Por ejemplo, en lo que se refiere al cuidado de la ropa,
resulta eficaz ayudarle a colgar las prendas que se quita y ponerlas en un
colgador que esté a su alcance; si deja las prendas fuera del lugar asignado,
debemos enseñarle que se ensucian o se arrugan y hacer que las ponga en su
sitio. A continuación, habrá que ser muy paciente y muy perseverante en la
presentación de modelos de conducta ordenada. Para que los niños puedan
desarrollar el hábito del orden, además de enseñárselo, debemos
proporcionarles un modelo repetido. Necesitará que sus padres o personas
mayores le sirvan de modelo repetidas veces, para poder imitarlos. Con la misma
facilidad con que son capaces de imitar el orden tienen habilidad para imitar el
desorden, si se les acostumbra con el ejemplo a dejar las cosas cada vez en un
lugar diferente.
Cadenas de
sucesos
Son muy
eficaces para los más pequeños las cadenas de sucesos (acciones repetitivas,
constantes y sistemáticas, con un orden prefijado), por ejemplo, al regresar
del colegio para comer han de: 1. Saludar a sus padres. 2. Colgar el abrigo. 3.
Lavarse las manos. 4. Ir a la cocina a por las servilletas. 5. Sentarse a comer.
Pueden
establecerse cadenas para la hora de levantarse, de acostarse, de ponerse a
jugar, etc. Por ejemplo, los niños deben habituarse a: dejar todo para comer,
cuando su madre les llama; guardar los juguetes al terminar de jugar.
Otros
ejemplos de cadenas de sucesos relacionados con los hábitos de higiene pueden
ser: AL LEVANTARSE: ir al WC, lavarse las manos y la cara, cepillarse los
dientes y peinarse. ANTES DE COMER: lavarse las manos. Después de comer lavarse
las manos y cepillarse los dientes... Con este tipo de encadenamientos lógicos,
los niños responden a sus necesidades básicas con poco esfuerzo y con menos
riesgo de olvido, y la rutina les proporciona seguridad.
Padres
ordenados
También
es interesante invitar a los niños a participar en actividades de orden de los
padres: ordenar los libros de la biblioteca, limpiar y ordenar los utensilios en
la cocina, observar cuando se hace la maleta, etc. También se les pueden pedir
razones de su propio sistema de ordenar las cosas para que vayan captando el
interés que tiene el encontrar el sitio apropiado para cada cosa, de modo que
no se estropee y se lo encuentre con facilidad cuando sea necesario. Del mismo
modo, interesa enseñar a utilizar los objetos ordenadamente: telefonear, pegar
unas lotos en un álbum; etc. En cada caso existen unas reglas o pasos para que
los hijos lleguen a utilizar los objetos adecuadamente.
Un
verdadero desorden. No puede decir que hay orden cuando...
Se recoge
la habitación a última hora de la noche, cuando el desorden ha llegado a un
extremo que ni nosotros ni el niño somos capaces de afrontarlo. Se distribuye
al azar por cajones y cestos los diversos juguetes, etc., para quitarlos de la
vista, sin colocarlos en el sitio que corresponde a cada uno, creando un
desorden que –aunque no se vea- es aún mayor. Se pone en su sitio los lápices
sin afilar, se coloca en el armario la ropa sucia o se guarda en la caja
juguetes rotos. Al recoger, hay que revisar las cosas, para retirar lo que hay
que limpiar, arreglar o tirar. Se guarda las piezas del mecano cuando aún hay
un hermano que no ha terminado su construcción. Cada cosa tiene su momento, y
ordenar también. No podemos convertirlo en obsesión.
José
Antonio Alcázar. De www.edicionespalabra.es
www.edufam.com
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