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Madre Teresa de Calcuta: Una vida volcada en los demás
>> La Madre Teresa de Calcuta ha sido beatificada el 19 de octubre de 2003
por Juan Pablo II. Ha sido el proceso de beatificación más rápido de la
historia de la Iglesia, un dato que testimonia su fama mundial de santidad.
La vida
de Ganxhe Bojaxhiu –futura Madre Teresa- comenzó en el seno de una familia
católica albanesa. Fue dentro de la familia, y sobre todo gracias a la intensa
religiosidad de su madre, Drana, que en ella se despertó, a sus sólo 12 años,
la vocación a la vida religiosa. Ganxhe nació el 26 de agosto de 1910 en
Skopje, capital de Macedonia, que en aquel entonces era una pequeña ciudad de
veinte mil habitantes bajo el dominio turco, pero que había pertenecido durante
mucho tiempo a Albania.
Tuvo dos hermanos mayores Age y Lázaro con quienes se llevó
siempre muy bien. Como relata Lázaro que murió en 1981, "a nuestra
familia no le faltaba nada porque mi padre tenía un negocio de materiales de
construcción, en sociedad con un italiano, y poseía dos casas con jardín".
La pasión política del padre desembocó al parecer en su
propia muerte. En 1919, Nikoll Bojaxhiu viajó a Belgrado para participar de una
reunión de los nacionalistas albaneses. Al regresar a casa, de noche, dijo a su
mujer Drana que se sentía mal. En la madrugada lo llevaron a un hospital con
una hemorragia interna y falleció al día siguiente, mientras lo operaban.
Ganxhe tenía entonces nueve años y la familia sospechó
siempre que el padre de la futura Madre Teresa había sido envenenado. La
desgracia terminó con la prosperidad familiar. El socio italiano liquidó la
sociedad y la madre de Teresa debió asumir los gastos de su familia.
"No había cumplido aún 12 años cuando sentí el deseo
de ser misionera", contó más tarde la Madre Teresa. "A los pies de
la Virgen de Letnice, escuché un día la llamada Divina que me convencía de
servir a Dios", dijo muchos años después la Madre Teresa quien confesó
descubrir la intensidad del llamado gracias "a una gran alegría
interior".
Cuando cumplió 18 años, el llamado a la vocación religiosa
se hizo irresistible para Ganxhe y el 25 de septiembre de 1928 partió para
siempre de Skopie rumbo a Rathfarnham, en Irlanda, donde se encontraba la casa
general del Instituto de la Beata Virgen María. Ganxhe quería ser misionera en
la India y el jesuita le había informado que en el Estado de Bengala las monjas
de esa congregación hacían una labor excelente. Tras un largo viaje la futura
religiosa llegó a la casa de las Damas Irlandesas o Hermanas de Nuestra Señora
de Loreto. La acogida fue afectuosa y la estadía en Rathfarnham fue sólo
momentánea ya que embarcó rumbo a Bengala. Luego de 37 días en alta mar llegó
el 6 de enero 1929.
Durante la primera semana estuvo en Calcuta y de ahí viajó
51 días hasta Dajeerling, al seminario de la Orden. Comenzó a estudiar y
cuando llegó la hora de profesar, el 24 de mayo de 1931, eligió el nombre de
Teresa.
"Querida mamá, me gustaría mucho estar contigo, Age y
Lázaro, pero debo decirte que tu pequeña Ganxhe es feliz... Esta es una vida
nueva. Soy profesora y el trabajo me gusta. Todos aquí nos queremos
mucho", escribió a su madre Drana, a quien nunca más volvió a ver desde
que se fue de Skopje, en 1928. También con estas palabras, la joven albanesa
describía concretamente la segunda etapa de su vida, entre los 18 y 38 años de
edad, donde ya con el nombre de Teresa, era religiosa de las Damas Irlandesas en
la India y profesora de historia y geografía, destinada en apariencia a una
vida tranquila.
Tras su desembarco en 1929 en Calcuta, la novicia adolescente
tomó otros 51 días de viaje para arribar a Darjeeling, donde estaba el
convento de la orden fundada por la misionera Mary Ward. La "pequeña
postulante eslava" se empeñó en el noviciado, estudió para enseñar, que
era la especificidad misionera de las Damas Irlandesas, y profesó los hábitos
en mayo de 1931, a los 21 años. De acuerdo con las constituciones de la
Congregación de Loreto, debía cambiar de nombre.
“Elegí llamarme Teresa”, contó años después debido a
la figura inspiradora de Santa Teresa de Ávila. "Pero no fue por la grande
Teresa que elegí el nombre -dijo-sino por la pequeña: Santa Teresa de Lisieux".
La hermana Teresa fue destinada a las cátedras de historia y geografía en el
colegio de Santa María, único secundario para muchachas católicas de Calcuta.
La escuela estaba reservada a las familias de clase media y alta.
Pronto, su labor se multiplicó y comenzó a enseñar también
en el colegio Entally, de su congregación, donde iban chicas pobres. Su trabajo
era óptimo y las superioras de la Congregación la nombraron directora escolástica
del colegio Saint Mary. Sin embargo ya se vislumbraba su llamado concreto cuando
la religiosa empezó a dedicarse a las "Hijas de Santa Ana". Esta era
una rama de las monjas de Loreto integrada por hermanas indias de Bengala, que
cumplían con la regla jesuítica impuesta por la fundadora Mary Ward.
Las Hijas de Santa Ana vivían con las usanzas bengalíes y
sin duda inspiraron mucho a Teresa en su proyecto posterior de dar vida a las
Misioneras de la Caridad. Vestían el sari indio tejido en algodón pobre. Comían
sentadas sobre la tierra, como en las aldeas de donde provenían, comían con
las manos de acuerdo al estilo campesino. Rezaban y meditaban en la capilla
sentadas o arrodilladas sobre esterillas. Teresa fue encargada de dirigir la
formación espiritual de las Hijas de Santa Ana, que hoy forman una congregación
autónoma.
El momento crucial para su vida que la convertiría en la
Madre Teresa de Calcuta, se produjo de improviso. Ella misma nos lo cuenta:
"Ocurrió el 10 de septiembre de 1946, durante el viaje en tren que me
llevaba al convento de Darjeeling para hacer los ejercicios espirituales.
Mientras rezaba en silencio a nuestro Señor, advertí una llamada dentro de la
llamada. El mensaje era muy claro: debía dejar el convento de Loreto (en
Calcuta) y entregarme al servicio de los pobres, viviendo entre ellos".
Aquella visión, que Teresa consideró de inspiración sobrenatural, fue una
iluminación interior que presentó de inmediato una enorme complicación: cómo
llevarla a cabo.
Recibió el permiso desde la Santa sede y empezó por llevar
a los moribundos de las calles a un hogar donde ellos pudieron morir en paz y
dignidad. También abrió un orfanato. Gradualmente, otras mujeres se le unieron
de modo que, en 1950 recibió la aprobación oficial para fundar una congregación
de religiosas, las Misioneras de la Caridad, que se dedicarían a servir a los más
pobres entre los pobres. Cuando el 7 de octubre de 1950 el Papa Pío XII
reconoció a la congregación, la institución de la Madre Teresa contaba con
cientos de miembros en todo el mundo. Las Hermanas de la Caridad son casi 4,000
repartidas en 424 casas establecidas en 95 países de todo el mundo. Dispuestas
a defender la vida, la congregación se movilizó en más de una ocasión en
defensa de los derechos de los pobres , contra el aborto y la eutanasia.
No sólo el actual Papa expresó una especial admiración a
la valiente misionera, sino que anteriores pontífices también le manifestaron
su máximo respeto. Pablo VI le concedió en los años 60 un pasaporte diplomático
vaticano a causa de una mediación humanitaria que la Madre Teresa realizó en
Pakistán.
El Premio Nobel de la Paz llegó en 1979. La Madre Teresa lo
aceptó con la misma humildad con la que siempre recibió los múltiples
homenajes que se le concedieron y destinó a sus pobres los casi 12,000 dólares
del galardón.
La Madre Teresa de Calcuta falleció el viernes 5 de septiembre
de 1997 víctima de un paro cardíaco. Miles de personas de todo el mundo se
congregaron forman largas filas en la Iglesia de Santo Tomás para despedirse de
la Madre Teresa.
Teresa de Calcuta corresponde al modelo exacto de conducta
que Juan Pablo II propone a la sociedad moderna y mantenía hacia la misionera
una admiración incondicional. Además, ella rubricaba por completo y de forma
activa la doctrina más discutida de la Iglesia: siempre ha condenado los
anticonceptivos y viajado a varios países, entre ellos España, a protestar en
persona contra las leyes de regulación del aborto o el divorcio. También creía
que el sida era un castigo a conductas desviadas.
Una vida corriente hecha de continuos y pequeños actos
heroicos de amor a Dios y a los demás. Eso es lo que subraya la Iglesia cuando
beatifica o canoniza a un santo, y no lo acontecimientos extraordinarios. Por
eso puede proponernos su vida y enseñanzas como modelo, porque son asequibles
–en su esencia- a todos los hombres.
Tomado de www.piensaunpoco.com, 19.X.03
Con la
autorización de: www.encuentra.com
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