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OTROS TEMAS Cómo no animar a la lectura a tus hijos de primaria Cómo contagiar el placer de leer: 11 consejos Lectura (1) Los primeros años: del nacimiento a preescolar PROGRAMAS Técnicas
de estudio Ortografía
para 1º y 2º P (6 y 7 años) |
La lectura: cómo contagiar ese virus tan beneficiosoVes a tu hijo mirando la tele, dando patadas al balón, hablando por teléfono...todo menos coger un libro y leer. La afición a leer, que los padres valoramos tanto, parece ser el último recurso para los chicos. Tu primer impulso es echarle una bronca., pero hay otros procedimientos, más lentos, pero más efectivos. La afición a leer ha de actuar por contagio porque cuando se contrae la afición a la lectura, es difícil ya curarse…
Algunos padres tienen la impresión de que sus hijos no leen jamás. Les parece
que cualquier afición, dinámica o sedentaria, resulta más atractiva para los
chicos que coger un libro. En consecuencia, nace en ellos el deseo de ver a los
niños más aficionados a la lectura. Entre los ocho y los doce años se generan muchos hábitos y aficiones; los niños están abriéndose al mundo, conociendo posibilidades y adquiriendo autonomía de movimientos. Es pues una edad adecuada para desarrollar un hábito lector que pueda consolidarse después en la adolescencia. Los padres tenemos un papel a jugar en la creación y consolidación de este hábito. Pero hay que tener claro que las estrategias para conseguir un hábito lector presentan unas peculiaridades diferentes a las que solemos emplear para conseguir otros propósitos. Es ineficaz plantearlo como una actividad de estudio, como plantearíamos, por ejemplo, la hora de los deberes. El famoso pedagogo y escritor italiano Gianni Rodari creó, con mucha ironía, unos consejos para conseguir que los niños "odiaran la literatura". Repasándolos vemos muchas de las actitudes equivocadas que empleamos a veces los adultos para conseguir que nuestros hijos lean. Por ejemplo, solemos presentar el libro como una alternativa (buena) a la televisión (mala) o a los cómics (malos). O les reñimos porque tienen demasiadas distracciones y diversiones. O les obligamos a leer un libro concreto sobre el que después tendrán que contestar unas preguntas. De esta manera el niño ve el libro como algo alejado de las "distracciones" que realmente le gustan, y, en cambio, lo identifica como algo muy próximo a los deberes escolares. La animación a la lectura difícilmente se consigue por imposición. Se obtiene a través de un tratamiento positivo, obrando indirectamente para que se cree un clima favorable a la lectura. Hay quien dice que la afición de leer actúa por contagio: por contagio de unas actitudes, de un ambiente o de una oferta creada en su entorno para que se desarrolle este beneficioso "virus". Muchas veces las aficiones y los gustos están más ligados a la afectividad que a la efectividad. Más próximo a la persuasión que de la obligación. Se trata de conseguir que el hábito nazca de los propios niños, de crear las condiciones favorables para que surja de ellos el deseo de leer, y de seguir leyendo. He aquí unas cuantas líneas de actuación interesantes: ·
La
primera: Crear en casa un ambiente de lectura.
Ver al padre o a la madre con un libro o un periódico en las manos se convierte
en una referencia importante del propio comportamiento. Supone además que en la
familia hay ratos dedicados a la lectura a los que los hijos se pueden sumar. ·
La
segunda: Hablar sobre libros.
Oír cómo se comenta el interés -o incluso el aburrimiento, por qué no- que
suscita la novela que tienes entre manos prolonga la actividad lectora; se crea
una transmisión de saberes y de comunicación muy importante para cimentar el
gusto lector. ·
La
tercera: Leer los libros apropiados para tu hijo.
Acercarse a la inmensa oferta actual de libros infantiles y compartirlos con los
hijos va a suponer para muchos padres el descubrimiento de una literatura rica y
variada, que proporciona momentos de conversación e intercambio con los niños. ·
La
cuarta: Buscar entre esta oferta temas que conecten con sus aficiones.
Hay libros infantiles sobre muchos campos y dirigidos a mentalidades y edades
muy variadas. No hay duda de que sobre lo que le gusta a tu hijo hay también títulos
interesantes que le pueden atrapar. ·
La
quinta: Convertir la tele en una aliada, no en un enemigo.
Si la pequeña pantalla es lo que realmente le engancha, hay que fijarse en sus
programas y películas preferidos y tratar de buscar libros relacionados con su
pasión. Tenemos ya garantizado un mínimo de interés. ·
La
sexta: Conocer la biblioteca pública del barrio.
Los fondos de la sección infantil y juvenil de las bibliotecas públicas
ofrecen muchos más libros de los que se puedan comprar en casa. Suelen
celebrarse además actividades de animación a la lectura y encuentros con otros
lectores. ·
La
séptima: Incluir en las salidas de compras una vuelta por una buena librería.
Aunque no se compre nada, es bueno ver las novedades que han aparecido, o qué
hay sobre un autor o un tema que le interesó. ·
La
octava: Tratar de averiguar qué tipo de lector es nuestro hijo y respetar sus
ritmos.
Hay lectores compulsivos, que no paran hasta que hayan terminado el libro. Los
hay, en cambio, calmosos. Hay lectores a quienes les gusta releer el mismo libro
y los hay ávidos de novedades. Los hay noctámbulos y diurnos. Darle un margen
a su manera de leer contribuye a consolidar el hábito. · La novena: No empeñarse en que le guste lo mismo que a sus padres. Hay que recordar que se está forjando su gusto por la lectura, no el de papá y mamá. Y hay que saber esperar para dar los libros adecuados en el momento oportuno. Para terminar, el consejo más importante: no hay que impacientarse si vemos que estas estrategias no funcionan a la primera. Justamente porque actúan de manera indirecta, cuesta a veces que arraiguen desde el primer momento. A base de tantear, de descubrir sus aficiones y sus inquietudes se puede ir marcando la línea por la que desarrollar este hábito de manera efectiva, y, sobre todo, afectiva.
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