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Oratoria en positivo
En el presente artículo, su autor, responsable de la Asesoría de
Técnicas de Estudio y del Programa de Mejora Personal de la Universidad Carlos III de
Madrid, abre una reflexión sobre uno de los ámbitos de expresión personal más usuales
y, quizá, hoy desatendido: la expresión verbal en público, la oratoria.
Guillermo
Ballenato Prieto
Psicólogo-Formador
Todos los estilos son
buenos menos el aburrido
(Voltaire)
La oratoria resulta esencial para el éxito personal,
social, académico y profesional, y no es algo reservado a directivos, docente, juristas, políticos, comerciales o artistas. Tarde o temprano todos
tenemos que afrontar la situación de hablar delante de un grupo de personas: presentar un
trabajo o proyecto, un examen oral, una conferencia o clase, intervenir en un debate o
reunión, presidir una junta de vecinos, decir algunas palabras en una celebración
especial. En cada uno de estos actos nos presentamos ante los demás y está en juego
nuestra imagen pública. Y, como se suele decir al referirse a la oratoria, no
dispondremos de una segunda oportunidad para causar una primera impresión.
Normalmente estamos más dispuestos a pasar pronto el mal trago que a disfrutar
realmente de la ocasión. Es preciso aprender a entender la oratoria como un regalo. El orador tiene la palabra, la oportunidad de expresarse
según su criterio, conocimiento y experiencia, y compartir sus ideas con los demás.
Tiene el privilegio de contar con una audiencia dispuesta a escuchar, a prestar atención
y a dedicarle su tiempo. La experiencia puede resultar verdaderamente gratificante.
El orador, ¿nace o se hace? Las habilidades para la oratoria se
aprenden, y la experiencia las va desarrollando continuamente. El conocimiento del
contenido a exponer es una condición necesaria, pero no suficiente, para garantizar el
éxito de un discurso. Éste dependerá en gran medida de aspectos como la preparación o
la capacidad del orador para expresar las ideas con claridad.
De los puntos principales a tener en cuenta para desarrollar una oratoria eficaz,
será clave nuestra habilidad para adaptar las técnicas a nuestra
personalidad y estilo propios, así como al contexto y características del auditorio. El
discurso puede variar sensiblemente según sea el tamaño de la audiencia, la hora en que
se realiza, o la edad y perfil de los asistentes.
Consejos básicos
Si
queremos solventar los errores más frecuentes de la oratoria deberemos tener presentes
algunos consejos básicos: dirigir la mirada hacia la audiencia como
muestra de sinceridad e interés, evitar leer el discurso, preparar especialmente el
inicio y la conclusión del mismo, hablar con un tono, velocidad y dicción adecuados,
cuidar y moderar nuestros movimientos, agradecer al público su asistencia, atención y
participación.
Es necesario aplicar ciertas dosis de autocontrol para mantener un adecuado nivel de
activación que nos disponga a actuar y a responder de forma eficaz durante la
exposición. La preparación y la autoconfianza son dos buenos antídotos frente a los
nervios. Con frecuencia éstos tienen su origen en la insuficiente preparación, y
en el exceso de atención que nos prestamos a nosotros mismos, generalmente en negativo:
no lo llevo bien preparado, me voy a quedar en blanco, voy a perder el hilo, me van
a preguntar... Es necesario salir del yo para centrarnos en el nosotros,
en la audiencia que tenemos delante, y en sus necesidades y motivaciones. Lo
verdaderamente importante en la oratoria no es el ponente, sino las personas que componen
su audiencia, y el mensaje que desea transmitir.
El orador se proyecta íntegramente hacia la audiencia, con sus temores, prejuicios,
ilusiones. Transmite sus creencias, su particular enfoque de la vida. Conviene revisar
previamente nuestras actitudes y nuestro mensaje, para asegurarnos de la capacidad del
discurso para nutrir a la audiencia. Orientar el discurso en negativo,
limitándonos a destruir los argumentos en contra, a veces deja en evidencia la falta de
solidez de nuestra línea argumental y una cierta carencia de propuestas. Tampoco es
razonable partir de la premisa de que el público está en contra de nuestro discurso.
La riqueza personal del orador se traslada a la audiencia como si se
tratase de vasos comunicantes. Podríamos establecer algo así como la teoría de
las bocas comunicantes. La energía se transmite entre el orador y su audiencia,
fluye libremente en las dos direcciones, igualando los niveles de ambos. Una
audiencia entregada puede obtener lo mejor de un orador. Y, del mismo modo, un discurso en
positivo, constructivo, centrado en cualidades, ventajas, posibilidades y alternativas, y
proyectado hacia el futuro, suele contagiar a los oyentes.
El aprendizaje de las habilidades para la oratoria va estrechamente ligado a nuestra
propia mejora personal. Es un proceso en el que probablemente descubramos en nosotros
facetas, recursos y aptitudes que se mantenían ocultos, sin explorar. En cada persona
suele haber un gran orador por descubrir. Sólo es cuestión de eliminar las barreras que
lo ocultan, poner a su disposición algunas herramientas sencillas, hacer crecer su
seguridad y confianza en sí mismo, y darle la oportunidad de salir a escena. Lo demás
suele ser cuestión de preparación, actitud positiva y práctica.
Oratoria eficaz
Objetivo: informar, convencer,
formar, vender, entretener.
Contenido: selección, estructuración, construcción del discurso.
Comunicación: lenguaje, vocabulario, imagen, contacto visual, gestos, movimientos.
Retórica: datos, ejemplos, anécdotas, citas, humor.
Apoyos: documentación, audiovisuales.
Preparación: ensayos, control del tiempo, posibles preguntas.
Autocontrol: mentalización, relajación, respiración.
Autoconfianza: creencia en la propia capacidad y conocimientos.
Motivación: interés, convicción, entusiasmo.
Adaptación: al contexto, a la audiencia.
Participación: preguntas, naturalidad, empatía, sensibilidad y tacto.
www.cop.es/colegiados/m-13106
gballenato@correo.cop.es
Con la autorización de: http://comunidad-escolar.pntic.mec.es
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