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La drogadicción
José
Ignacio Calderón: “Hoy se rechazan las recetas que no encajan con el yo, la
diversión y la inmediatez”
Entrevista
con el director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).
Con la pasión de un cruzado de los de antaño, José Ignacio Calderón,
director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), está
dispuesto a compartir sus ideas sobre el consumo de drogas con cualquiera que
se le ponga por delante. Y más ahora, que la FAD acaba de estrenar campaña
de concienciación.
—Si las drogas no son buenas, ¿por qué tienen un nivel
alto de aceptación entre la juventud?
—Nos encontramos ante el problema de la percepción. En
el fenómeno de las drogas hay un estereotipo que está cambiando lentamente.
Hace unos años, al hablar de la droga se pensaba en la heroína. Hubo una
inundación de personas todas con la misma imagen. La gente se enfrenta a una
dificultad de comprensión muy importante, porque no conoce el fenómeno de
las drogas sino a través de la visión.
—¿Cómo ha evolucionado el consumo de drogas en nuestra
sociedad?
—Ha evolucionado muchísimo. Y ese cambio puede
percibirse en nuestras campañas, que lo ilustran muy bien. Por ejemplo, la
primera fue “Engánchate a la vida”, que estaba pensada exclusivamente
para el consumo de heroína; dieciséis años después nos encontramos con
“La educación lo es todo”... y entre ambas se puede apreciar toda la
evolución tanto de la realidad del momento como de la capacidad que la
sociedad tenía para percibir cosas nuevas. En mi opinión ahora estamos en el
momento más importante, estamos peleando durísimo para que la gente entienda
que la Educación es la única respuesta a conductas de riesgo social. Es la
única opción.
—¿Y de quién depende ese tipo de Educación?
—La Educación formal la hacen familia y escuela. Pero la
sociedad en su conjunto también es responsable. A esto apela nuestra última
campaña. Queremos decir que dejar la patata caliente en manos de los
educadores no puede funcionar. La Educación es un proceso complejo y largo en
el que inciden, influyen y participan muchos elementos sociales. Lo que ocurre
es que ésta es la sociedad de la comodidad, de la inmediatez. de las fórmulas
mágicas. Estos valores afectan al sistema en su conjunto y, por lo tanto,
afectan también al sistema educativo. Cuando le pides a la sociedad que asuma
la responsabilidad en un proceso que exige esfuerzo, estás proponiendo unas
situaciones que no son asumidas por la sociedad, porque ésta sólo da validez
a aquello que se produce inmediatamente. Estamos ante un complejo laberinto,
porque sabemos qué es lo que hay que hacer, pero la sociedad no lo asume. Los
padres quieren que alguien adquiera el compromiso de cara a sus hijos, y además
quieren una respuesta inmediata. El esfuerzo, la responsabilidad y la
disciplina son valores que han desaparecido y que han sido sustituidos por
otros valores como la inmediatez, la diversión... Por eso, tus recetas serán
bien acogidas si encajan con esos valores. La Educación es la única que
puede dar respuesta a esta cuestión. Lo que ocurre es que vamos a perder una
serie de generaciones por el camino porque el cambio es muy lento. Los padres
que nos llaman pidiendo ayuda se preguntan qué hacer. Pero la cuestión no es
esa, sino qué deberíamos haber hecho. No sólo los padres, sino la sociedad
en su conjunto. Y este discurso tiene una complejidad impresionante.
—¿Cuál es la causa de esas cosas que quedaron por hacer
y se deberían haber hecho?
—Lo primero es conocer el problema. Nosotros damos cursos
a los padres en los que les explicamos cuál es la realidad del fenómeno y,
al hacerlo, les dotamos de herramientas para que eduquen a sus hijos de una
manera saludable, no sólo en cuanto al consumo de drogas, sino también
respecto a la violencia, la intolerancia, el fracaso escolar, los embarazos no
deseados... Porque todos estos problemas tienen el mismo proceso. Hay que
potenciar la autoestima, el autocontrol, la capacidad de relacionarse con el
grupo. Hay que darle las herramientas para que, cuando el joven salga a la
calle, esté preparado no sólo para saber inglés e informática, sino también
para saber lo que hay en el mundo real y para tomar decisiones.
—La difícil comunicación entre padres e hijos y la
aparición de nuevos modelos de familia, ¿pueden
influir a la hora de que se cree una adicción?
—Yo creo que no. La familia es la institución más
valorada por adultos y jóvenes según todas las encuestas. Pero no está
aislada. Se impregna de lo que pasa en la sociedad, de los nuevos valores. Y
uno de ellos es el individualismo y la inmediatez. ‘El yo´ está en una
sociedad que se está acostumbrando a que “vale todo si a uno le vale”. Y
que “todo lo que hay lo puedes utilizar en tu beneficio porque tú tienes
derecho a pasarlo bien, a tener bienestar, a estar cómodo, a divertirte, y si
no es así debes reclamar porque tú estás aquí para eso”. Además,
mientras la familia de hace unos años era una familia de fusión, un proyecto
en el que había unos roles y donde la mujer se sacrificaba, ahora la familia
está afectada enormemente por un proceso de individualidades: Dos individuos
que toman la decisión de compartir sus vidas desde la individualidad. No hay
ninguna renuncia a nada. Los roles cambian profundamente y ese planteamiento
influye también en los hijos. Porque cuando los valores sociales empiezan a
tomar protagonismo para cambiar las cosas la realidad cambia sensiblemente. La
solución no es sencilla porque además conviven distintas generaciones con
distintos modelos de familia y a veces las responsabilidades educativas que
los padres tienen sobre los hijos no se pueden cumplir.
—Quizá esas soluciones pasen por delegar parte de la
responsabilidad como padres en los educadores...
— Esa es una de las fórmulas a la que recurren muchos
padres por distintas circunstancias.
—¿Cree que los profesores deben recibir una formación
específica para ayudar a los jóvenes?
—Los profesores deben hacer su función, de eso no hay
ninguna duda. Pero también hay que tener muy claro que los profesores no
pueden hacer la función de los demás. Por lo tanto, todo lo que sea
traspasarle funciones de terceros sin además establecer la coordinación y el
apoyo necesarios, es como llenar un cubo de agua lleno de agujeros: se va por
todos lados. A los educadores hay que exigirles, pero también hay que
apoyarles. Hay que coincidir con ellos en su responsabilidad, reconociendo el
trabajo que hacen y motivándoles... Los educadores piden información y
formación y que los padres se impliquen más en el proceso educativo de sus
hijos.
Daniel HERNÁNDEZ
Con
la autorización de: www.magisnet.com
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