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El Vaticano alerta sobre
la confusión de sexos causada por el feminismo extremo
Ratzinger dice que la
rivalidad entre sexos causa «una confusión que resulta nefasta en la
estructura de la familia» y reconoce la superioridad espiritual de la
mujer
JUAN
VICENTE BOO. CORRESPONSAL/
ROMA.
El Vaticano salió ayer en defensa de la dignidad de la mujer advirtiendo que
dos posturas extremas en los movimientos feministas -la guerra de sexos y la
uniformización-, resultan contraproducentes para la mujer y para la sociedad.
La carta del cardenal Joseph Ratzinger a los obispos revaloriza la feminidad y
reitera la superioridad de la mujer sobre el hombre en los aspectos más
profundamente humanos y espirituales.
El documento desafía a las autoridades a «combatir cualquier injusta
discriminación sexual» y a establecer políticas laborales que no obliguen a
la mujer «a elegir entre la alternativa de perjudicar su vida familiar o de
padecer una situación habitual de tensión que no facilita ni el equilibrio
personal ni la armonía familiar». Los problemas van desde la rigidez de las
empresas a la mediocridad de maridos que esquivan el peso material y psicológico
del hogar.
Aunque ha sido escrita por el cardenal Ratzinger a título personal y no como
instrucción de la Congregación de la Doctrina de la Fe, la carta refleja las
enseñanzas de un Papa que aplaude la contribución de las mujeres profesionales
«a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de
humanidad».
Defensa de la mujer
En su «Carta a las Mujeres» de 1995, emblemática de su Pontificado, Juan
Pablo II elogiaba a todos aquellos movimientos «que han defendido la condición
femenina mediante la conquista de derechos sociales, económicos y políticos
fundamentales, y han tomado esa valiente iniciativa en tiempos en que ese
compromiso se consideraba como un acto de trasgresión, una falta de feminidad,
una manifestación de exhibicionismo, y tal vez un pecado». En esa carta, el
Pontífice denunciaba que «la opción del aborto, que es siempre un pecado
grave, antes de ser una responsabilidad de las mujeres, es un crimen imputable
al hombre y a la complicidad del ambiente que lo rodea».
Los extremismos causan daños, y Ratzinger advierte que, ante la objetiva
discriminación, plantear una «rivalidad entre sexos» en continuo conflicto «provoca
una confusión deletérea, que resulta nefasta en la estructura de la familia».
El extremo opuesto, hoy más en boga en Occidente, intentar superar la
discriminación «minimizando la diferencia corpórea, llamada sexo, mientras se
subraya la dimensión estrictamente cultural llamada género». Esa vía hacia
la igualdad provoca, según Ratzinger, la confusión de sexos y de papeles, «la
equiparación de la homosexualidad a la heterosexualidad y un modelo nuevo de
sexualidad polimorfa» en que se ponen de moda cambios y experimentos que suelen
agravar la insatisfacción.
El progreso social consiste en reconocer la superioridad de la mujer «en su
capacidad de acogida del otro, en la profunda intuición de que lo mejor de su
vida esta hecho de actividades orientadas al despertar del otro, a su
crecimiento y a su protección». La mujer «adquiere muy pronto madurez», y
desarrolla «un sentido y un respeto por lo concreto, frente a las
abstracciones, a menudo letales para los individuos y la sociedad».
Conciliar la vida laboral y familiar
Ratzinger subraya la complementariedad de los sexos y el deber de hacer
compatible para las mujeres la vida familiar y profesional «con acceso a
puestos de responsabilidad que les permitan inspirar la vida de las naciones y
proponer soluciones innovadoras para los problemas económicos y sociales».
Lamentablemente, el Vaticano hizo pública la carta el último día de julio,
cuando la mayor parte de los «vaticanistas» se encontraban ya de vacaciones,
por lo que varias agencias confundieron un artículo del «Corriere della Sera»
del viernes, que citaba documentos anteriores, como un adelanto del texto de la
carta del cardenal Ratzinger cuando no había ni una línea para no «quemar»
su publicación el sábado. La agencia gala de noticias AFP cometió ayer un
error más grave al presentar reiteradamente como «carta de Juan Pablo II» el
texto escrito por el cardenal.
ABC, 1-VIII-2004
No
equiparar homosexualidad y heterosexualidad
La Iglesia católica respeta a las personas homosexuales y se opone a cualquier
burla, desprecio o discriminación, pero también lamenta el desprecio de los
heterosexuales en que a veces caen por extremismo algunos colectivos gay, o la
cultura de la promiscuidad, ya sea hétero u homosexual.
Ratzinger advierte que sustituir el concepto biológico de «sexo» por el
concepto cultural de «género», formado según roles sociales o decisiones
propias «pretendía favorecer perspectivas igualitarias de la mujer», pero ese
intento de «liberación del determinismo biológico» ha llevado «a cuestionar
la familia natural bi-parental, compuesta de padre y madre, a la equiparación
de la homosexualidad a la heterosexualidad y a un modelo nuevo de sexualidad
polimorfa».
La Iglesia propone la «colaboración activa entre hombre y mujer, precisamente
en el reconocimiento de su diferencia».
ABC, 1-VIII-2004
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