| |
OTROS TEMAS
La
primera clonación humana Los
derechos fundamentales del niño Las
grandes promesas de la medicina reparadora ¿Superhombres
felices?
PROGRAMAS
Ejercicios
interactivos
Un CD con ortografía, cálculo, lecturas, poesías, adivinanzas, técnicas
de estudio orientación y mucho más.
www.aplicaciones. info/cd7ei.htm Técnicas
de estudio
Ejercicios de subrayado, esquemas y repaso con el ordenador.
www.aplicaciones. info/cd1te.htm |
|
|

25 años del primer
"bebé probeta"
El 25 de julio de 1978, tras numerosos ensayos fallidos, nació la denominada
primera “bebé probeta”: término popular hoy en desuso, y escasamente
descriptivo del complejo proceso de la procreación asistida. Veinticinco años
después se puede hacer balance de lo que ha supuesto esta práctica: qué era
al principio y en qué se ha convertido, cómo ha cambiado el Derecho de familia
y el estatuto del embrión humano.
José Miguel
Serrano Ruiz-Calderón
16/07/2003.-
Louise Brown nació en
Inglaterra, fruto del esfuerzo de los médicos Patrick Steptoe, ginecólogo del
Oldham General Hospital, y Robert Edwards, fisiólogo de la Universidad de
Cambridge. Sus padres habían intentado durante años tener un hijo pero una
obstrucción en las trompas de Falopio de su madre lo impedía.
La técnica aplicada para tan sorprendente
proceso, que hizo recordar a muchos las previsiones de la obra de Aldous Huxley Un
mundo feliz, se venía desarrollando desde 1966 pero había fracasado
siempre a las pocas semanas de la transferencia del embrión a la madre.
Desde 1978 la técnica fue mejorando sus
escasas cifras de éxito y se extendió en muchos países, constituyendo una
esperanza de tener hijos para mujeres con impedimentos de diverso tipo. Si bien
desde el punto de vista demográfico el fenómeno de la fecundación in vitro
con transferencia de embriones (FIVET) ha tenido escaso impacto –unos
centenares de miles de nacimientos en los primeros veinte años–, en lo que se
refiere a las legislaciones, especialmente en Derecho de familia, y al estatuto
del embrión humano, el efecto ha sido muy notable. En efecto, la presencia de
donantes de esperma o de óvulos ha hecho que la fecundación asistida impactara
sobre cuestiones como el reconocimiento de hijos en las parejas, la investigación
de la paternidad o incluso a la evidencia de que el hijo es de la madre que da a
luz.
La procreación despersonalizada
El tiempo transcurrido es suficiente para hacer
un balance a la luz de la experiencia.
Una de las preocupaciones bioéticas más
profundas es el riesgo que la tecnificación está produciendo sobre el propio
ser humano, que ha pasado de sujeto de toda la acción científica a objeto de
la misma; de manipulador de la naturaleza a objeto de la propia manipulación en
una forma impensable antes de la revolución biológica.
La relevancia de la tecnificación de la
procreación humana reside en primer lugar en la sustitución del propio
concepto de procreación por el de producción, aunque sea con un fin benéfico;
sin embargo tiene un segundo eslabón en su impacto sobre el fenómeno del
nacimiento humano. El nacimiento humano es un fenómeno de libertad. Es el
principal sustentador de la novedad. Por ello la tendencia a su control es un
vano esfuerzo de control del futuro o, si se quiere, de manipular a los hombres
futuros. Aliado con la manipulación genética positiva, es decir, con la
predeterminación de cualidades personales elegidas de una forma exterior al
propio sujeto, es una amenaza al cambio real en aras de un absurdo esfuerzo de
control.
Por ello autores como Habermas se han mostrado
tan críticos con los intentos de presentar dicha manipulación como un intento
real de mejora respetuoso con la libertad humana. De hecho, las comparaciones
realizadas con la educación como forma de modelar a las nuevas generaciones se
han mostrado inadecuadas. La educación tiene necesariamente en cuenta la
libertad humana y todos los que nos hemos dedicado a esta actividad somos
conscientes del relativo impacto que tiene la repetición de esquemas del pasado
sobre las nuevas generaciones. Por el contrario, al predeterminar una cualidad
mediante manipulación preimplantatoria resolveremos cualidades del sujeto que
pueden provocar un fuerte rechazo en el mismo o al menos la certeza de que su
posible libertad se ha visto afectada. La selección inherente a la FIVET,
realizada ya en las clínicas, se verá pronto superada. Ya se ha comenzado con
la selección de sexo, donde la presión para que las causas médicas sean
sustituidas por un deseo más o menos razonable de los padres es
creciente.
Se cambia el estatuto del embrión
La FIVET ha exigido modificaciones legales y ha
incidido con fuerza en el estatuto del embrión. En efecto, la discusión sobre
el estatuto de estos miembros de la especie humana se ha visto mediatizada por
la necesidad práctica de favorecer estas técnicas. En cierta medida la polémica
se ha resuelto en un sentido que hiciera posible cada adelanto técnico. Esto es
lo que se ha denominado “función ideológica de la bioética”: una
moralización en el sentido nietzscheano que ha convertido en ético lo
conveniente. Obsérvese a estos efectos lo que ha significado la teoría de la
implantación como inicio propio de la vida humana y el peculiar hallazgo del término
preembrión. No puede deberse a una casualidad que esta teoría
adquiriese carta de naturaleza en el momento en que el favorecimiento de la técnica
lo hacía necesario.
En este sentido no sería aventurado afirmar lo
siguiente. La negación del estatuto humano de dignidad al embrión, aún más,
la redefinición de la vinculación entre ser de la especie humana y ser
persona, son imprescindibles para favorecer una más libre aplicación de la
FIVET, y aún más para permitir, por ejemplo, la clonación de investigación.
Existe un interés directo en recrear sucesivamente la definición de persona de
forma que se permitan nuevos pasos técnicos. Por el contrario, quienes
sostienen la personalidad del embrión, o al menos la exigencia de que se le dé
un trato digno, no proceden desde una perspectiva supersticiosa, ni padecen velo
que les impida ver la realidad: más bien son quienes se han acercado al fenómeno
desde una actitud desinteresada, es decir, no se han visto afectados por ningún
interés que predeterminara su actitud.
Ya no es solo para procrear
Si en torno a la FIVET se ha producido un claro
debilitamiento del estatuto del embrión, este se ha visto acentuado por algunos
efectos derivados. En España es especialmente relevante la cuestión de los
embriones congelados. Hay un número indeterminado –parece que son más de
30.000– de embriones sobrantes de la técnica que se crioconservaron
supuestamente con la finalidad de proceder a nuevas transferencias. El ejemplo
es muy ilustrativo de cómo se ha actuado en este asunto. En efecto, para
intentar mejorar las escasas cifras de éxito, se autorizó la producción de
embriones sobrantes y su posterior crioconservación. La legislación no se
preocupó en absoluto por el destino de los embriones congelados, salvo para
poner un plazo arbitrario de congelación y no resolver qué ocurriría más
adelante. En este sentido, la legislación española se mostró mucho más
permisiva que la alemana y casi predeterminaba una solución a la inglesa,
consistente en una destrucción periódica.
Pero el ejemplo de los embriones congelados
muestra también una posible derivación de la técnica. En principio se ha
sostenido que la función de la FIVET era exclusivamente procreativa. A lo más
se autorizaban investigaciones tendentes a la mejora del fin propuesto. Pero es
indudable que gracias a la FIVET se ha podido investigar sobre embriones humanos
de una forma incompatible con el reconocimiento de cualquier asomo de dignidad.
En 1998 se innovó con el término “clonación
terapéutica”. Se trata de investigar la posible utilización de técnicas de
clonación para producir embriones a los que, destruyéndolos, se les extraerían
células troncales utilizables en terapias regenerativas. Esta posición tendría
dos efectos. En primer lugar, eliminar la prohibición de clonación de humanos,
en la que hasta entonces casi todos se habían mostrado de acuerdo. En segundo
lugar, permitir la creación de embriones humanos con fines distintos a la
reproducción, barrera jurídica y moral que en su momento se consideró
insorteable y que ahora se pretende sortear.
A la luz de este proceso, inacabado en estos
momentos, podemos lícitamente preguntarnos si la FIVET no ha tenido efectos más
allá de la creación de unos cientos de miles de Luisas Brown. Sin la
autorización y generalización de estas prácticas los otros pasos que
requieren la radical reducción del estatuto del embrión humano no se habrían
dado.
José Miguel Serrano
Ruiz-Calderón,
profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Complutense (Madrid), es
autor, entre otros libros, de Eutanasia y vida dependiente (ver servicio
50/01) y Nuevas cuestiones de bioética (ver servicio 168/02).
(c)
Aceprensa
(www.aceprensa.com). Reproducido con autorización.
|
|
|
SECCIONES
Página principal Educar
los sentimientos Artículos
de educación 1 Artículos
de educación 2 Temas
de actualidad 1 Temas
de actualidad 2 Tolerancia Didáctica ENLACES Interrogantes Encuentra Solo
hijos Educación y
familia Aceprensa Conoze
|
|