|
|
|
|
OTROS TEMAS El tabú de la enseñanza mixta empieza a cuestionarse La enseñanza diferenciada se extiende en las escuelas públicas de Estados Unidos PROGRAMAS Nueva
ortografía 3º y 4º P (8 y 9 años) Lectura
rápida |
En España se intenta excluir a la enseñanza diferenciadaJuan Domínguez Mientras en otros países se amplía la oferta educativa pública 17/3/2004 Con la idea de aumentar la oferta educativa en la enseñanza pública, el gobierno de EE.UU. ha anunciado cambios legales que eliminan muchas de las restricciones que hasta ahora impedían crear escuelas públicas donde chicos y chicas estudien separadamente. Este tipo de colegios había casi desaparecido después de que una ley de 1972 (conocida como Título IX) prohibiera la discriminación por razón de sexo. Esta disposición no veta la educación diferenciada, pero se ha aplicado de tal manera que en la práctica ha hecho muy difícil la existencia de colegios no mixtos en el sistema público. En el sector privado sigue habiéndolos. La Ley de Educación aprobada en 2001 bajo la Administración Bush abrió la puerta a una nueva interpretación del Título IX (cfr. servicios 179/01 y 122/02). Ahora el gobierno ha hecho pública su propuesta de normativa, abierta a discusión pública durante 45 días, y se espera que dentro de pocos meses se adopte la nueva regulación. Esta mayor apertura hacia la enseñanza diferenciada cuenta con apoyos tanto entre políticos republicanos como demócratas, entre ellos el de Hillary Clinton y otras senadoras. Que los padres decidan “No pretendemos indicar que ningún niño determinado deba ir a una escuela de enseñanza separada”, se explica desde el Departamento de Educación. “Son los padres y los educadores los que tienen que decidirlo. Pero actualmente no tienen la posibilidad de tomar tal decisión, incluso aunque piensen que es apropiada para sus hijos”. La regulación propuesta permite que las escuelas públicas, sin dejar de ser mixtas, establezcan algunas clases de enseñanza separada voluntaria cuando exista un motivo pedagógico; por ejemplo, si la experiencia indica que pocas chicas eligen cursos de informática, se les puede ofrecer clases de ese tipo para ellas solas. Pero siempre habrá la opción de estudiar lo mismo en otra clase de enseñanza mixta. Los distritos escolares pueden también crear escuelas solo para chicos o para chicas, sin necesidad de particular justificación pedagógica. La única condición es que ofrezcan cursos, servicios e instalaciones “sustancialmente iguales” en otras escuelas del distrito, escuelas que pueden ser mixtas o no. Es decir, un distrito puede crear una escuela solo para chicas sin que tenga que ofrecer otra solo para chicos. Las charter schools –escuelas públicas autónomas financiadas por el Estado pero de iniciativa de profesores o padres– podrán establecer clases separadas sin someterse a otras condiciones. Los más beneficiados La idea directriz del Departamento de Educación es que también dentro de la enseñanza pública puedan encontrar su lugar aquellos alumnos a los que les favorece un ambiente de enseñanza diferenciada. El secretario de Educación, Rod Paige, declaró al Washington Post (8-III-2004) que su opinión de que las clases diferenciadas para chicos y chicas pueden ayudar a algunos estudiantes se vio reforzada tras visitar una escuela para chicas en Nueva York, la Young Women’s Leadership School. Las jóvenes –que habían obtenido resultados insatisfactorios en escuelas mixtas a las que asistían anteriormente– hablaban con entusiasmo de su nuevo entorno educativo. Según William Raspberry, comentarista del Washington Post, la discusión basada en cuestiones de principio sobre la coeducación corre el riesgo de perder de vista tres puntos importantes: 1) la educación diferenciada es mucho más accesible para los alumnos de clases medias y altas que van a escuelas privadas que para los alumnos con menos ingresos, que van a escuelas públicas; 2) los que proceden de familias con menos ingresos y viven en entornos problemáticos son los que mejoran más sus resultados al asistir a clases solo para chicos o solo para chicas; 3) dado que la enseñanza pública es mixta, quienes más podrían beneficiarse de la educación diferenciada son quienes más difícilmente pueden acceder a ella. Por este motivo Paige insiste en que lo que se pretende no es prescribir, sino permitir la elección: “Queremos un sistema que pueda educar a todos nuestros hijos”. De hecho, los cambios adoptados en distintos países en los últimos tiempos van en la línea de introducir mayor flexibilidad dentro de la escuela pública para que puedan existir modalidades de educación diferenciada, allí donde se vea necesario. Por ejemplo, en Alemania, desde 1998, varios Länder ofrecen clases de matemáticas y ciencias solo para chicas, pues se ha comprobado que esto favorece que se orienten más hacia las ciencias. En Australia, donde en la enseñanza pública hay escuelas de educación diferenciada, el gobierno aumentó su número en 2001 pues resultaban insuficientes para la demanda de las familias. En otros sitios, como en Francia, el debate se ha abierto a raíz del libro del sociólogo Michel Fize, Les pièges de la mixité social, quien afirma que la coeducación no es un dogma sino un instrumento pedagógico que debe ser juzgado por su eficacia (cfr. servicio 120/03). Los adeptos del modelo único En contraste con esta ampliación de las opciones educativas en la enseñanza pública, en España los gobiernos regionales dominados por el Partido Socialista quieren reducirla incluso en la privada. Así, han anunciado que retirarán la financiación pública a los colegios privados concertados que no son mixtos, una medida aplaudida por los sindicatos de izquierdas. De este modo se politiza un asunto –la elección entre enseñanza mixta o diferenciada– que debería ser estrictamente pedagógico y dejado a la libre elección de las familias. La razón aducida es que la enseñanza diferenciada supone una “segregación por razón de sexo”. Jugando con un término equívoco, se da por supuesto que la separación equivale a un trato de inferioridad. Pero ¿los padres que escogen estos colegios para sus hijos lo hacen para que reciban un trato inferior? En realidad, nadie se ha atrevido siquiera a decir que estos alumnos estén peor formados; más bien las calificaciones sugieren lo contrario. Tampoco puede decirse que haya una discriminación para terceros. El asunto se planteó ya ante la Audiencia Nacional, que, en sentencia de 20-XII-1999, señaló que el hecho de que “en un centro docente se impartan enseñanzas solo a niños o solo a niñas no puede considerarse discriminación por razón de sexo desde el momento en que los padres o tutores pueden elegir, dentro de un entorno gratuito de enseñanza, entre los diversos centros existentes en un territorio”. Oferta plural Se trata de facilitar la libertad de elección, con una oferta en la que existan diversos modelos. José Luis García Garrido, catedrático de Pedagogía en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), subraya esta idea en ABC (24-II-2004): “Es absurdo pensar que en las sociedades abiertas en las que hoy viven nuestros hijos, la escuela diferenciada pueda constituir una amenaza de segregación sexual o social. Es hipócrita afirmar, como hacen algunos que en cambio apoyan la existencia de hogares (me resisto a llamarles familias) homosexuales y unisexuales, que las escuelas tengan que ser necesariamente mixtas”. “La familia sí que es esencialmente coeducacional; en ella sí que es totalmente necesaria la presencia de ambos sexos, al menos en principio. Pero no la escuela. La escuela puede serlo o no serlo. El serlo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como también los tiene el no serlo. Si numerosos padres y madres, bien democráticos ellos y contribuyentes del Estado en países democráticos, piensan sinceramente que lo que conviene a sus hijos o hijas es una escolaridad diferenciada, no entiendo que haya que obligarles a aceptar por narices, o mediante presiones económicas, su asistencia a una escuela mixta”. Resulta curioso que determinados partidos políticos pretendan obligar a los padres a elegir solo lo que ellos piensan, eliminando de un plumazo dogmático –por decreto– el pluralismo de la oferta educativa. Con la autorización de: www.aceprensa.com ¿Hay datos científicos sobre los efectos en los niños? 18/2/2004.– La doctora Ana Martín Ancel, miembro de la Asociación Española de Pediatría y de la European Society for Pediatric Research, analiza en Páginas para el Mes (marzo 2003) los datos científicos disponibles sobre los efectos que pueden tener en los niños la convivencia con parejas homosexuales. Es constante la insistencia de las parejas de homosexuales en reclamar que se les permita adoptar niños. Se suele alegar los sentimientos de estas parejas y su derecho a formar una familia, pero –advierte la Dra. Martín Ancel– cuando de adopción se trata, es un error fijarse solo en los que adoptan. “La adopción existe para acompañar a un niño que ha sido privado de su familia, y pretende darle un ámbito lo más adecuado posible para su desarrollo. Un niño no es un regalo, no es un derecho para la utilidad de nadie. Por tanto se trata, en primer lugar, de buscar el mayor bien para el niño”. Se afirma a menudo que los niños adoptados por homosexuales no se distinguen de los demás. En realidad, es aventurado suponerlo, precisa la doctora, que ha revisado los datos disponibles y ha publicado sus conclusiones en la revista científica Pediatrics (agosto 2002). “Hoy por hoy –dice–, los estudios científicos disponibles son escasos. Además, en general, presentan serios problemas metodológicos. En este sentido no debemos perder de vista que, cuando el planteamiento metodológico de un estudio no es sólido, sus resultados no son del todo fiables”. Entre los defectos metodológicos de esos estudios, “el más transcendente, que afecta a la mayoría de ellos, es la forma en la que se ha realizado la selección de la muestra que se va a estudiar”. Es imprescindible que la muestra sea representativa de la población que se investiga. Pero “en el caso de los estudios sobre hijos de homosexuales, las parejas evaluadas provienen en gran medida de pequeños grupo de voluntarios que han sido reclutados mediante anuncios en revistas o a través de asociaciones”: tales muestras, por tanto, presentan un sesgo desde el punto de partida. Así, “la mayoría de las investigaciones se han realizado en lesbianas de ámbito urbano de raza blanca, con un elevado nivel de educación”. En el diseño de una investigación, otro aspecto capital es la correcta selección del grupo de control –los sujetos con los que se compara la muestra–, que ha de ser también representativo de la población. “Pues bien, en gran número de estudios, el grupo de control con el que se ha comparado a los hijos de parejas de homosexuales han sido hijos de mujeres heterosexuales divorciadas: niños que han sufrido las dificultades matrimoniales de sus padres, que probablemente hayan repercutido de una forma u otra en su desarrollo”. Así, el grupo de control es sesgado, pues no incluye familias íntegras. Incluso hay estudios en los que ni siquiera existe grupo de control: “En estos casos, se aportan datos meramente descriptivos de algunas parejas homosexuales y sus niños, parejas que han sido escogidas por métodos no aleatorios y de las que no podemos extraer en absoluto ninguna conclusión generalizable”. “Por consiguiente, la metodología científica nos obliga a subrayar que la posibilidad de generalizar los datos actualmente disponibles al conjunto de los niños con padres homosexuales es muy limitada”. “Más relevante es el hecho de que los datos disponibles sí sugieren diferencias significativas con respecto a la orientación sexual de los niños que han crecido con padres homosexuales en comparación con los hijos de padres heterosexuales”. Es la conclusión de los dos estudios que han analizado hijos con edad suficiente para que sea posible identificar la tendencia sexual. “La mayor parte de los homosexuales no llegan a ser conscientes de su homosexualidad hasta el final de la adolescencia o la edad adulta, por lo que muy pocos investigadores esperarían encontrar diferencia en la orientación y el comportamiento sexual entre hijos homosexuales y heterosexuales en la primera infancia”. Con la autorización de: www.aceprensa.com Christina Hoff Sommers critica la escuela que pone bajo sospecha la masculinidad Ignacio F. Zabala Hay algo paradójico en que Christina Hoff Sommers, conocida experta en el movimiento feminista americano, se haya preocupado en los últimos tiempos por la inadaptación de la escuela a las aptitudes y necesidades de los chicos. Miembro del American Enterprise Institute (Washington), uno de los más célebres “think tanks” de EE.UU., colaboradora asidua en la prensa norteamericana y autora de libros de ética muy populares, Cristina Hoff Sommers ha estado en Madrid, en un momento en que se observa un mayor fracaso escolar de los chicos y en que se debate la oportunidad de la enseñanza diferenciada por sexos. Conocida defensora de los derechos de la mujer, sorprendió en 1994 al publicar Who Stole Feminism, donde mostraba su preocupación por el hecho de que grupos minoritarios hubieran convertido el feminismo en un movimiento anti-hombres. Su penúltimo libro, The War Against Boys (cfr. servicio 177/00, pág. 3), ha tenido una gran acogida y ha figurado en las páginas de revistas de difusión nacional. En él pone de manifiesto que en la escuela actual de su país se consideran indeseables características masculinas como la energía y la competitividad, con lo que el sistema desanima a los chicos. Según Sommers, la clave para cubrir las necesidades académicas tanto de los chicos como de las chicas puede estar en la enseñanza diferenciada por sexos. Una escuela que aburre a los chicos — En su libro The War Against Boys (“La guerra contra los chicos”) dice que, con el objetivo de combatir el sexismo, a menudo se ha adoptado en la escuela el enfoque de que la masculinidad en sí misma es sospechosa, y se intenta educar a los chicos con pautas adecuadas para las chicas, en vez de desarrollar sus propias cualidades. ¿Influye la creciente feminización del profesorado? ¿Faltan modelos masculinos en la escuela? — En los primeros cursos de la enseñanza las profesoras son mayoría y hay muchas profesoras a las que no les gustan los chicos. Los chicos son mucho más difíciles de enseñar que las chicas. Las chicas atienden, participan en clase, tienen interés por responder a las preguntas, cooperan. La actitud de los chicos es diferente muchas veces y eso hace más difícil captar su atención. Los chicos necesitan historias, les gustan los héroes masculinos, disfrutan compitiendo, son más activos. En Estados Unidos está muy extendida la idea de no crear competencia entre los estudiantes para evitar los problemas de autoestima. Esto se traduce en modos de enseñar, en juegos, que aburren profundamente a los chicos; esto equivale a intentar que los chicos se comporten como niñas. Como resultado, los chicos no cooperan, no les gustan las clases y el sistema no funciona con ellos. Intentando evitar un problema aparece otro: la autoestima de los chicos baja y se producen complicaciones en su atención y su rendimiento académico. — En muchos países se observa que hoy los chicos tienen más dificultades escolares que las chicas: sacan peores notas, tienen más problemas de disciplina, tienen una mayor tasa de abandono escolar en secundaria... Si ocurriera eso con las chicas se diría que están discriminadas en la escuela. ¿Hemos de ver ahí que la organización escolar actual es poco adecuada a las necesidades de los chicos? — Antes, la educación seguía un modelo masculino, pero en la actualidad, en el mundo libre y democrático, la mujer tiene las mismas oportunidades que el varón. Sin embargo, la mujer logra más éxito en la enseñanza secundaria porque el modelo educativo actual está mejor adaptado a sus aptitudes. También es cierto que los chicos tienen más facilidad para las matemáticas y las ciencias. Habría que ayudar a las chicas a mejorar su rendimiento en estas materias, pero también es preciso encontrar la forma de facilitar a los chicos el aprendizaje –que es distinto al de las chicas–, con un proyecto educativo oportuno. Libertad de elegir — ¿Puede decirse que el modelo de enseñanza mixta o el de enseñanza diferenciada son buenos para todos o hay algunos tipos de alumnos a los que les va mejor uno u otro? — El sistema educativo debe garantizar la igualdad de oportunidades y que el ciudadano pueda elegir libremente, también dentro de la enseñanza pública, el modelo que más le convenga, ya sea la enseñanza mixta o la educación diferenciada. El sistema público debe ofrecer ambas posibilidades. Si una familia tiene un hijo que no consigue buenos resultados en un colegio mixto, debe tener la posibilidad de elegir una clase donde solo haya chicos, con un profesor y un modelo educativo que favorezcan el aprendizaje de su hijo. — La Administración Bush ha mostrado una mayor flexibilidad para que pueda haber clases o escuelas para chicos o chicas en la enseñanza pública [cfr. servicio 39/04]. ¿Hay escuelas que hayan aprovechado esta posibilidad? — La iniciativa acaba de empezar y, de momento, solo hay experimentos, observados por algunos con cierta incredulidad. No obstante, el Departamento de Educación gasta mucho dinero y hay muchas escuelas a las que les parecen interesantes este tipo de proyectos, sobre todo en zonas con alto fracaso escolar. — En Europa se tiende a mejorar la escuela a golpe de cambios legales, que implantan un determinado modelo. En EE.UU. hay más variedad, aunque solo sea porque la educación depende más de las autoridades locales que del gobierno federal. El modelo de las charter schools dentro del sector público, pero surgidas por iniciativa de profesores y padres, ¿puede ser un buen modo de favorecer un mayor pluralismo educativo? — Es muy interesante que haya variedad de posibilidades porque es muy difícil ofrecer alternativas a las clases menos acomodadas. Dar oportunidades para que los padres puedan elegir es bueno. Con este tipo de escuelas, los alumnos pueden conseguir buenos resultados, aumentar su interés por las artes y la música, ser más inteligentes pero, además, la gran beneficiada es la propia sociedad porque se produce un desarrollo humano. — En un artículo en The Public Interest [cfr. servicio 112/93], decía que enseñar virtudes no es “imponer valores” ni lavar el cerebro. ¿Por qué resulta tan difícil de entender esto en algunos sectores de la educación? — En la escuela estadounidense hay un movimiento muy fuerte a favor de la llamada “educación progresista” –basada en la idea de la bondad natural de las personas– y que consiste en no imponer nada al alumno, para que vaya probando y educándose por sí mismo. También hay otra tendencia, con ideas procedentes del cristianismo y del judaísmo, que parte de la base de que las personas pueden equivocarse, elegir mal, y por eso necesitamos ser educados en moral: conocer los límites permite aprender qué hacer. Dejar absoluta libertad no equivale a hacer libres a los más jóvenes. Creo que para ser verdaderamente libre y poder elegir bien hay que aprender reglas de conducta, valores. Ningún niño aprende solo a tocar el piano, necesita un método y un aprendizaje. Pasa lo mismo en educación. Con la autorización de: www.aceprensa.com
|
SECCIONES ENLACES
|
®Arturo Ramo García.-Registro de Propiedad Intelectual
de Teruel nº 141, de 29-IX-1999
Plaza Playa de Aro, 3, 1º DO 44002-TERUEL