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Procreación artificial
¿Porqué la Iglesia se opone? ¿No ayudaría a las
parejas estériles? Conoce más a fondo los problemas que implica la procreación
artificial.
Mariano G. Morelli
La Iglesia defiende el derecho de los padres a la procreación,
pero postula también que el fin no justifica los medios; que no basta una
intención legítima para que el acto sea bueno. No se puede recurrir a
cualquier medio, para obtener una procreación o satisfacer un interés de los
padres. El matrimonio tiene derecho a realizar los actos que naturalmente llevan
al embarazo, los esposos tienen derecho al “débito conyugal”, pero no
tienen “derecho al hijo”, como si éste fuera una cosa, o como si se pudiera
utilizar cualquier medio para tenerlo.
La procreación médicamente asistida (con asistencia de un médico)
puede de hecho realizarse con sustitución del acto sexual (procreación
artificial) o sin sustitución del acto sexual (tratamientos tradicionales para
curar la infertilidad) como origen del nuevo ser. La procreación artificial
puede realizarse por el médico introduciendo semen en la vagina de la mujer
(intrauterina, inseminación artificial, técnica de baja complejidad que
manipula gametos); o uniendo el óvulo con los espermatozoides en un tubo de
ensayo (extrauterina o fecundación in vitro, técnica de alta complejidad que
manipula embriones). En los casos de procreación artificial, el embarazo
proviene no del acto sexual de los padres sino de la intervención del médico,
por lo que son contrarios a la ley moral al disociar la reproducción del acto
sexual; privando al embrión de su derecho a ser concebido dignamente en el
vientre de su madre, como fruto de un acto de amor y entrega de sus padres. Es
indigno del hombre ser concebido en una probeta.
Esto sin contar el grave riesgo para la vida de los embriones
que implican los procedimientos de procreación extrauterina. Aunque no se
congelen ni seleccionen embriones, en los mejores laboratorios del mundo la
fecundación in vitro alcanza su mayor porcentaje de éxito (24%) transfiriendo
cuatro embriones al seno materno; es decir, que cada embrión tiene un 6% de
posibilidades de sobrevivir; lo que significa que cada 6 niños nacidos in vitro,
mueren 94. A lo que debemos agregar los atentados a la dignidad y derechos a la
vida, integridad e identidad del embrión, en los procedimientos en los que se
admite el congelamiento de embriones (donde la mortandad es mayor), la donación
de semen u óvulos para procrear (donde el semen o el óvulo no proviene de su
madre sino de un tercero anónimo, por lo que el hijo no va a conocer nunca a su
padre), la cesión de vientres (se usa el vientre de otra persona para el
embarazo), el desecho y/o selección de embriones, etc.
La experimentación realizada en bovinos demostró que, en
promedio, los que provenían de estos procedimientos vivían menos, eran menos fértiles,
y su leche era de peor calidad, es decir, la fecundación in vitro producía
animales de baja calidad. Experiencias de congelamiento de embriones de ratones
revela que puede tener efectos negativos a largo plazo; por lo que algunos científicos
han sugerido un uso más limitado de estas técnicas en seres humanos hasta que
se tengan datos ciertos (Cfr. Peter Marler, Universidad de California, Proc. Natl.
Acad. Sci. USA, Vol. 92, pp. 589-593, enero de 1995, Biología
evolutiva). La mortalidad de embriones humanos nacidos luego de fecundación in
vitro es un 50% mayor que los concebidos naturalmente, en los que el tiempo
perinatal es muy riesgoso y aumenta ligeramente la tasa de malformaciones.
Recordemos que recientemente, en 1978, se produjo la primera fecundación in
vitro exitosa de un ser humano ¿Qué va pasará con estas personas, y su
descendencia, dentro de 50 años?
Los defensores de la fecundación artificial suelen
argumentar que la procreación artificial y la fecundación in vitro son legítimas
porque: 1) no dañan a nadie; 2) son una forma de ayudar a la naturaleza
superando un defecto de ella (como con un corazón artificial); 3) es seguro que
el embrión preferiría ser concebido in vitro a no existir.
A lo cual respondemos: 1) que causan daño a los embriones
(v. supra), a la sociedad, por difundir comportamientos inmorales, y que además
hay cosas que son moralmente ilegítimas aunque no dañen a otros (vgr. la
gula); 2) que no se ayuda a la naturaleza sino que se la sustituye, sin ser
necesario para la salud de nadie (a diferencia del corazón artificial), que
además contraviene la ley natural (que no debemos confundir con la naturaleza
biológica) por disociar la procreación del acto sexual; y por último, que no
toda “ayuda” a la naturaleza biológica es moralmente aceptable (vgr. de
otro modo la eutanasia de moribundos, o el homicidio, serían también
“ayudar” a la naturaleza a “matar” a una persona que va a morir tarde o
temprano); y 3) que una persona que no existe aún no puede preferir existir o
no; y además, que el consentimiento o no de la víctima de un acto intrínsecamente
inmoral no le quita la inmoralidad (vgr. por más que el muerto haya aceptado
que yo lo mate, seguirá siendo un homicidio). El fin no justifica los medios.
Añaden los defensores de la procreación artificial que
también fallecen embriones en la reproducción natural por abortos espontáneos.
Pero omiten decir que en ésta las muertes no son algo deseado, ni previsto, ni
causado por el hombre, como ocurre, por lo menos indirectamente, en la
artificial (siempre se transfieren varios embriones, esperando que al menos uno
se anide; y rogando que no lo hagan todos, dando lugar a un embarazo múltiple).
El número de embriones que se pierden en embarazos naturales es muy inferior a
las muertes en la procreación artificial (en promedio, no más del 46%; frente
al 94%) y podría deberse a anomalías cromosómicas; incluso los perdidos podrían
no ser embriones humanos realmente sino fecundaciones defectuosas (Cfr. Willke,
Jack y Bárbara, Aborto, Preguntas y Respuestas, cit., pág. 44). Además, ¿quien
me autoriza a hacer todo lo que hace la naturaleza? En los terremotos muere
mucha gente; y eso no me faculta a mi para poner en riesgo de muerte una población.
Otros argumentan que no se es persona hasta la anidación en el útero o los 14
días; con lo que no se matarían personas. Ya hemos respondido a este argumento
al referirnos al aborto (v. preg. nº 32).
No se trata de discriminar (injustamente) a las parejas estériles,
porque la procreación asistida es inmoral así la realice una pareja estéril o
fértil; no hay en este sentido tratamiento desigual. Y si la pareja estéril no
puede concebir, es por una deficiencia orgánica que no puede ser superada con
medios inmorales.
Al respecto ver la Instrucción Donum Vitae, de la Sagrada
Congregación para la Doctrina de la Fe, y EV nº 14. Puede verse también Basso,
Domingo y otros, Problemas éticos que plantean las técnicas que actúan sobre
la reproducción humana, (Bs.As., 1995), Ediciones San Pablo.
“También las distintas técnicas de reproducción
artificial, que parecerían puestas al servicio de la vida y que son practicadas
no pocas veces con esta intención, en realidad dan pie a nuevos atentados
contra la vida. Más allá del hecho de que son moralmente inaceptables desde el
momento que separan la procreación del contexto integralmente humano del acto
conyugal, estas técnicas registran altos porcentajes de fracaso” (EV nº 14)
Con la autorización de: www.encuentra.com
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