Gran legado del Papa Magno
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Gran legado del Papa Magno a la Educación

      Juan Pablo II se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional y la construcción de templos, pero sobre todo, por la Educación, la promoción humana y formación religiosa de pobres y ricos.

      Juan Pablo II, el “Magno”, el Papa amigo del pueblo, fue infatigable en su aportación a la Educación y, sobre todo, fijó metas para los educadores cristianos. MAGISTERIO recoge una pequeña parte de su gran aportación al mundo de la enseñanza.

Educar a los jóvenes

      
¿Quiénes son los jóvenes, qué desean, hacia dónde van, qué es lo que necesitan? Entonces como hoy son preguntas difíciles, pero ineludibles, que todo educador debe afrontar.
Iuvenum Patris. Carta Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II.

Educar para la paz

      
   El Papa ha urgido al mundo a llevar a cabo una constante Educación en la legalidad, es cada vez más necesario construir juntos vías de paz, es imprescindible educar para la paz. Es necesario un nuevo orden internacional para abordar los problemas de desequilibrio entre países.
XXXVII Jornada Mundial de la Paz celebrada en la Basílica de San Pedro.

      Las futuras generaciones deben ser educadas en la “auténtica paz”. Es un tema más actual que nunca en estos meses en los que estamos preocupados por las situaciones bélicas en todos los continentes.
Discurso con motivo de la Semana Santa 2003.

Fe y Educación

   
   ¿La enseñanza puede ser de verdad camino para el hombre? Y viceversa, ¿es el hombre de verdad el camino de la enseñanza? La respuesta es afirmativa sin duda alguna, si la función educativa es connatural a la enseñanza, está claro que no puede existir sino para el hombre. “Una escuela para el hombre” significa tocar en lo vivo una problemática de importancia radical que afecta a la misma razón de ser de la enseñanza y su destino intrínseco de ser estructura de servicio.
   Las metas del educador cristiano. Discurso a los afiliados de la Unión Católica Italiana de Profesores.

      En una época de transición cultural, la Iglesia advierte preocupada, en el sector de la Educación, la necesidad urgente de superar el drama de la profunda ruptura entre el Evangelio y una cultura que subestima y margina el mensaje de Cristo.
   Iuvenum Patris. Carta Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II.

El papel del educador


      El amor se traduce por la dedicación primordial del educador como persona totalmente entregada al bien de los educandos, estando con ellos, dispuestos a afrontar sacrificios y fatigas por cumplir su misión en su formación como personas íntegras.
   Ello requiere estar verdaderamente a disposición de los jóvenes, profunda concordancia de sentimientos y capacidad de diálogo.
   Las metas del educador cristiano. A los profesores italianos afiliados.

Educación y deporte

      
   La Iglesia considera al deporte como un instrumento al servicio de la Educación de todas las personas cuando se transforma en promotor de los ideales humanos y espirituales más elevados y cuando ayuda a los jóvenes a tener en cuenta valores tales como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la solidaridad y la paz.
   El deporte, al superar las diversidades culturales e ideológicas de todo tipo, es una oportunidad privilegiada de diálogo y de comprensión entre los pueblos para la construcción de la civilización del amor.
Visita de un conocido equipo de fútbol al Sumo Pontífice.

Educación católica

      
   A veces, por desgracia, cuando se habla de escuela católica se la considera sólo en rivalidad y hasta oposición con otras escuela, en particular con las de titularidad del Estado.
Pero no es así. La escuela católica se ha propuesto siempre y se propone hoy formar también ciudadanos ejemplares.
La Educación en la Iglesia Católica, discurso a un colegio católico.

Carta del Papa a los niños

      
   (...) “¡Queridos amigos! En lo sucedido al Niño de Belén podéis reconocer la suerte de los niños de todo el mundo. Si es cierto que un niño es la alegría no sólo de sus padres, sino también de la Iglesia y de toda la sociedad, es cierto igualmente que en nuestros días muchos niños, por desgracia, sufren o son amenazados en varias partes del mundo: padecen hambre y miseria, mueren a causa de las enfermedades y de la desnutrición, perecen víctimas de la guerra, son abandonados por sus padres y condenados a vivir sin hogar, privados del calor de una familia propia, soportan muchas formas de violencia y de abuso por parte de los adultos. ¿Cómo es posible permanecer indiferente ante el sufrimiento de tantos niños, sobre todo cuando es causado de algún modo por los adultos?” (...)

      “Queridos chicos y chicas, coetáneos del Jesús de 12 años, ¿no vienen a vuestra mente, en este momento, las clases de Religión que se dan en la parroquia y en la escuela, clases a las que estáis invitados a participar? Quisiera, pues, haceros algunas preguntas: ¿cuál es vuestra actitud ante las clases de Religión? ¿Os sentís comprometidos como Jesús en el Templo cuando tenía 12 años? ¿Asistís a ellas con frecuencia en la escuela o en la parroquia? ¿Os ayudan en esto vuestros padres?” (...)
13 de diciembre de 1994

La Educación y los padres

      
   Mucho ha dicho el Papa respecto al papel de los padres en la Educación. Y es que precisamente son ellos los que, según Juan Pablo II, “deben ser reconocidos como los primeros y más importantes educadores de sus hijos. Su rol como formadores es tan decisivo que casi nada puede compensar un fallo”.

   En este sentido, también ha declarado que “los padres, sin esperar que otro los reemplace en algo que es de su exclusiva responsabilidad, debieran poder elegir el método pedagógico, el contenido ético y cívico, y la inspiración religiosa que les permita lograr una Educación integral para sus hijos. No deben esperar que todo les sea dado”, sino “asumir su misión como educadores”.

      Por tanto, el Papa ha defendido algo tan fundamental como que “los padres no deben renunciar a su obligación moral de dirigir la Educación de sus hijos”. De hecho, el sumo pontífice ha recalcado que “al asumir su misión de educadores”, los progenitores también "buscarán oportunidades y crearán las estructuras adecuadas en la sociedad civil”.

      De este modo, según el Papa, “los padres tienen una responsabilidad moral de dirigir el estilo y contenido de la que será la Educación de sus hijos”.
   Por su parte, el gobierno no debe usurpar este rol, razón por la que tampoco los padres deben esperar que la Educación para sus hijos les sea simplemente proporcionada.

      En cuanto a la asignatura de Religión como parte de la Educación, Juan Pablo II considera que los padres deben defender sus derechos: “La Educación integral de los jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa en la escuela, cuando lo pidan los padres, con una valoración académica acorde con su importancia. Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho a los padres”.

El Papa y la Formación Profesional

      
   Karol Wojtyla nació en el seno de una familia poco acomodada. Su padre era obrero y su madre, ama de casa, al cuidado de siete hijos. Antes de Papa, Juan Pablo II conoció en sus carnes la dureza del cansancio físico trabajando también de obrero. En su concepción del trabajo y del empleo, ha enfatizado mucho en el hombre y en su capacidad de conocimiento como factor decisivo en el funcionamiento de las sociedades. Ha abogado por políticas sociales y educativas que no incrementasen las desigualdades en la distribución de las riquezas. En este sentido, ha sostenido en ocasiones que estas diferencias están determinadas muchas veces por el acceso de los países, grupos sociales e individuos a las Nuevas Tecnologías.

      Confirió al Estado la responsabilidad de proporcionar los instrumentos políticos necesarios para la formación, la igualdad de oportunidades, de salarios justos y de jornadas compatibles con la vida familiar, a la que consideraba pilar imprescindible sobre el cual se asientan todas las sociedades.

      Juan Pablo II, en su encíclica Centesimun Annus, explicaba que las posibilidades de inserción laboral y de ascenso social exigían un fuerte salto cualitativo en los que entonces eran los niveles de formación profesional de la fuerza laboral. Aquí no hacía sino proponer este tipo de formación para facilitar la inserción en un sistema productivo que se hacía cada vez más exigente y competitivo. Todo esto enmarcado en la idea de que la Educación se ha convertido en el mundo actual en una dimensión permanente de la existencia humana.

Juan Pablo II y los universitarios

      
   En el año 1968, a raíz de las revueltas universitarias iniciadas en Francia que provocaron inestabilidad social y académica, la Iglesia inició un encuentro anual con los jóvenes para paliar esta situación. Es entonces cuando se convoca por vez primera el Congreso Internacional de Universitarios (UNIV), que, convocado por el Opus Dei, reúne a todas las universidades europeas para exponer conclusiones sobre un determinado tema.

      El congreso se viene realizando desde entonces en Roma durante la Semana Santa, pasando cientos de jóvenes durante 10 días por esta ciudad. Después del encuentro, el Domingo de Resurrección, cuando volvían a sus ciudades de origen, siempre vitoreaban al Papa desde la Plaza de San Pedro para despedirse de él. En una de éstas, en abril de 1979, cuando los jóvenes del UNIV se despedían de Juan Pablo II, éste abrió las puertas del Cortile de San Damaso (un patio de su casa) y tuvo una pequeña tertulia con ellos. Se inició de este modo una tradición que ha durado hasta nuestros días. Al principio los universitarios iban a visitarle sin preparar nada, pero, según han ido trascurriendo los años, han acudido a su cita con el Papa con un repertorio de actuaciones multiculturales, canciones, etc.

      En 1994 la tertulia con el Papa se trasladó al aula Pablo VI para formalizar el acto. Desde entonces el Santo Padre se reunió con los universitarios todos los Lunes Santos y no dejó de apoyarse en ellos como elemento fundamental en el futuro de la Iglesia.

“El Papa es joven”

      
   “El Papa es un joven de 83 años”. Con esta frase corearon los jóvenes a Juan Pablo II en su última visita a España. Tal vez porque desde que empezó su pontificado el santo padre no ha dejado de encontrarse con los más jóvenes en numerosas jornadas mundiales: Roma, Toronto, París... En todas ellas Karol Wojtyla no perdía el tiempo: “Las ideas no se imponen, sino que se proponen”. Mensajes así de claros y contundentes constituyeron su apostolado con la juventud, uno de los pilares fundamentales en los que el Papa durante los últimos 25 años asentó su pontificado.
   Con la autorización de:   www.magisnet.com

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En la muerte de Juan Pablo II

   En la muerte de Juan Pablo II el ambiente de la plaza de San Pedro se hizo presente en todo el mundo
La fe en primera página

Firmante: Diego Contreras
13-04-2005
041/05

   Roma.– Han sobrado palabras y conexiones en las que los enviados especiales repetían inevitablemente lo que acababan de decir pocos minutos antes. Y cábalas sobre improbables "maniobras electorales cardenalicias". Pero, en su conjunto, la cobertura informativa de la muerte de Juan Pablo II ha conseguido dar una idea del impacto mundial de su figura y enseñanzas, y ha sido al mismo tiempo un escaparate de la fe de millones de personas.

   Junto a la onda emotiva, los medios de comunicación han abierto las puertas a la reflexión sobre el sentido de la vida y de la muerte. El fallecimiento de Juan Pablo II ha recibido una cobertura informativa sin precedentes, que no se ha limitado a países de tradición católica. Las principales "networks" internacionales ofrecieron en directo el funeral: en total, más de 90 canales de televisión de todo el mundo, incluidos algunos de países árabes de mayoría musulmana, como Al-Jazira y Al-Arabiya. Solo China impuso el filtro de la censura oficial para reducir al mínimo la información. En los días anteriores, todos habían dedicado abundante espacio a las informaciones procedentes de Roma. El ambiente de la plaza de San Pedro se hizo presente en todos los rincones del mundo.

Cobertura merecida

   Tal avalancha informativa ha provocado también algunas críticas a propósito de la posible saturación que se ha podido crear. O sobre el tono preponderantemente positivo que han caracterizado noticias, entrevistas y comentarios. No han faltado quienes se han molestado por tanto interés, como si atentara contra la laicidad del Estado. Por lo general, los juicios más negativos procedían de observadores que comentaban los acontecimientos sin vivirlos en directo, sino desde sus despachos. Para ellos, se trataba de un "exagerado y necrófilo interés mediático"; las multitudinarias colas para dar un último saludo al Papa eran más bien "un fenómeno de psicología de masas, pero no de devoción".

   Los responsables de las emisoras han justificado tal espacio y tratamiento informativo –que, por otra parte, los receptores premiaron– con motivos profesionales. "El Papa ha sido una figura de primer orden en la Iglesia católica –el tercer pontificado más largo de la historia–, y también una de las fuerzas más significativas del siglo XX. No tengo dudas de que su muerte merecía tal cobertura", argumentaba Roger Mosey, jefe de la sección de informativos de televisión de la BBC. "Nuestra audiencia está de acuerdo: "News 24" fue seguido por 7,2 millones de personas, las cifras más altas del año". Ante las críticas que señalaban la ausencia de debate, en tales programas, sobre la perspectiva del Papa en temas como el aborto, la contracepción o la homosexualidad, Mosey replicó: "No me parece que la programación de carácter necrológico sea el lugar adecuado para el 'debate' sobre el aborto. La Iglesia tiene sus principio morales y sus líderes los reflejan".

   Los medios de comunicación venían preparándose para ese momento, algunos desde hace años. Por ejemplo, la directora ejecutiva de CBS News, Marcy McGinnins, firmó en 1996 un contrato de diez años para garantizarse una terraza con buenas vistas hacia San Pedro desde la que poder emitir. Otro tanto habían hecho el resto de las grandes cadenas. Documentales, necrológicas y resúmenes del pontificado estaban ya previstos. Pero lo que ha marcado el tono ha sido la reacción de la gente, sobre todo en Roma, pero también en otros lugares. Así, el material "enlatado" dejó paso al testimonio personal. Un testimonio silencioso, las más de las veces, hecho de llanto y oración, que la televisión no siempre supo respetar (y cubrió de palabras).

Competencia frenética

   Si el relato de los últimos días de Juan Pablo II no ha sido perfecto, en buena parte se debe al actual "media system". Por un lado, a la competencia frenética que se había creado entre los distintos medios (la oficina de prensa del Vaticano acreditó a 3.500 periodistas). Y por otro, al imperativo de hacer rentable un acontecimiento informativo al que se habían destinado muchos recursos. Junto a ello, sin embargo, tampoco hay que olvidar el gesto de algunas emisoras, que suspendieron la publicidad en esos espacios, o incluso durante toda la jornada.

   Algunos medios informativos –entre ellos las cadenas Fox y CNN, y la agencia Reuters– anticiparon veinticuatro horas la muerte del Papa. Detrás de ese "scoop" fallido latía algo más que la tensión por dar primero una noticia que parecía inminente. En realidad, aleteaba en algunos la sospecha de que el Vaticano –llegado el momento– no sería transparente y retrasaría el momento de difundir la información. De ese modo, y en un trance tan delicado, esos medios se arrojaron en los brazos de una fuente anónima.

   La noticia oficial de la muerte, procedente de la Santa Sede, se difundió a los corresponsales de las agencias en la noche del 2 de abril, por medio de un "sms" que decía: "Comunicado urgente en el correo electrónico". Una vez abierto el correo electrónico se podía leer: "El Santo Padre ha fallecido esta noche a las 21.37 (19.37 GMT) en su apartamento privado. Se han puesto en marcha todos los pasos previstos por la Constitución apostólica "Universi Dominici Gregis" promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996". Abajo, la firma del director de la oficina de prensa del Vaticano. Apenas quince minutos después del fallecimiento, la noticia había llegado ya a todo el mundo.

   Las prisas, el afán por llegar antes y el desconocimiento del latín jugaron otra mala pasada a algunas agencias, y como efecto a otros muchos medios de comunicación. Un pasaje del testamento espiritual del Papa fue interpretado como una muestra de que Juan Pablo II había considerado la posibilidad de dimitir. Y es que la prensa había insistido tanto en la cuestión de la dimisión que tenía que ser verdad. En realidad, la anotación de Juan Pablo II, escrita en el año 2000, se refería a que una vez pasado el umbral del nuevo milenio "es preciso preguntarse si no es el tiempo de repetir con el bíblico Simeón 'nunc dimittis'". El Papa se refiere al canto de Simeón narrado en el capítulo 2 del evangelio de San Lucas: una vez que ha visto al Niño Dios en el Templo de Jerusalén, el anciano dice que ya puede ir en paz de este mundo. Muchos tradujeron "dimittis" por "dimisión".

   Para algunos, los medios "han convertido el ritual fúnebre en un espectáculo planetario". En realidad, a pesar de los excesos y de los defectos, el fallecimiento del Papa ha sido una ocasión para que Dios, o al menos el sentido trascendente de la vida, vuelva a las primeras páginas de los diarios, a los espacios de mayor audiencia de la TV, e inunde millones de páginas web.

Con la autorización de:   www.aceprensa.com

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Rezar por televisión

Firmante: Ignacio Aréchaga
13-04-2005
041/05

   Uno de los efectos colaterales de la atención de los media a los últimos días de Juan Pablo II ha sido ver en la televisión gente que reza. Parecía una especie en peligro de extinción, con la diferencia de que el lince preocupaba más. Fuera de las esporádicas retransmisiones de ceremonias litúrgicas, donde los protagonistas son eclesiásticos, se diría que la gente corriente que reza era invisible, a no ser que subsistiera como una sociedad secreta de los últimos templarios. ¿Cuándo es la última vez que vio rezar a alguien en una serie de televisión?

   Y, de repente, estaban ahí, rezando en la plaza de San Pedro, o en las iglesias de tantas partes del mundo. Y no solo sacerdotes y monjas. También esa chica con los ojos brillantes de lágrimas, y el tipo duro con la mochila, y la familia con los niños y el grupo de jóvenes sentados en círculo. Gente que rezaba moviendo los labios o recogida con la cara entre las manos. Tipos de a pie que declaraban que habían venido a rezar, no ya por la salud del Papa, sino para acompañarle con su oración. Nadie les había convocado; vinieron y rezaron por propia iniciativa, como quien hace algo que es normal en su modo de conducirse.

   ¡Y los rosarios! Nadie sospechaba que hubiera tantos rosarios en bolsos femeninos junto al lápiz de labios y en el fondo de bolsillos de tíos con barba. Juan Pablo II, que proclamó un Año del Rosario y se inventó cinco nuevos misterios, puede estar contento. A este paso, pronto las telefónicas ofrecerán rezar el rosario por móvil.

   ¿Por qué nunca sale gente rezando en televisión, ni en reportajes, ni en los "reality" ni en la ficción? Sí, es verdad, rezar es algo muy íntimo, que uno no va exhibiendo por ahí. Pero lo mismo ocurre con otras intimidades que la pequeña pantalla y la grande no se privan de reflejar. Y, en fin, quizá fuera por la falta de costumbre, pero estas imágenes de gente rezando tenían ese impacto de lo original y lo auténtico que ya no se encuentra en otras escenas íntimas. Se comprende que el tipo de gente que quiere triunfar en el "Big Brother" no suele rezar ante la cámara; pero a lo mejor a un guionista de TV se le podría ocurrir presentar a un personaje que reza, aunque solo sea en esos momentos en que es el último recurso.

   No sería nada artificial. Si alguien se molestara en encargar una encuesta para preguntar a la gente si reza y cuándo, quizá nos sorprenderíamos de las respuestas. Sin duda hay mucha más gente que reza que practicantes de yoga o pilates. Solo falta que nuestras televisiones sean realmente desinhibidas y se atrevan a reflejarlo con naturalidad.

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Juan Pablo II visto por George Weigel

13-04-2005
041/05

   George Weigel, el autor de la biografía más completa de Juan Pablo II, piensa que todo lo que hizo el Papa se derivaba de una sola razón: "Era un hombre que creía con cada fibra de su ser que Jesucristo es la respuesta a la pregunta sobre lo que es cada vida humana".

   En una entrevista en "Zenit" (4-04-2005), en la que hace balance del pontificado, Weigel destaca que en el campo geopolítico, Juan Pablo II se convirtió en un punto de referencia moral para el mundo entero, recordando que "la política internacional está sometida siempre al juicio moral". Weigel subraya "el papel crucial de Juan Pablo II en el colapso del comunismo europeo, al ser el punto de ignición de una revolución de las conciencias que finalmente produjo la revolución política no violenta de 1989".

   En este mismo aspecto Weigel destaca "la defensa de la universalidad de los derechos humanos que Juan Pablo II hizo en su discurso a la ONU en 1995, en un momento en que la idea de ‘derechos humanos universales’ estaba siendo negada o ridiculizada, desde distintos puntos de vista, por postmodernos, países islámicos, los regímenes comunistas aún existentes y los gobiernos autoritarios del Este asiático".

   Respecto a la doctrina social de la Iglesia, Weigel estima que en la encíclica "Centesimus annus" (1991) Juan Pablo II "reconoció que una economía de mercado, apropiadamente regulada por la ley, era de hecho esa tercera vía", ni socialista ni capitalista, que otros pensadores cristianos habían buscado.

   Entre el rico patrimonio doctrinal que deja el difunto pontífice, Weigel destaca como su logro más creativo la "teología del cuerpo" (sobre sexualidad y matrimonio), y sugiere que aún necesitan ser descubiertas su "teología de la divina misericordia" y el "perfil mariano" de la Iglesia, el discipulado.

    Weigel opina que la principal "obra inacabada" de Juan Pablo II son "las iniciativas ecuménicas, sobre todo con la Ortodoxia". Parecía creer que la ruptura del segundo milenio entre Roma y los ortodoxos se iba a cerrar al comienzo del tercer milenio. El hecho de que esto no haya ocurrido se debe en gran parte, según Weigel, a que "para muchos ortodoxos ‘no estar en comunión con Roma’ se ha convertido en parte de su autodefinición".

   El Papa luchó mucho en favor de la "cultura de la vida", pero el entrevistador señala que al cabo de 26 años de pontificado parece haber empeorado la "cultura de la muerte" (aborto, eutanasia, experimentación con embriones humanos...). Sí, responde Weigel, pero la Iglesia no es solo el Papa. "Los fracasos para superar la cultura de la muerte son fracasos de todos los católicos que tienen la oportunidad de construir una cultura de la vida y no lo hacen".

   Como biógrafo, Weigel declara que el rasgo que más le impresionó de la personalidad de Juan Pablo II fue "su extraordinaria energía, y el hecho de que mirara siempre adelante, preguntándose ¿qué deberíamos hacer ahora? Pero esa energía no era la energía de un hombre frenético o excitable. Era una energía serena y firme, que nacía de su rica vida interior, de su vida de oración".

   En "Wall Street Journal" (4-04-2005), el propio Weigel explica por qué Juan Pablo II estaba convencido de que la libertad debía ir unida a la verdad moral para no autodestruirse.

   "Porque si hay solo tu verdad y mi verdad y ninguna de las dos reconoce un estándar moral trascendente (llamémoslo ‘la verdad’) por el cual podemos arreglar nuestras diferencias, entonces o tú impondrás tu poder sobre mí o yo impondré el mío sobre ti (...). Juan Pablo II enseñó que la libertad desligada de la verdad lleva al caos y de ahí a nuevas formas de tiranía.

   "Porque, frente al caos, un poder bruto reemplazará inevitablemente a la persuasión, al compromiso y al acuerdo como moneda en el reino de la política. (...) Esta no es la sombría advertencia de un gruñón antimoderno: es el sabio consejo de un hombre que ha gastado su vida por la causa de la libertad desde 1939 en adelante.

    "Por eso la clave para el proyecto de la libertad en el siglo XXI, exhortaba el Papa, radica en el mundo de la cultura: en culturas con una vibrante moral pública capaz de disciplinar y dirigir las formidables energías –en la economía, la política, la estética y, sí, la sexualidad– dejadas sueltas en las sociedades libres. Una vibrante cultura de ese tipo es esencial en la democracia y en el mercado, porque solo tal cultura puede inculcar y afirmar las virtudes necesarias para que la libertad funcione".

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Juan Pablo II, un amigo de África


   Testimonios de adhesión en toda África, entre personas de distintas religiones

Firmante: Eugene Agboifo Ohu,Águeda Colom,Philémon Muamba Mumbunda
13-04-2005
042/05

   Lagos. Juan Pablo II es el único Papa al que han conocido muchos africanos. Hizo doce viajes a África y visitó 40 países. En Nigeria estuvo dos veces: en 1982 y en 1998.

   Con un alto porcentaje de musulmanes, el amor al Papa está presente en Nigeria entre gentes de distintas religiones. Es "nuestro Papa" para todos, y todos hacen duelo por su muerte, con independencia del credo.

   El presidente Obasanjo decretó un día de luto oficial, el 8 de abril, con motivo del entierro del Papa. Muchos nigerianos dejaron de trabajar para ver las exequias por televisión.

    En su segunda visita a Nigeria, Juan Pablo II "dijo la verdad a los poderosos", como recordaba la semana pasada un periodista en un importante diario. El segundo viaje del Papa llegó en un momento muy delicado, la dictadura del general Sani Abacha, con un nivel de derechos humanos muy bajo. Al llegar el Papa, muchos nigerianos prominentes estaban en prisión, a punto de ser ejecutados. Juan Pablo II abogó por ellos, aunque no estaba claro que el dictador fuera a ceder. Pero lo hizo. El actual presidente de Nigeria no duda a quién le debe la vida.

   Osita Chidoka, secretario del comité interministerial que preparó la visita del Papa en 1998, ha escrito en un popular diario: "La intensidad de la presión de la gente de todas las religiones que quería estrechar la mano del Papa –incluidos los miembros de la familia del general Abacha– no hizo más que reforzar mi sensación de que Juan Pablo II transformó su posición religiosa y política en una inmensa fuerza moral capaz de provocar un cambio vital".

   El presidente Obasanjo hizo pública su gratitud al Papa durante una misa a la que asistieron 20.000 fieles. Obasanjo declaró: "Mi familia y todo el país hacen duelo por la muerte de Su Santidad el Papa Juan Pablo II. Tenemos numerosas razones para apreciarle. Para empezar, que él mismo nos tenía cariño. En segundo lugar, dejó todo para venir a visitarnos varias veces. Por último, rezó por nuestro país y, cuando yo estaba sentenciado a muerte, abogó por mi causa. Me consuela que ha dejado una huella indeleble en las arenas del tiempo".

    Alhaji Abdulwahab Abdul Rahman, presidente de la sociedad islámica NASFAT, que cuenta con muchos seguidores, afirmó que "si bien Juan Pablo II fue el líder del mundo cristiano católico, nosotros en NASFAT reconocemos que su impacto se dejó sentir en todo el mundo como un símbolo de la paz y como un impulsor de la armonía religiosa".

    Los nigerianos lamentamos colectivamente la pérdida, pero al mismo tiempo sentimos que el Santo Padre ha unido a los 120 millones de habitantes de este país por encima de las diferencias. Confiamos en que este legado perdure.

Eugene Agboifo Ohu

"Atleta de Dios"

   Johannesburgo. "El atleta de Dios ahora encuentra la paz tras correr una larga carrera", decía de Juan Pablo II el "Star", uno de los periódicos de mayor tirada en Sudáfrica. Reconocido por muchos como líder en el campo de la paz pero también por su espiritualidad, para los países de África el Papa es símbolo de amor y de compasión ante el necesitado.

   En los países del Sur de África –Zimbabue, Lesotho, Suazilandia y Mozambique–, su visita de 1988 dejó una profunda huella. Especialmente en Mozambique, donde las dos facciones opuestas que estaban en guerra en esos momentos declararon un alto el fuego para que los fieles se pudiesen congregar. Sudáfrica, que seguía con el régimen de "apartheid", tuvo que esperar hasta 1995 para poder escuchar al Papa.

    Desde ese momento el Papa es una persona más cercana. "Mientras que muchos de nosotros –decía en su discurso de condolencia por la muerte del Papa Clayton Wakeford, en representación del gobernador de Ciudad del Cabo– diferimos con algunos aspectos de sus enseñanzas, nadie puede cuestionar la compasión y humildad en su ministerio, con el que se preocupó por el mundo entero. Su ejemplo de coraje, fortaleza, fe y sacrificio personal son de gran valor para todos nosotros".

    Lo que llama mucho la atención es que la gente corriente ha palpado la partida del Papa como un hueco dejado en el mundo por un hombre que supo darse hasta el final, que supo ofrecer con valentía el testimonio de su fe, que demostró con palabras y hechos el valor del sufrimiento y la dignidad del enfermo. En los días posteriores a la muerte del Papa, en la calle, en los medios de comunicación y en las oficinas fue el tema de conversación, con el casi unánime convencimiento de la santidad de Juan Pablo II.

Águeda Colom

Alentó la democracia

   Kinshasa. Los medios de comunicación internacionales son unánimes al reconocer que gracias a Juan Pablo II cayó el telón de acero que dividía Europa. Pero rara vez hablan de la importancia de su acción para finalizar con las dictaduras y con la guerra fría en África, en beneficio del proceso democrático.

   Tras la caída del Muro, se organizaron conferencias nacionales en África bajo los auspicios de las conferencias episcopales católicas (en Benin, en la República Democrática del Congo, en el Congo-Brazzaville, etc.). Aunque los resultados fueran modestos, puede decirse que los africanos empezaron a soñar con la democracia gracias a Juan Pablo II.

   La R.D. del Congo fue visitada en dos ocasiones (1980 y 1985) por Juan Pablo II. El Papa no se limitó a visitar la capital, Kinshasa, sino que fue a las provincias de Katanga y Oriental. El anuncio de la muerte de Juan Pablo II causó particular emoción entre los habitantes de la provincia Oriental, que lo llamaban "el Papa de los boyomais" (gentilicio de los habitantes de la provincia).

   Para el congoleño medio, el Papa era un hombre del pueblo y de los pobres, al mismo tiempo que exigente en las virtudes, para las que ponía como ejemplo a los mártires congoleños sor Anuarite Nengapeta e Isidore Bakanja, beatificados por él.

   Kudura Kasongo, portavoz del presidente Joseph Kabila, declaró: "Me acerqué al Papa cuando beatificó a sor Anuarite [en 1985], para ver el reloj y los zapatos que llevaba, y me quedé sorprendido de lo modestamente que vestía para ser un personaje de su talla. Entonces comprendí que era un hombre muy sencillo, un modelo de desprendimiento".

   Testimonios semejantes de no católicos aparecidos en los medios de comunicación indican que Juan Pablo II no es propiedad privada de sus fieles sino patrimonio de la humanidad en la búsqueda de la paz, y la promoción y defensa de la vida.

Philémon Muamba Mumbunda

Con la autorización de:   www.aceprensa.com

 

 

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